EL FESTIVAL DE VENECIA

Paul Schrader no está acabado

El director presenta su candidatura al León de Oro con 'First reformed', una de sus mejores películas

Pau Schrader, en Venecia.

Pau Schrader, en Venecia. / ALESSANDRO BIANCHI

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Considerando el bache creativo en el que ha permanecido durante década y media -y que llegó a honduras especialmente alarmantes con 'The Canyons' (2013)-, casi habíamos caído en la tentación de dar a Paul Schrader por artísticamente acabado. Afortunadamente 'First Reformed', con la que el director y guionista ha presentado hoy su candidatura al León de Oro, nos ha quitado la idea de la cabeza. Se trata de una película absolutamente feroz, llena de rabia y dolor y pasión, y de una angustia emocional que nos sume en el mismo estado de tormento que azota a su protagonista: un sacerdote torturado por sus propios demonios -magnífico Ethan Hawke- que,  al entrar en contacto con un feligrés obsesionado con la destrucción del planeta y azotado por tendencias suicidas, se sumerge más y más en la autodestrucción.

Aunque plantea reflexiones sobre asuntos como el calentamiento global, la religión organizada, la ineficacia de la protesta política y los peligros de la radicalización, por encima de todo 'First Reformed' es otro de los estudios sobre la desesperación espiritual y la soledad que han constituido los mejores momentos de la carrera de Schrader desde que en 1976 diera a conocerse con el guion de 'Taxi Driver'. Echando mano de algunos de sus cineastas de cabecera -Robert Bresson y Carl T. Dreyer, sobre todo-, el director nos ofrece una obra que durante la práctica totalidad de su metraje reprime su ira de forma casi dolorosa. Puede que la concesión al exceso de sus escenas finales resulte innecesaria, pero eso no cambia nada: es una de sus mejores películas.

La adaptación de 'Zama'

También fuera de la competición ha vivido la Mostra un regreso: el de Lucrecia Martel, que durante la pasada década necesitó solo tres películas para confirmarse como una figura esencial del cine contemporáneo y que después, de forma inesperada, pareció borrarse del mapa.

Lucrecia Martel regresa con 'Zama', dos horas de ritmo narrativo comatoso y experimentos visuales

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Durante la ausencia la argentina no solo no ha perdido su vocación intrépida, sino que la ha multiplicado exponencialmente. 'Zama' hace que su anterior película, 'La mujer sin cabeza' (2008) parezca Nicholas Sparks. Financiada por nada menos que 16 productores entre los que figuran los hermanos Almodóvar, es la ambiciosa adaptación de la novela homónima de Antonio di Benedetto, ambientada al final del siglo XVIII en la Sudamérica colonial. Mientras acompaña a un funcionario del imperio español que pierde a la cabeza mientras espera un traslado, la película parece tratar de volver loco también al espectador.

En pocas palabras, Zama son dos horas de metraje de ritmo narrativo comatoso, experimentos visuales, diálogos que no tienen que ver con nada y varias especies de animales a los que no vemos pero cuyos ruidos oímos constantemente. Incluso los cinéfilos más curados de espantos se sentirán desconcertados ante ella, y está bien que así sea: el cine necesita más autores insobornables como Martel.