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CRÓNICA DE CONCIERTO

La Diana Krall más emotiva

La cantante y pianista canadiense inauguró en el Fòrum el 49 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

Roger Roca

Diana Krall, en el Auditori del Fòrum.

Diana Krall, en el Auditori del Fòrum. / FERRAN SENDRA

Diana Krall es de fiar. De un concierto suyo cabe esperar profesionalidad, elegancia y canciones impecables, elegidas con tino para que luzca esa voz a ahumado que la ha alzado como la estrella de jazz más popular de los últimos 20 años. Cuando sube al escenario, Krall parece tenerlo todo siempre bajo control. Incluso las emociones. No hay margen de error ni de sorpresa. Pero el martes, mientras agradecía la invitación a inaugurar un festival en el que ha actuado cinco veces desde que debutó en 1996, tuvo que echar mano de un pañuelo. Desde la platea era imposible saber si se secaba una lágrima o se peleaba con los efectos del catarro que arrastraba. ¿Estaba realmente conmovida?

Por cómo fue la noche, por lo menos lo parecía. Y el del Auditori era el último concierto de una larga gira por EEUU y Europa en la que ella y su impecable quinteto presentaban 'Turn up the quiet', un disco que es Diana Krall en estado puro: contención, pulcritud, tiempos lentos y clásicos infalibles. Así que sí, quizá estaba realmente emocionada, y quizá por eso dio el concierto más emotivo que se le recuerda en la ciudad.

Velada romántica

Empezó por los estándares, para cantarle, dijo, "al amor". Lo hubiéramos adivinado igualmente: 'Night and day' al compás de la bossanova, 'L.O.V.E.', 'Isn’t it romantic?'… La banda funcionaba como una seda y el ambiente a velada romántica ya estaba logrado, a pesar de las desconcertantes imágenes de aroma 'new age' que enmarcaban al grupo en una gran pantalla. La noche cogió velocidad con 'On the sunny side of the street', una canción que canta gracias a una cantante más bien desconocida, Ernestine Andersen, según confesó en una de las pocas explicaciones que dio durante la noche. Krall, hay que reconocérselo, ha sido siempre muy honesta y agradecida con sus mentores y los artistas que la han inspirado.

Y tras ese paseo por el lado alegre de la vida, el tramo más conmovedor de la noche: dos canciones de Tom Waits y una de Bob Dylan en las que Krall volcó todo el poder de seducción de su voz arrastrada y rugosa. Canciones sobre el deseo, la muerte y los amores perdidos que sonaron igual de pulcras que los estándares pero bastante más vivas, más urgentes. Krall volvió a los clásicos, pero para entonces ya se la veía en otro lugar, más intensa, sensual en las canciones que lo pedían, como 'Sway', que puso el punto final a la gira y al 'tete a tete' más íntimo que Barcelona haya tenido jamás con Diana Krall, la estrella distante que esa noche fue más cercana