CRÍTICA

'Macbeth': entre la sangre y el barro

Tráiler de ’Macbeth’

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Macbeth ★★★★

Dirección: Justin KurzelCon: Michael Fassbender, Marion Cotillard, Sean Harris, Paddy ConsidineTítulo original: 'Macbeth'País: Gran Bretaña / Francia / Estados UnidosDuración: 113 minutosAño: 2015Género: DramaEstreno: 25 de diciembre del 2015

Desde el 'Macbeth' que Polanski dirigió en 1971 ha habido nuevas versiones fílmicas del texto de Shakespeare, pero ninguna de la que realmente oyéramos hablar. Y es curioso: la historia de cómo un noble escocés comete regicidio después de que un grupo de brujas predigan su ascenso al trono, y de cómo la sed de poder y el fanatismo lo empujan al abismo de la locura, es la más corta y musculosa de las tragedias del británico y, por tanto, la más proclive al tratamiento fílmico.

Para dotar el relato de una nueva identidad, el australiano Justin Kurzel ha tomado varias decisiones. Por un lado, ha eliminado toda pomposidad teatral: sus personajes hablan de forma lacónica y casi entre envenenados susurros. Por otro, ha creado un contexto racional –la muerte de un hijo– para los terribles actos de sus protagonistas. Ambas decisiones aportan realismo y lógica, pero tienen sus contrapartidas: eliminar la afectación menoscaba la grandiosidad de los diálogos, y humanizar a los personajes hace que su sombra sea menos alargada.

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Quizá con el fin de compensar, Kurzel intenta que todas y cada una de las escenas tengan una significancia masiva, de modo que la película carece de ascensos y descensos dramáticos. La atmósfera permanence invariable de principio a fin. Ahora bien, qué atmósfera. La tupida niebla de las Highlands, los cielos amarillos, las ráfagas de nieve y ceniza, el barro que en realidad es el gran vencedor de las batallas y, cómo no, la sangre --estamos ante la más oscura y brutal versión de la más oscura y brutal de las obras de Shakespeare– componen un paisaje que exuda temor, y tristeza, y confusión, y una terrible belleza. Tan cargado está el ambiente que la película llega a vivirse como una pesadilla, una en la que nos sentimos cada vez más asfixiados y de la que no podemos despertar.