UNA CRÓNICA FAMILIAR

Rafel Nadal da rienda a su querencia mediterránea

El periodista publica 'La maledicció dels Palmisano', ambientada en Italia

Rafel Nadal, en un céntrico hotel barcelonés.

Rafel Nadal, en un céntrico hotel barcelonés. / RICARD CUGAT

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ELENA HEVIA / BARCELONA

El descubrimiento de un monumento funerario de la primera guerra mundial en un pueblecito perdido de la Apulia italiana -para entendernos, el tacón de la bota de la península- fue el detonante de lo que ha acabado siendo La maledicció dels Palmisano (Columna / Destino), la primera incursión del periodista Rafel Nadal en un tipo de ficción que nada tiene que ver con su propia biografía.

Así, un mediodía de agosto con el termómetro a 39 grados, Nadal vio en esa estela que nada menos que 21 miembros de una misma familia, los Palmisano, habían dado su vida en la Gran Guerra. Junto a esa piedra, otro monumento daba cuenta de que en la segunda contienda mundial el destino se había cebado en otra familia, los Convertini. Imaginó una historia que uniera los dos apellidos, con amores, secretos e hijos cambiados al nacer y situó unas figuras imaginarias en un paisaje bello pero feroz, en los tiempos convulsos que van desde la primera guerra mundial a la segunda. Esa situación del individuo frente a la gran historia le sirve al escritor para reflexionar sobre los límites de la libertad personal cuando uno se encuentra en un bando de un conflicto. «No quería situarla en Catalunya porque aquí se corre el riesgo de que el lector tome partido por los personajes no en función de sus valores y sentimientos sino de sus simpatías políticas en el momento actual», explica el autor, que ha alimentado la trama con su muy acusada vocación mediterránea. «Era de justicia ambientarla en la Apulia, no solo porque descubrí allí la historia, sino porque en esa región se sienten maltratados por la historiografía. No tuvieron partisanos porque fueron liberados muy pronto, y fueron carne de cañón en las dos guerras».

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SECRETO

La maldició... proyecta luz a un episodio que Estados Unidos solo reconoció en los años 90: la tenencia de armas químicas en el puerto de Bari que se liberaron fatalmente a causa de un bombardeo alemán en diciembre de 1943. Sería un episodio que encarecería la película en la que parece pedir a gritos convertirse esta novela. «Es muy cinematográfica, lo reconozco», admite Nadal.

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