Jujol, el arquitecto secreto

El proyecto catalán para la Bienal de Venecia reivindica al reconocido pero poco conocido creador modernista

'Arquitectures empaltades' presenta al colaborador de Gaudí como ejemplo de unión entre la tradición y el futuro

La iglesia de Sant Francesc de Santpedor reconvertida en auditorio.

La iglesia de Sant Francesc de Santpedor reconvertida en auditorio. / JORDI SURROCA

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NATÀLIA FARRÉ / Barcelona

Josep Maria Jujol es "uno de los secretos más bien guardados de la arquitectura del siglo XX" a juicio de Àlex Susanna. "Quedan muy pocos arquitectos europeos tan originales, singulares e innovadores como él aún por ser descubiertos", prosigue el director del Institut Ramon LLull. Y dar la oportunidad al mundo para que conozca el arte del que fue colaborador de Gaudí es uno de los objetivos, aunque no el único ni el primero, de 'Arquitectures empeltades', la exposición que Catalunya llevará a la próxima Bienal de Arquitectura de Venecia, la 14ª edición, en la que es su segunda participación en la cita, del 7 de junio al 23 de noviembre.

La muestra coge como punto de partida uno de los trabajos más preciados de Jujol (1879-1949), la reforma de la Casa Bofarull, en Els Pallaresos (Tarragonès), para explicar la obra del arquitecto de Tarragona y algo muy propio de la tradición arquitectónica catalana: como es mirar hacia la tradición, para actualizarla y luego proyectarla hacia el futuro. O en palabras de Josep Torrents, comisario del proyecto, "estamos hablando de arquitectos que intervienen en lugares con preexistencias y cuyo trabajo genera un nuevo edificio que recoge y fusiona harmónicamente las características del que ya existía y de lo que es nuevo". De ahí que se hable de arquitectura 'empeltada' (injertada, en castellano).

En 1913, las hermanas Pepita y Dolors Bofarull encargaron a Jujol la reparación del tejado de la masía familiar, una construcción con raíces en el siglo XIV. El resultado final fue una colaboración de 20 años, la reforma de toda la casa y una bella muestra de modernismo (recientemente abierta al público), además de un modelo de arquitectura empeltada. De ejemplos de esta forma de trabajar en el ámbito catalán hay muchos y de todas las épocas, de hecho "no se trata de algo exclusivo" de aquí pero sí "difícil de encontrar en otros sitios", pero la Casa Bufarull tiene la particularidad que permite "reseguir muchos elementos característicos de la arquitectura catalana de los últimos 30 años", apunta Torrents. Y a este periodo remiten los otros ejemplos que exhibirá la muestra y que no llevan la firma de Jujol.

Intervenciones artísticas

 Habrá 15 proyectos más seleccionados que darán la posibilidad de explicar esta manera tan propia de trabajar, con un ojo en el pasado y otro en el futuro, desde diferentes generaciones de arquitectos (veteranos y jóvenes); desde diferentes tipologías (barrios enteros o pequeños edificios); y desde diferentes dimensiones (hectáreas y metros). Y repartidos por todo el territorio catalán, allí estarán la antigua iglesia de Sant Francesc de Santpedor reconvertida en auditorio, las viviendas levantadas entre dos paredes medianeras en Gelida y la plaza pública de Ripoll creada a partir de un antiguo teatro.

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De todos las construcciones se mostrará el proceso seguido desde el inicio hasta el fin a través de maquetas, fotografías y planos. Y de cuatro de ellas –la Casa Bofarull, el IES La Llauna de Badalona, el Teatre La Lira de Ripoll y el Espai del Túmul Dolmen de Artesa de Segre– se dará también una visión de lo que Torrents define como «los edificios como contenedores de vida». Ello significa que unas cámaras proyectarán imágenes en directo desde las construcciones escogidas a Venecia que mostrarán la vida cotidiana de los edificios y que cuatro pantallas reproducirán las intervenciones hechas desde las artes escénicas y desde la música (Sergi López, Carme Torrent e Iñaki Álvarez, Irene Estradé y Pep pascual) en las edificaciones expuestas.

El proyecto cuenta con un presupuesto de 478.00 euros aportados por el Institut Ramon Llull (248.000) y por el departamento de Territori i Sostenibilitat (230.000). Y pese a no formar parte de la exposición oficial comisariada por Rem Koolhaas, se inscribe en el discurso conceptual que el arquitecto holandés plantea y que no es otro que el de mirar a las tradiciones de cada territorio para aprender de ellas y huir así de la uniformidad arquitectónica.