Ir a contenido

EL AUTOR HABLA DE LA ORIGINAL NOVELA 'LA FAMILIA FANG'

Cómo ser hijo de un pirado

Kevin Wilson retrata en un libro a una estrafalaria familia de videoartistas

ERNEST ALÓS
BARCELONA

annie y Buster Fang son dos criaturas que se ponen a cantar en medio de un centro comercial para pagar la operación que salve la vida a su perrito, el Señor Cornelius. De repente, un adulto empieza a insultarlos a gritos, hasta que todo acaba a tortas. El energúmeno es su padre, Caleb Fang, y su madre, Camille Fang (Nicole Kidman en una futura adaptación cinematográfica), lo está filmando todo en vídeo. Se trata de un montaje de live art: Caleb y Camille son dos reconocidos artistas alternativos y sus hijos, los conejillos de indias de todas sus performances. Esta es una de las escenas de La familia Fang, la muy divertida y muy triste primera novela que ha convertido a su autor, Kevin Wilson (Tennesee, 1978), en un escritor revelación en EEUU, y que ahora publica en España, en su nueva etapa, la editorial Bruguera.

A primera vista, parecería que todo es una sátira de las formas más extravagantes del arte contemporáneo. Pero se trata mucho más de un retrato crítico de la relación entre padres e hijos. Específicamente, de cómo fueron educados los hijos de la generación de la contracultura de los 60 y 70. «Cuando empecé a escribir el libro mi interés inicial eran, en efecto, las dinámicas generacionales, las relaciones entre padres e hijos.», explica Wilson, de visita en Barcelona.

Buster Fang acaba convertido en un escritor de periodismo gonzo arruinado que acaba con la cara destrozada por el impacto de una patata mientras escribe un reportaje sobre un grupo de veteranos de Irak que matan el tiempo construyendo cañones lanzadores de tubérculos en Nebraska. Annie Fang es una actriz en películas de superhéroes que empieza a tener problemas de imagen tras presentarse en tetas a un rodaje. Magullados, y a pesar de que sus padres les han convertido en lo que son, ambos regresan al hogar familiar. Pero al cabo de un tiempo, sus padres desaparecen. ¿Sus hijos son de nuevo víctimas de un montaje, o Caleb y Camille han sido descuartizados por un asesino en serie camionero como piensa la policía?

¿Cree Wilson que la generación de padres alternativos hizo tanto daño a sus hijos como los Fang a los suyos? ¿O les facilitó los instrumentos para que fuesen creativos? Resulta que, a pesar de su aspecto formalito, Wilson fue criado de una forma bastante aislada y poco convencional (se pasaba el día disfrazado e imaginando historias con su hermana), y ahora él está haciendo algo bastante parecido con su hijo de cuatro años. «En esta familia particular, los hijos reaccionan adoptando formas de arte convencional; uno escribe y la otra es actriz en Hollywood. Creo que todos los padres hemos de estar preparados para que nuestros hijos nos critiquen. Lo que me interesaba, a partir del momento en que fui padre, es explicar qué efectos tienen tus decisiones sobre esa persona, y cómo los hijos cogen los elementos que les dan sus padres, los rompen y con ellos crean una nueva persona».

ARTE Y PROVOCACIÓN / Al lector le puede quedar la duda de si Wilson se ríe del mundo del arte contemporáneo o si le excita. Pero más bien es lo segundo. «Me entusiasman los artistas de performance. Mi fascinación por esta forma de arte es genuina. Los artistas -reconoce- pueden resultar absurdos o ridículos, pero no este arte en sí mismo». Eso sí, solo cuando sus acciones artísticas «buscan dar la vuelta a lo establecido, que haya una alteración de la realidad o de que el espectador o lector vea cuestionadas sus creencias». Porque la verdadera obra de arte de los Fang es la reacción de la gente ante sus ideas (forzar que sus hijos representen a Romeo y Julieta en una obra escolar, con las tensiones incestuosas que esto supone, por ejemplo).

¿Y qué pasa cuándo la gente reacciona ya con hastío o sarcasmo ante obras como los tiburones en formol o las calaveras con diamantes de Damien Hirst? «No es lo mismo. Ese arte -responde Wilson- no me interesa, y creo que ya no interesa a mucha gente. Los Fang considerarían esa calavera un objeto sin sentido, arte muerto. Lo odiarían».

Lea el primer capítulo del libro con el móvil o en e-periodico.es