REGRESO A LA NOVELA GRÁFICA TRAS 20 AÑOS DEDICADO A LA PINTURA

Montesol, ayer y hoy

La vuelta del artista al cómic con 'Speak low' coincide con la reedición de dos clásicos

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ANNA ABELLA / Barcelona

De las emblemáticas viñetas publicadas a principios de los 80, pobladas de personajes de la movida barcelonesa durante la transición, con sus juergas bañadas de sexo y alcohol, su esnobismo, su bohemia, sus locuras o su aburguesamiento --'Fin de semana' y 'La noche de siempre'--, a una madura y luminosa, y a la vez cruda, descarnada y expresionista, reflexión sobre el dolor --'Speak low'--. Entre ambas han transcurrido 30 años y reflejan la evolución de un clásico del cómicJavier Montesol (Barcelona, 1952). 

Las dos coinciden ahora en las librerías: las primeras, con guión de Ramón de España, reeditadas en un solo volumen por EDT, con prólogo de Isabel Coixet, siguen destilando frescura e ingenio ya convertidas en clásicos; y 'Speak low' , publicada por Sins Entido, significa el regreso del artista a la novela gráfica tras dos décadas dedicado a la pintura.

HECHOS TRÁGICOS

"Estos años me he dedicado a encontrar un sentido a la existencia, a armar mi pensamiento", explica este histórico de El Víbora, Cairo y Makoki que abandonó la Barcelona preolímpica "huyendo de una fiesta donde había mucho dinero en juego" y de frustradas aventuras empresariales ligadas al cómic. Se fue al campo, a Francia, a vivir, y a pintar. Volvió, a Madrid, con el cambio de milenio y una serie de hechos trágicos que marcaron su vida familiar le han inspirado 'Speak low' . "Un amigo de mi hijo salía de una discoteca y unos tipos querían lincharlo. Él, desorientado, murió atropellado en la autopista. Viví la violencia tremenda que rodea a la generación de mis hijos adolescentes, cuando cada fin de semana te llevas un susto. Además, otro hijo tuvo un cáncer que luego superó. Todo coincidió con problemas con mis galeristas, que tras una encerrona me dejaron sin obra. Fue en el 2007, cuando empezó el hundimiento del sector del arte, el inicio de la crisis. Una hecatombe", revive Montesol. 

"Necesitaba darle salida a esas emociones y vivencias y explicarlo narrativamente, cosa que la pintura no me permitía --confiesa--. Y con el cómic actual podía entrar en nuevas fórmulas narrativas sin ser esclavo de las típicas viñetas". 

'Speak low' es ficción pero se basa en hechos y sentimientos reales. "Es el vínculo entre un hijo y un padre que se queda solo, que llora, chilla, sufre y se desespera, es una reflexión profunda sobre el dolor que sentí" y, a la vez, "una obra de luz, no de oscuridad. De esperanza, porque siempre hay una salida y cosas por las que merece la pena vivir y amar". 

Armada a base de negras pinceladas sobre Din-A3 como si de lienzos se tratase, en esta novela gráfica que tiene algo de híbrido entre la pintura y el cómic también se cuela "el dolor heredado del padre por la guerra civil", con imágenes de la Barcelona bombardeada y de la represión franquista. 

LA GUERRA

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"Mi padre fue un currante que no supo ni quiso aprovecharse de estar en el bando vencedor. Era un ser taciturno y no hablaba de aquellos años. Como oficial creo que le tocó el trabajo sucio". El libro, por ejemplo, relata una anécdota sobre una noche que debía dar el tiro de gracia a un preso y el fusilamiento se suspendió. "Nos llueven bombas por dentro", escribe. "Y hoy, aunque no hay guerra ni muertos en las cunetas, vivimos una guerra más confusa donde no se sabe quién es el enemigo. Es un momento tremendo, de cambio de era", aventura. 

Una era de crisis en la que el artista busca "nuevos caminos": ha aprendido a pintar con iPad, vende sus trabajos desde su propia web y usa las redes sociales. Ante la reedición de sus dos cómics de la movida barcelonesa, sobre jóvenes que viven el último verano o el último fin de semana de su juventud, como "un homenaje a American Graffiti", el dibujante ve estas historias muy vigentes. "Hoy sentimos el mismo sinsentido de cuando éramos jóvenes, de esos personajes perdidos en la galaxia. La diferencia es que entonces teníamos margen para el error y ahora tenemos un pie en la tercera edad y no nos vale el nihilismo ni la insolencia de la juventud. Hay que aprender a encajar los golpes que nos esperan de otra forma. Pero hay esperanza".

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