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MUESTRA

¿Qué enigma esconde esta foto?

Foto Colectania expone imágenes sorprendentes, muchas anónimas y del siglo XIX y primera mitad del XX, recolectadas por el historiador Michel Frizot en mercadillos y ferias

Anna Abella

Modelo para artistas realizada en 1895 por los fotógrafos alemanes Max Koch y Otto Rieth, recogida por Michel Frizot en la exposición de Foto Colectania Toda fotografía es un enigma. 

Modelo para artistas realizada en 1895 por los fotógrafos alemanes Max Koch y Otto Rieth, recogida por Michel Frizot en la exposición de Foto Colectania Toda fotografía es un enigma. 

En un gesto que parece sacado de ‘El grito’ de Munch y mirando directamente a la cámara, un hombre trajeado al estilo de los años 20, aparece ante una rotunda reja. “Es una foto aparecida en prensa y el pie nos dice que era el gobernador del Estado de Alabama en 1926 al que la policía acaba de enviar a prisión porque en plena época de la ley seca de Estados Unidos le han pillado en un barco con un montón de whisky. Pero eso no explica el resto del enigma. ¿Por qué grita de esa manera al fotógrafo? ¿Por qué hace ese gesto desaforado? ¿Por qué el fotógrafo escogió ese momento para la foto”. Se lo pregunta, como cualquier otro espectador al que se le dispara la imaginación ante esa imagen, Michel Frizot, reconocido historiador, teórico de la fotografía y comisario de la exposición ‘Toda fotografía es un enigma’, que puede verse hasta el 21 de mayo en Foto Colectania.

"RECOLECCIÓN" EN MERCADILLOS Y FERIAS

Frizot reúne en la muestra 129 de las numerosas fotografías que desde los años 70 ha venido “recolectando” en mercadillos y ferias, la mayoría anónimas, algunas de archivos de prensa, postales o fotomatones. “Todo lo que a los otros no les gusta coleccionar”, comenta con una sonrisa. Se ha dejado llevar, admite, por “el aspecto inédito, el autor desconocido” y fotos que le “asombraron y sorprendieron” porque plantean “enigmas que quieren seguir siendo enigmas”, “interrogantes, cosas de una naturaleza no resuelta que abren la imaginación e interpretación del observador”.

Una exposición que requiere la atención y la complicidad del visitante, que debe pensar en el contexto en que se tomaron, el porqué, o en qué hay más allá de, por ejemplo, un gran tigre inerte; un desnudo femenino de 1910, cuya cara es irreconocible pues el negativo fue rayado estratégicamente; un inquietante montaje de 1909 de un niño dormido sobre el que se yergue una enorme calavera de cuyas cuencas vacías surgen las inocentes caras de otros dos infantes; una panorámica de 1870 de las tumbas de los califas de El Cairo; niños jugando de noche con bengalas en 1965 ante los restos de la tristemente famosa Cúpula de Genbaku de Hiroshima; o una imagen de 1863 de dos personas mirando dos cuerpos humanos momificados rescatados de las ruinas de Pompeya.

Esta última imagen pertenece a un apartado de la exposición que, a través de unas gafas 3D permite ver en relieve fotografías estereoscópicas, una técnica que se remonta a 1850, a los inicios de la fotografía, y que permite ver las imágenes en tres dimensiones

EL ASESINO

“Con esta exposición demuestro que una foto no es tan evidente, que no es solo la representación de algo que nos da el fotógrafo, sino que depende del ojo del espectador que lo interpreta porque el enigma surge de la distancia entre la percepción del ojo humano y la captura fotosensible de la cámara”, comenta Frizot, para añadir que también quería “restituir y presentar por primera vez estas imágenes al mundo” haciendo reflexionar al espectador sobre “cómo miramos” e invitarle a “mirar de nuevo”. Para ello, por ejemplo, una imagen aparentemente idílica de una pareja sonriente: él la coge a ella por detrás y ella recoge el abrazo. Sin embargo, el pie de la foto, aparecida en ‘Le Petit Parisien’, reza que él mató a su mujer porque lo había expulsado de casa. Era 1938. 

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