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CRÓNICA

Duro alegato contra la crisis de los refugiados

'Greensgeval', de Guy Cassiers y la Nobel Elfriede Jelinek, recibe una tibia acogida en el Temporada Alta a pesar de su ambiciosa factura escénica

César López Rosell

El montaje de Cassiers y Jelinek en el Temporada Alta. 

El montaje de Cassiers y Jelinek en el Temporada Alta.  / ACN / KURT VAN DER ELST

Era una de las citas más esperadas de Temporada Alta por la ambición de una propuesta que llevaba la firma de dos de los nombres más relevantes de la cultura europea: el dramaturgo belga Guy Cassiers y la Nobel austriaca Elfriede Jelinek. Ambos decidieron unir fuerzas para levantar un espectáculo que pusiera sobre las tablas la hipócrita actitud de Europa en el tema de los refugiados. La inacción ante el problema por parte de los estados y de una sociedad cínica y racista late en el fondo de 'Greensgeval' (El caso de la frontera), montaje multidisciplinar inspirado en 'Las suplicantes' de Esquilo que recibió una tibia acogida en el Municipal de Girona, en el que era su estreno en España.

La buena factura de las cinco producciones que Cassiers había presentado desde el 2010 en la muestra hacía que se esperaran mejores resultados. El impacto que dejó, en el 2016, la adaptación de ‘Las benévolas’ de Jonathan Littell pesaba en el ambiente antes del inicio de la función. Desde hace tres años, alarmada por la facilidad con la que oculta esta situación, Jelinek cuelga en un blog sus reflexiones sobre lo que sucede en el Mediterráneo y el rechazo de Europa a las oleadas de migrantes. La autora de 'El pianista' pone el grito en el cielo cuando el populismo invierte los términos del problema para hablar de los refugiados como una amenaza para una comunidad que está siendo invadida.

Cinco actores y 16 bailarines

Esos duros textos incitaron al director de Amberes a edificar esta producción, en la que mezcla el teatro, la danza y las proyecciones audiovisuales, con cinco actores en escena y 16 bailarines. El buen empleo de algunos de estos recursos, entre los que destacan los vídeos que recogen las inquietantes atmósferas pictóricas de El Bosco y las imágenes de los telediarios, no acaba de conseguir que la tragedia fluya con naturalidad.

La primera parte del montaje muestra a los refugiados cuando emprenden la travesía, con los bailarines reproduciendo con sus movimientos el agobio de las pateras mientras los actores miran con fría indiferencia desde el continente. La confrontación con la realidad del recibimiento de una Europa que no quiere compartir territorio con ellos se refleja en una segunda escena, más colorista y con imágenes más febriles y agresivas, mientras que la última, más oscura, refleja el aislamiento de los recién llegados a la espera de un destino incierto. Cassiers quiere que el espectador se implique en la reflexión sobre el tema con una puesta de escena ausente de metáforas y que, pese a su trabajado imaginario estético, no siempre acaba de conectar con las emociones.

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