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MIRADOR

George A. Romero, el creador tranquilo

Nunca hizo ruido por sí mismo, pero sus obras cambiaron para siempre la faz de un género como el terror

Ángel Sala

George A. Romero, fotografiado en el 2008.

George A. Romero, fotografiado en el 2008. / AP / AMY SANCETTA

El fallecido George A. Romero pasara a la historia por ser el creador de la mítica 'La noche de los muertos vivientes' (1968) aunque yo descubrí antes su secuela 'Zombi (El regreso de los muertos vivientes)' (1978) siendo aún hoy una de las películas que más me han aterrado en mi vida. Desde que la vi por primera vez, en un lejano invierno de 1979 bajo la amenazante clasificación S, pesadillas recurrentes y basadas en sus imágenes me han asaltado sin descanso (la última hace solo unos días) y aún hoy me cuesta ver momentos como el del ascensor del centro comercial o el aspecto de aquel Hare Krishna zombificado.

Romero impregnó esta secuela de horror definitivo con el 'gore' nihilista de Tom Savini y la música cacofónica de Goblin (en su versión europea) definiendo para siempre la iconografía del subgénero, con reglas inviolables y bases para toda una cultura zombi dispuesta a repetirse y mutar sin descanso hasta los días de 'Resident evil' o 'The walking dead'. Así, Romero destiló el 'angst' contemporáneo, advertiendo sobre nuestra propia identidad involuntaria de muertos vivientes, una teoría que multiplicó en la brillante 'El día de los muertos' (1985) que condenaba a la humanidad a las catacumbas, aunque en los felices 80 de Reagan nadie le hizo caso y prefirieron reírse de los cadaveres vivientes con 'El regreso de los muertos vivientes' (Dan O'Bannon, 1985) o 'Re-Animator' (Stuart Gordon, 1985).

Un fotograma de 'Zombi (El regreso de los muertos vivientes)'.

Los zombis devoraron el cine de Romero y le fue difícil demostrar que era un perfecto cronista de la cultura 'pulp' y la narrativa del horror, aunque con el tiempo joyas como 'Martin' (1978) o 'Creepshow' (1982) han sido reivindicadas y aplaudidas por revisionistas y completistas. Romero incluso se atrevió a reescribir su visión lenta y pesimista del muerto viviente en plenos tiempos de infectados que corrían de forma vertiginosa o celebraciones de 'zombie walks' festivas y carnavalescas.

Sus últimas tres peliculas de zombis advertían del capitalismo superviviente y radical en la brillante 'La tierra de los muertos vivientes' (2005), la dictadura de los nuevos medios de comunicación en 'Diario de los muertos' (2007) para firmar un intimista y rural epílogo al apocalipsis zombi en 'La resistencia de los muertos' (2010). Así, con estos cinco episodios Romero diseñaba la saga sobre la involucion humana más radical desde la ahora regenerada distopia de 'El planeta de los simios'.

Fotograma de 'La resistencia de los muertos'.

Genio humilde, director sobrio y ser humano inmenso. Así era George A. Romero, para mí ese director que me provocó un trauma generacional y un miedo atávico a los centros comerciales. Pero también ese amigo instantáneo que tuve la suerte de conocer una noche de verano en el Comic Con de San Diego y que se quedo fascinado por una americana algo chillona que yo vestía aquel día. Fue una noche de humor, conversación entre mucho humo y marcada por esa mirada enmarcada en gafas enormes que encerraban sabiduría. Romero es de esos directores decisivos en la historia que nunca hicieron ruido por sí mismos sino que la contundencia de sus obras ha roto esquemas y ha cambiado para siempre la faz de un género como el de terror.

Dicen que murió escuchando la banda sonora de 'El hombre tranquilo'... Romero era ese tipo de persona, de las que trasmiten una paz interior y una empatía externa poco habitual en el negocio del cine al que siempre fue ajeno. Pero escuchándole y comprendiendo su cine,  Romero se convierte no sólo un gran icono visual sino un cronista privilegiado y profético de nuestra actual 'Tierra de los muertos vivientes' y es que siempre nos dijo que los zombis éramos nosotros, caminando por lugares feistas y agresivos, condenados a un búnquer o un sótano donde perder la condición humana.


Ángel Sala es director del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya

Temas: Cine