04 jul 2020

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EL ANFITEATRO

Ampliando el repertorio de 'lied'

Ketevan Kemoklidze presentó canciones de compositores georgianos junto a obras del repertorio ruso en el festival LIFE Victoria

Rosa Massagué

La mesosoprano Ketevan Kemoklidze, acompañada al piano por Marco Evangelisti, durante su actuación en el recital del festival LIFE Victoria Barcelona, en el capilla de Santa Águeda, el 27 de octubre.  

La mesosoprano Ketevan Kemoklidze, acompañada al piano por Marco Evangelisti, durante su actuación en el recital del festival LIFE Victoria Barcelona, en el capilla de Santa Águeda, el 27 de octubre.   / XAVIER LONCA / SLAT TEAM

El ‘lied’ es ese género musical que tiene su hábitat en un ambiente íntimo y su repertorio se centra en el romanticismo alemán. Ambos enunciados son verdad, pero no toda la verdad. Lo demostró la mesosoprano Ketevan Kemoklidze en el recital que ofreció en la iglesia de santa Ágata dentro del festival LIFE Victoria Barcelona, acompañada al piano por Marco Evangelisti.

La gran potencia vocal de la cantante georgiana probaba que el ‘lied’ no es necesariamente un arte de salón pese a los puristas. Puede tener también su versión más operática. En el Liceu la hemos visto cantando el papel de Emilia (‘Otello’) y el de Maddalena (‘Rigoletto’). En cuanto al programa de su recital, salvo tres breves incursiones iniciales en Beethoven, Schumann y Brahms, Kemoklidze interpretó a los rusos Glinka, Chaikovski y Rachmaninof, y presentó canciones de dos compositores georgianos totalmente desconocidos entre nosotros. Ampliar el repertorio de la canción lírica siempre es de agradecer.

Alexander Machavariani (1913-1995) y Otar Taktakishvili (1924-1989), ambos con un amplio repertorio y en especial con numerosas óperas y piezas para la escena y el cine, son dos claros ejemplos de la vida musical bajo la Unión Soviética. El primero pasó de estar a punto de acabar sus días en Siberia a recibir los máximos honores comunistas. El segundo, siendo aún estudiante, compuso el himno de la republica comunista de Georgia. También recibió altos galardones del régimen, pero al final de su carrera compuso música religiosa.

Las canciones de estos compositores que la mesosoprano interpretó son piezas de un gran ritmo interior que, sin ser folklóricas, remiten a la música popular del Cáucaso. Resultaron una excelente sorpresa por su belleza y calidad musical, aunque dado el escaso conocimiento que de ambos compositores existe no fue posible disponer de una traducción de los textos de los poemas. Kemoklidze acabó su recital interpretando ‘Cinco canciones negras’, de Xavier Montsalvatge. En un primer bis ofreció ‘Canticel’, de Eduard Toldrà, en una gran demostración de sensibilidad. Un segundo bis remitía a la vertiente más operística de la mesosoprano interpretando la seguidilla ‘Près des remparts de Seville’, de la ópera ‘Carmen’.

Si la buena noticia del recital era haber podido disfrutar de la voz y del poderío escénico de la cantante, y el habernos descubierto a dos autores desconocidos, la mala noticia es que el lugar, la capilla de santa Ágata, no es el más adecuado para un recital. La belleza de aquella iglesia histórica es indiscutible, pero la acústica es difícil de domeñar lo que no favoreció a la cantante.

Otro tanto ocurrió con la joven soprano Anna Niebla, quien, como ya es tradición en el LIFE Victoria actuó como ‘telonera’, dentro del programa New Artists. Su voz también es de una gran potencia y, con menos experiencia que Kemoklidza, tuvo mayores dificultades para regularla ante la ingrata acústica del lugar. Acompañada al piano por Eric Ledesma, interpretó cuatro canciones del ciclo ‘Cantilena’ compuesto por Jordi Sabatés sobre poemas de Josep Sebastià Pons, un ciclo que había estrenado y grabado la soprano Carmen Bustamante.

Siguió con canciones de Chaikovski y Rachmaninof enlazando así con el programa que a continuación interpretaría la mesosoprano georgiana. Las últimas notas que Niebla cantó se mezclaron con el ruido de una traca. El recital tuvo lugar el 27 de octubre, el día en que el Parlament había declarado la independencia y en la plaza del Rei había mucho barullo que se colaba por las paredes medievales de la capilla.