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LA GRAN CITA DEL HEAVY

Galones en el Rock Fest Barcelona con Whitesnake y Anthrax

Las dos bandas exhibieron su veteranía en la jornada final de Can Zam

Jordi Bianciotto

Otra poderosa ración de veteranos de guerra, este domingo en la jornada final del Rock Fest Barcelona. Grupos con muchos galones, como Anthrax y Whitesnake, que mantuvieron la tensión en un parque de Can Zam de nuevo tomado por las multitudes, aunque algo menos que el sábado con Iron Maiden. Menús que cubrieron un variado espectro metálico, del hard rock al thrash.

Anthrax vino con un nuevo disco, For all kings, algo más que decorativo, en el que confió para abrir el set (You gotta believe) y que no perdió de vista en su concentrado de esencias thrash facción neoyorkina, con sus violentas aceleraciones. Y los supersónicos solos de guitarra del último fichaje, Jonathan Donais, que hizo buenas migas con el veterano Scott Ian. No es una banda de la que quepa esperar la próxima revolución musical, pero suele estar a la altura de su exigente leyenda, y así fue en Can Zam, donde acudió a artefactos tan desestabilizadores como Caught in a mosh, Madhouse y sus celebradas versiones de Joe Jackson (Got the time) y el grupo francés Trust (Antisocial), con poderío vocal de Joey Belladonna.

Can Zam se convirtió luego en territorio tomado, dicho sea con toda la simpatía, por los bárbaros del norte. «Bienvenidos a la fiesta vikinga», saludó Johan Hegg, del grupo sueco Amon Amarth. Un barco guerrero encarado al público (en cuya popa se situó la batería) y andanadas de thrash gutural con arrebatos speed en piezas tan simpáticas como Death in fire o Guardians of Asgaard.

Irrumpió luego la banda que dice llamarse Thin Lizzy, con Scott Gorham (guitarra) y Darren Wharton (teclados) como supervivientes y Ricky Warwick (The Almighty) en la loca misión de evocar, homenajear y, en fin, imitar al llorado Phil Lynott. Dio el pego en un repertorio con vistas a los 70: de Jailbreak The boys are back in town pasando por Dancing in the moonlight y Cowboy song. Guitarras dobladas con clímax en Black rose, de sus días con Gary Moore. Titánica base rítmica: la batería con doble bombo de Scott Travis, de Judas Priest.

FACTOR MALABAR

Whitesnake dejó de lado The purple album, su último disco, en el que David Coverdale recordaba sus inicios en Deep Purple, para centrarse en sus hitos propios. El líder, que lleva años con la voz muy castigada, se asentó en los tonos graves y se dejó arropar por los coros en un set que, a partir de Bad boys, levantó el vuelo con Slide it inLove ain't no stranger y Fool for your loving. Mucho solo malabar, quizá para que Coverdale dejara reposar sus cuerdas vocales. Tommy Aldridge, histórico batería, tuvo su momento de foco tras la dramática Crying in the rain, que encarriló un tramo final consagrado al popular disco 1987 con Is this love, Give me all your love, Here I go again y la zeppeliniana Still of the night. Los hits con los que, hace casi 30 años, Coverdale logró quitarse de encima la etiqueta de excantante de Deep Purple.

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