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FESTIVAL

Cine en serio con presupuestos de risa

El ciclo Low Cost muestra el trabajo de los nuevos cineastas que asumen la precariedad como seña autoral

La cuarta edición del festival recupera el primer cortometraje de Gonzalo Suárez, 'Ditirambo vela por nosotros'

Rafael Tapounet

Una imagen de la película Berserker, de Pablo Hernando.

Una imagen de la película Berserker, de Pablo Hernando. / GONZOPIP

"Épocas extrañas requieren películas extremas". La frase que el director Juan Cavestany acuñó como lema promocional del largometraje ‘Dispongo de barcos’ (2010) bien podría servir para publicitar el festival de Cine Low Cost de Barcelona, que el miércoles celebra su cuarta edición en el Centre d’Arts Santa Mònica; un ciclo de proyecciones, debates y actuaciones concebido como escaparate en el que mostrar el trabajo de un cada vez más numeroso colectivo de cineastas españoles que, a la fuerza o por vocación, han asumido la precariedad como seña autoral y, en una época de cambios tecnológicos y recesión estructural, han decidido tomarse muy en serio el trabajo de hacer películas con presupuestos de risa.

El caso de la citada ‘Dispongo de barcos’ es paradigmático. Después de ver cómo su anterior película, ‘Gente de mala calidad’ (2008), con un presupuesto de 2,5 millones de euros, naufragaba comercialmente en un océano de indiferencia, Cavestany consideró que había llegado el momento de girar el timón y buscar el modo de hacer cine al margen de la industria. "Para fracasar, ya fracaso yo solo, sin intermediarios", se dijo. De ese nuevo empeño de francotirador surgió ‘Dispongo de barcos’, una "comedia de acción mental" rodada con una HandyCam digital, a la que han seguido ‘El señor’ (2012) y ‘Gente en sitios’ (2013). Películas extremas para una época extraña.

VIDEOJUEGOS, FACEBOOK, YOUTUBE

"’Dispongo de barcos’ es una de las películas que lo activaron todo", afirma la periodista Desirée de Fez, corresponsable, junto al también periodista Miqui Otero, del ciclo Cine Low Cost. Y cuando dice "todo" se refiere a esa nueva hornada de directores armados con cámaras digitales, móviles y ordenadores que apuestan no solo por nuevos modos de producción, sino también por nuevos lenguajes (integrando con naturalidad elementos del audiovisual contemporáneo como videojuegos, perfiles de Facebook o vídeos de YouTube) y por nuevos canales de exhibición (preferentemente ‘online’).

Y todo ello en un contexto socioeconómico en el que la precariedad es la norma, realidad que tiene también su reflejo en estas películas. "’Dispongo…’ es cine social puro y duro, y el retrato que hace de la España actual es alucinante", subraya De Fez. "En muchas obras suele haber una distancia humorística, pero el fondo es muy desesperado", apunta Miqui Otero, que cita como ejemplo el caso de ‘Berserker’, de Pablo Hernando, cuyo protagonista –"un detective arruinado, como los de Eduardo Mendoza o Richard Brautigan"- solo come patatas “porque las puede cocinar de diversas maneras sin tener que añadirles ningún otro ingrediente".

LA ESCOBA DE LA VECINA

Junto a la cinta de Cavestany, el otro gran referente del cine precario es ‘Diamond Flash’ (2010), primer largometraje de Carlos Vermut. Una película de superhéroes rodada en el piso del director (la vecina de abajo daba golpes con la escoba para quejarse del ruido), en un hotel cercano y en las calles del madrileño barrio de Arganzuela. Costó poco más de 20.000 euros (para ponerlos en perspectiva: el presupuesto de una película ‘pequeña’ como ‘Loreak’ supera los 1,5 millones) y permitió a Vermut dar el salto a uno de los peldaños más bajos de la industria. Desde esa modestísima posición rodó ‘Magical girl’, una producción de medio millón de euros, con el resultado conocido: premios a la mejor película y al mejor director en el festival de San Sebastián y siete candidaturas en los Goya (con una estatuilla a la mejor actriz para Bárbara Lennie).

De Fez lamenta que en el cine español se pase “de películas chifladas de ‘low cost’” a producciones de 500.000 euros sin que haya un espacio intermedio. "No hay gente que produzca películas de 200.000 euros, porque se entiende que ese tipo de cine no da dinero". Y apunta dos vías, complementarias, de futuro: "Que cineastas de esta generación que han podido trabajar en la industria y a los que les ha ido bien se impliquen en la producción y que se normalice el sector de la exhibición en internet". Al fin y al cabo, insiste, lo que el festival Low Cost trata de demostrar no es que las cosas se pueden hacer sin dinero, sino que existe un talento capaz de expresarse sin dinero que, con un poco de apoyo, podría llegar mucho más allá.

La ya citada ‘Berserker’, que se hizo con un premio en el reciente Festival de Cine Europeo de Sevilla, es uno de los títulos estrella de la cuarta edición del Low Cost, que proyectará también ‘Chica Muerte vs Niño Cuchillo’, de Rubén Ajaú (alias Muerte Horrible), y ‘Julia de Castro, De la Puríssima: Anatomía de una criminal’, de Javier Giner, y recuperará el primer cortometraje de Gonzalo Suárez ‘Ditirambo vela por nosotros’ (1967), cine ‘low cost’ ‘avant la lettre’ (como no tenía dinero para sonorizar la película, Suárez la proyectaba en cine-clubs y él mismo iba explicando los diálogos ayudándose de un puntero). Las sesiones empiezan a las cinco de la tarde. El acceso, más 'low cost' imposible, es gratuito. 

Temas: Películas

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