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Francesc Todó y su poética de los objetos

El Espai Volart recorre la trayectoria del recientemente desaparecido pintor

Natàlia Farré

Estació de servei (1960),  de Francesc Todó.

Estació de servei (1960),  de Francesc Todó.

Francesc Todó (1922-2016) fue uno de los exponentes más importantes de la vanguardia figurativa catalana de la segunda mitad del siglo XX. Su momento de gloria lo tuvo en los 60, cuando se erigió como alternativa al dominante informalismo abstracto con sus máquinas entre absurdas, irónicas y juguetonas que bebían de Klee, Calder, Picabia, Steinberg Torres García, y lo catapultaron a la fama. Fue entonces cuando realizó el mural para la Mútua Metal·lúrgica (1959) y la escenografía para el Liceu de la ópera 'Una voce in off' de Xavier Montsalvatge (1962). Y fue también cuando 14 poetas le dedicaron versos en 'Homenaje a Todó' (1961) y  Manuel Valls lo honró en el Palau con 'Els artefactes Todó' (1962). Con todo, su obra no es fácil de ver, no luce en las instituciones públicas, pero sí lo hace, hasta el 26 de marzo, en el Espai Volart de la Fundació Vila Casas.

El espacio también exhibe  los retratos "mercenarios" de Gonzalo Goytisolo y la espiritualidad de Sergi Barnils

En 'Una música de cambra', Àlex Susanna, comisario de la exposición, reúne "la quintaesencia de la obra de Todó a través de un recorrido que abraza 60 años de trayectoria, desde los primeros cuadros maquinistas hasta los más recientes, a través de una selección de 43 obras", explica. Una exposición que debía ser un homenaje en vida y que ha acabado siendo un homenaje póstumo tras la muerte del artista el pasado mes de noviembre. Pero en la que colaboró tanto en la elección de las obras como en el planteamiento: la poética de los objetos como hilo conductor. Porque si bien el trabajo de Todó empezó con las máquinas y acabó con una nueva formulación del bodegón, lo suyo siempre fueron los objetos, llámense máquinas, jarrones o piezas de fruta a los que sacó corporeidad para llenarlos de ligereza.  

Lo hizo primero releyendo el cubismo y luego utilizando recursos como las transparencias, los silueteados blancos, las líneas de fuga, los puntos de luz... hasta conseguir "cuadros que son como partituras compositivas y cromáticas, es decir, sus lienzos tienen una connotación musical porque están concebidos como una partitura", aclara Susanna. De ahí el título de la muestra.

ABSTRACCIÓN Y FIGURACIÓN

Pero Todó no está solo en la Volart, comparte espacio con otros dos artistas cuyas creaciones no podrían ser más dispares entre sí. A la poética de Todó le acompañan los "mercenarios" retratos, por aquello que son de encargo, de Gonzalo Goytisolo y la abstracción de inspiración bíblica de Sergi Barnils. El primero muestra lo que él llama su trabajo "secreto", esas telas que como lucen en casas privadas o instituciones nunca se ven. Los hay hechos de individuos y de familias enteras, de personajes desconocidos y de figuras de la política o la economía.  Mucho "más espiritual, que no religioso", aclara el artista, es el trabajo de Barnils que a partir de una caligrafía muy propia y sentida pretende "atrapar al espectador y llevarlo a las regiones del espíritu". 

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