14 ago 2020

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entrevista con el Cineasta

Srdjan Spasojevic: «La corrección política es una forma de fascismo»

JULIÁN GARCÍA / Barcelona

Un tipo viola a un recién nacido; otro, sodomiza a su propio hijo: dos de los pasajes más escabrosos de A serbian film, la película-conmoción de la temporada dirigida por Srdjan Spasojevic (Belgrado, 1976), y razón fundamental para que asociaciones como la Confederación Nacional Católica de Padres de Alumnos (Concapa) presentaran una denuncia en los juzgados al entender que el filme «atenta contra la integridad del menor y la dignidad de la persona». Tal como se pudo ver en el último festival de Sitges, A serbian film, un explícito relato del submundo de las snuff-movies (películas con violencia real), exuda una enfermiza brutalidad que tira de espaldas, aunque su director sostiene que, más allá de sus llamativas atrocidades, subyace un discurso socipolítico sobre la violencia congénita de la región balcánica.

-Imagino que está al corriente de la tormenta judicial que ha provocado su película en España. ¿Qué opina?

-No entiendo lo que está sucediendo en su país. Es increíble que sigan pasando cosas así en pleno siglo XXI. Vivimos en un mundo tan esquizofrénico... Cada región tiene sus propias reglas, extrañas y aterradoras, para imponer a la gente qué debe hacer, ver y pensar. Lo cual tiene como consecuencia una gran falta de libertad de expresión. Parece que algunas personas viven atascadas en la edad media. Por desgracia, tienen el poder de arrastrarnos a todos...

-¿Qué hará si la justicia española le cita a declarar?

-Yo ya he enviado algunas declaraciones al juez a través del festival de San Sebastián diciendo que ni matamos ni violamos a nadie. Utilizamos muñecos, efectos especiales y la magia de la mesa de montaje. ¿No le parece todo esto penoso y gracioso a la vez? ¡Que sepan los lectores de su diario que los niños no estuvieron presentes durante la filmación de las escenas violentas y de sexo! Los grabamos por separado y mezclamos las secuencias. Sus padres siempre estuvieron en el rodaje. Los niños jamás fueron humillados. Siempre les explicamos lo que estábamos haciendo de una forma cercana, sencilla y, por supuesto, dulcificada.

-Sabrá también que todo el lío con la justicia viene, precisamente, por las escenas con niños: especialmente, la sodomización del recién nacido.

-Esa escena es una metáfora. Toda la película es una gran metáfora de estas dos últimas décadas de guerra en los Balcanes, de la pesadilla moral y política que hemos sufrido, de ese mundo endulzado por lo correcto, pero que en realidad está absolutamente podrido bajo su limpia fachada. Somos violados en el momento en que nacemos y somos violados hasta después de muertos. Ese bebé sodomizado es una representación de todas las personas a las que nos han robado la inocencia y la juventud aquellos que gobiernan nuestras vidas con propósitos sórdidos, desconocidos.

-El protagonista de su filme es un actor porno retirado que vuelve al ruedo y se ve sometido al más terrible de los descensos al infierno. ¿La pornografía también ejerce de metáfora, de alegoría?

-Sí. La mayor metáfora del filme es considerar la vida real como pornografía. Las últimas décadas de guerras y terror político en los Balcanes nos ha llevado a sufrir nuestras vidas como una explotación perpetua, en la que hemos sido violados emocional, psicológica y creativamente por unas autoridades corruptas y estúpidas. Para llevar una vida normal y poder alimentar a tu familia te tienes que prostituir, vender tu alma y poner el culo al mejor postor. En cualquier trabajo acabarás siendo explotado y humillado de la más forma más baja, más viciosa. En este sentido, la pornografía actúa en A serbian film como alegoría, en la medida es que es algo perfectamente normal en nuestra vida cotidiana¿

-Reconocerá que su película es muy bruta, señor Spasojevic.

-Lo crea o no, la intención inicial no era escandalizar, sino exponer una serie de problemas de la forma más exacta, honesta y directa posible. Esa es la razón, creo, de que la película tenga ese aire tan furioso, tan bestia.

-Ver la película es casi una experiencia física. Hace sufrir.

-Es muy importante que la gente entienda que las escenas de violencia extrema no están ahí para divertir o entretener, sino para recordar las cosas terribles que nos rodean, para ayudarnos a diagnosticar los problemas y no darles la espalda de forma hipócrita. Experiencias como la violación, la humillación y la degradación deben ser sentidas por el espectador en su propia carne para que no pueda ignorarlas. Desgraciadamente, ver las atrocidades de la guerra por televisión en horario de máxima audiencia cuando eres un niño de 10 años, o haber sufrido los bombardeos de la OTAN en tu ciudad cuando apenas tienes 20 años difícilmente te puede inspirar cosas bonitas¿

-Usted comentó en Sitges que su filme es «un ataque a la censura y la autoridad»? ¿No le parece paradójico que su filme sea víctima de esa misma censura? ¿O quizá es consecuencia de ello?

-A serbian film es una forma de resistencia ante la censura y la correción política, que es una forma de fascismo. Esa correción está matando, la creatividad, el arte libre, el cine libre. Así que no es paradójico que A serbian film sea víctima de esa burocracia demoledora. Cuando estábamos haciendo la película ya suponíamos que nos iban a dar mucha guerra. Ellos nos ganarán algunas batallas, sí, pero A serbian film siempre sobrevivirá.