ESTRENO EN EL LLIURE

Obaba y su mundo mágico

Calixto Bieito firma una sugestiva versión teatral, con un magnífico elenco, de la gran novela de Bernardo Atxaga

’Obabakoak’ 8El montaje que dirige Calixto Bieito, durante una representación en el teatro Arriaga de Bilbao, la pasada semana.

’Obabakoak’ 8El montaje que dirige Calixto Bieito, durante una representación en el teatro Arriaga de Bilbao, la pasada semana. / E. MORENO ESQUIBEL

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José Carlos Sorribes
José Carlos Sorribes

Periodista

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De grandes creadores hay que esperar siempre las apuestas más arriesgadas. No se trata de descubrir a Calixto Bieito, pero sí de valorar y su decisión de enfrentarse a una novela totémica como 'Obabakoak' (1988). La obra cumbre de Bernardo Atxaga y de la narrativa en euskera ha supuesto su entrada como director artístico del Teatro Arriaga de Bilbao, y la ha presentado el Lliure en su gran escenario de Montjuïc esta semana. Bieito resuelve la papeleta con las señas de identidad que le han convertido en un artista escénico de primerísimo nivel europeo.

La traslación teatral de 'Obabakoak' mama del espíritu de la novela, que recrea un mundo mágico en un entorno vasco imaginario que se ha llegado a comparar con el Macondo de García Márquez. Bieto teje un mosaico de escenas, a partir de los relatos que pueblan la novela, en una sobria puesta, aunque no falten micros y proyecciones de vídeo. Riesgo, poesía visual, atmósfera y respeto al texto de Atxaga se citan en una propuesta caudalosa, nada costumbrista ni naturalista, que puede llegar a fatigar (en un final algo premioso respecto a escenas previas), pero que atrapa por la indiscutible sensación de asistir a una obra mayor. Entre tantas posiciones teatrales acomodaticias recompensa contemplar el genio tan personal del director de Miranda de Ebro, muy caro de ver por aquí en los últimos tiempos. 

El peso inevitable de la oralidad

La inmersión teatral en Obabakoak tiene el inconveniente de que ser un trago algo severo para quienes no conozcan la novela ni la película de Montxo Armendáriz. O que no se dejen arrastrar por el viaje que propone Bieto. Tampoco ayudan la sensación de estatismo por el peso inevitable de la oralidad y tener que leer el sobretitulado, en dos pantallas iguales a ambos lados del escenario. La ubicación no parece la ideal y puede llegar a alejar la mirada de la escena. Todo queda compensado, sin embargo, con la musicalidad del euskera a cargo de un magnífico elenco.

El aclamado director saca lo mejor de una magnífico elenco con 11 intérpretes en una propuesta que decae al final

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Este es otro de los puntos a favor de la propuesta. Porque Bieito saca lo mejor de cada uno de los 11 intérpretes. Por citar tres nombres, Joseba Apaolaza, de alguna forma el protagonista del montaje, Ylenia Baglietto y Miren Gaztañaga destapan una capacidad interpretativa majestuosa. Son vascos, sí, pero parecen salidos de las grandes escuelas teatrales europeas. Mayores y jóvenes, todos tienen su momento.

El Lliure recibió con aplausos cerrados la presentación de un montaje que tendrá su versión en castellano. Cierto es que también hubo deserciones porque no es una obra fácil. Pero que tiene grandes momentos con esas bicicletas que ruedan por el escenario, tan propias de la época de la infancia y tan vascas, o con relatos como el del padre y las cartas imaginarias del primer amor de si hijo, el del niño-jabalí o el de la maestra solitaria que veía pasar el tren. Y es que los lagartos pueden entrar por el oído y dañar el cerebro. O eso cuentan en Obaba.