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Exposición simultánea en dos grandes museos de la capital catalana

El arte contemporáneo conquista Barcelona

El Macba y CaixaFòrum abren la primera muestra conjunta con 400 obras de 125 artistas

ANNA ABELLA
B ARCELONA

Tres grandes paredes de la primera sala del Museu d'Art Contemporani de Barcelona (Macba), cubiertas con centenares de postales de arcos de triunfo de todo el mundo, obra de Oriol Vilanova (Copia, 2000), funcionan como metáfora de las puertas abiertas con que el Arc de Triomf barcelonés acogió la Exposición Universal de 1888, «el momento, como dijo el historiador Juanjo Lahuerta, en que la ciudad tomó plena conciencia de ser moderna», explicaba ayer el director del Macba, Bartomeu Marí. Esa modernidad es el punto de partida de un recorrido que sigue en las vanguardias y termina en la posmodernidad. Una posmodernidad que muestra CaixaFòrum, donde otra puerta, falsa, de hierro fundido e iluminada tenuemente con una desnuda bombilla, obra de Jaume Plensa, (Wonderful, 1993), simula abrirse a un territorio que solo pertenece a la imaginación del espectador, invitándolo a preguntarse «¿quién es?, ¿a dónde va? y ¿de dónde viene?», aclara Nimfa Bisbe, directora de la colección de La Caixa.

Marí y Bisbe son los respectivos comisarios de Arte. Dos puntos, la primera exposición conjunta y simultánea del Macba y La Caixa, con 400 obras de 125 artistas distintos, que desde hoy y durante seis meses inundará Barcelona de arte contemporáneo -hasta el 6 de enero en las tres plantas del Macba y hasta el 29 de diciembre en CaixaFòrum-.

Entre las obras, seleccionadas de las 6.000 de la colección de ambos museos, de la segunda mitad del siglo XX a la actualidad, las hay nunca expuestas, como la citada de Plensa; Good God (Buen Dios, 1990), donde el polaco Miroslaw Balka ve la Iglesia como instrumento de castigo a través de una camilla de madera con gotas de sangre; o la dramatización de John Bock, Debajo de la mandíbula, el vacío (2010-2011), con una parafernalia de utensilios quirúrgicos.

La lista de autores resulta apabullante: Tàpies, Chillida, Miró, Oteiza, Miquel Barceló, Joseph Beuys, John Bock, Joan Brossa, Paul Klee, Janis Kounellis, Antoni Llena, Perejaume, Martha Rosler, Alberto Solsona (con una importante donación), Nancy Spero, Raymond Pettibon, Tonet Amorós, Modest Cuixart, Marcel Duchamp, Mestres Quadreny, Joaquín Torres-García, Mike Kelley...

«No es una exposición sobre Barcelona, ni de Barcelona, sino desde y para Barcelona y sus ciudadanos, para darles pistas sobre cómo el arte contemporáneo internacional ha evolucionado dentro de un discurso mundial», especifica Marí. Es un «nuevo relato que escribe la historia a partir de nuestro pasado reciente para conocer el presente e imaginar el futuro» y ver «cómo las vanguardias son parte de la vida cotidiana y cómo la transformación de los valores de las vanguardias son propios de tiempos de crisis como el actual».

En el Macba, tras ver cómo la Exposición de 1888 y la Exposición Internacional de 1929, con iconos de la arquitectura como el pabellón Mies van der Rohe, marcan el primer acceso de Barcelona a la modernidad, que en la República tuvo como referente el Pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, se llega a la ruptura de la guerra civil y la posguerra y la dictadura. Es entonces cuando la sociedad civil recupera el espíritu renovador de los años 30 con grupos como Dau al Set o la Trienal de Milán de 1951, que vuelven a situar a Barcelona como agente de modernidad, y, con artistas como Joan Brossa, que usan el lenguaje como materia artística.

TÀPIES Y BARCELÓ / De la pintura informalista y el expresionismo abstracto de los 50, con Tàpies y luego Barceló, se viaja hasta el retorno al objeto, en los 80 y 90, cuando este se convierte en protagonista. Artistas como Tony Cragg dan un nuevo significado a su uso cotidiano, con obras como la que sorprende en el Macba, compuesta por un piano y sillas de madera, totalmente acribilladas por ganchos. Y del objeto, al cuerpo, donde destaca La naturaleza de la ilusión visual, de Juan Muñoz, cuyas estatuas, que remiten a la China de Mao, se funden con el gris del mural.

Y con la dicotomía entre cuerpo y mente se construye en CaixaFòrum, en Montjuïc, el relato de la posmodernidad en los 80 y 90, hasta la primera década del siglo XXI, cuando el fin del milenio trae un sentimiento de vulnerabilidad de «un sujeto frágil y desencantado, que no cree en verdades universales ni certezas únicas», apunta la comisaria Nimfa Bisbe, que destaca «el enfrentamiento entre el simbolismo mesiánico y el discruso más existencial de Beuys, con el antiidealismo de Mike Kelley, que parodia la mitificación del arte».

FALSA CAVERNA DE PLATÓN / De Kelley impacta la estructura de su performance La trayectoria de la luz en la caverna de Platón (1985-1996), que cuestiona a tres iconos de la cultura occidental». Bajo un mural que concluye «Arrástrate, gusano», invita, literalmente, al visitante a arrodillarse y entrar por pequeño agujero en un inquietante cajón donde un fuego kitsch desmonta la visión de Platón, unas telas de colores de fluidos corporales (pus, orina, sangre y heces), la trascendencia espiritual de Rothko, y una negra y falsa chimenea doméstica, a Lincoln, como adalid abolicionista y burgués.

En esa posmodernidad caben también una cabeza parlante de Tony Oursler, reflexiones sobre el cuerpo como espacio del dolor, en referencia al sida (Espaliú y Félix González-Torres), sobre la explotación de la mujer, y Omnipotentes omnipresentes (1991), de Tonet Amorós, quien muestra unas olorosas larvas de parafina alimentadas por una gran crisálida, como «ironía de una sociedad donde todos estamos conducidos y comemos y vemos lo mismo». La posmodernidad de Matrix.

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