EL GP DE ESPAÑA DE F-1

El nuevo viejo Alonso

  • El bicampeón mantiene su talento de siempre pero ha variado su forma de vivir la F-1 en su regreso al borde los 40 años

Fernando Alonso, en el ’paddock’ de Montmeló.

Fernando Alonso, en el ’paddock’ de Montmeló. / Europa Press / Xavi Bonilla

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Miguel Martínez

Aún necesita algo más de tiempo para obtener el máximo en clasificación pero, pleno de agresividad, consistencia y velocidad, Fernando Alonso remontó cinco posiciones en el Gran Premio de Portugal del pasado domingo. Es el Alonso de siempre, el viejo Alonso que este fin de semana suma su 18ª participación en el GP de España. Pero en su regreso a la F-1 tras dos años y medio en otras disciplinas, el nuevo Fernando ha elegido un 'aproach' diferente, más relajado, más sincero, más natural. Es curioso, pero se le ve disfrutar más que en la primera época cuando luchaba por títulos.

Se ha librado de aquella carga. Los dos años y medio fuera del Gran Circo "le han permitido dejar atrás muchas cosas. Ha vuelto purificado", dice Flavio Briatore, el hombre que lo trajo a la F-1 como jefe de Renault y con el que ganó dos títulos. Alonso se ha librado de una pesada mochila, apenas se aprecian las cicatrices que marcaron su carácter cuando todo el equipo McLaren se volvió en su contra en el 2007, cuando apuraba a toda una escudería como Ferrari para construir un coche mejor con el que poder luchar de tú a tú entre el 2010 y el 2014 con Red Bull, McLaren, Mercedes… Aquellos títulos que se escaparon en el 2007, 2010 y 2012 por circunstancias ajenas a su pilotaje le quemaron. "Creo que mi mejor nivel llegó en el 2012", recuerda. "Luché por el título hasta el final con el tercer coche de la parrilla". En aquella época sentía la responsabilidad de motivar a sus equipos, de exigir mejoras para disfrutar al menos de un coche similar al de sus rivales. Resultó agotador.

Alonso rueda con el Alpine en Montmeló, este viernes.

/ Reuters / Albert Gea

La tensión fue extrema, incendiada, además, por la enorme carga mediática a la que fue sometido. Entre el 2005 y el 2012 sus carreras eran seguidas por cinco, seis o nueve millones de personas por televisión cada domingo en España. Solo algunos partidos de la selección el Mundial de Sudáfrica superaban ese seguimiento. Los periódicos le dedicaban miles de páginas, los fotógrafos se colaban en sus hoteles, le perseguían por la ciudad o intentaban saltar la valla de la casa de sus padres en Oviedo. Todo resultaba de interés nacional e internacional: sus novias, su boda, su separación, sus 'hobbies'… Cualquier detalle era susceptible de abrir una página de un diario: si era del Madrid o el Barça, su pronóstico sobre el Tour, por qué no le gustaba la sidra o qué opinaba de los pasos de cebra. "¿Cómo ha dormido hoy Fernando, sobre la derecha o la izquierda?", preguntaba con sorna Briatore a la prensa española. Era la forma en al que el 'play boy' italiano pedía una tregua informativa.

Su apuesta por otras fórmulas

La tensión que generaba la lucha por los títulos o el fiasco de rendimiento de la alianza McLaren Honda por la que apostó al final de su primera época en el Mundial le llenaron de cicatrices. "Aquella F-1 ya no me gustaba, necesitaba explorar otras cosas", asegura. Casi gana las 500 Millas, venció dos veces en Le Mans, otra más en Daytona, dos títulos de resistencia, una brillante aventura en el Dakar… No estuvo mal como descanso. Sigue inspirándose "leyendo filosofía japonesa" para encontrar las respuestas a su vida, a su carrera, a su nueva etapa.

"Ahora la Fórmula 1 es una categoría más capaz de producir un buen espectáculo y una buena competición. En 2020 tomé la decisión de volver, había otras oportunidades sobre la mesa y pensé que la F1 era el mejor desafío y la mejor competición en ese momento. Incluso con la pandemia, los equipos todavía son muy fuertes y tienen buena salida en lo económico", asegura en el 'paddock' de Montmeló, donde se siente como en casa, haciendo lo que más le gusta. "Estoy en un punto de mi vida en el que me siento bien y me siento capaz de pilotar mejor que nunca, pero eso no significa que no encuentres dificultades cuando afrontas una nueva aventura o en este regreso”.

Su carrera deportiva ya esta hecha. Ni mejorará ni empeorará sustancialmente, haga lo que haga en su regreso. El nuevo Alonso, el de su vuelta, el del tipo que cumplirá 40 años en julio, se ha liberado de la mochila de la primera época. Disfruta y no tiene reparos en analizar públicamente su rendimiento. La última clasificación de Portimao "fue un poco 'regu'", dijo hace una semana. "Tengo que trabajar en acostumbrarme a las condiciones cambiantes de los sábados, entender por qué el coche empeoró entre los últimos libres y la clasificación. Tengo que ponerme las pilas. Remonté del 13º al octavo, pero con otra clasificación podría haber sido sexto", dice con toda naturalidad, la misma con la que explicó que en la segunda carrera en Imola, "no estaba cómodo con el coche, no pude extraer todo el rendimiento, sobre todo el con el neumático intermedio, cuando la pista se iba secando". 

Alonso y Sainz, en la rueda de prensa.

/ Efe / Mark Sutton

Pero el nuevo Alonso se topó con la F-1 de siempre, la del entorno del gatillo fácil, con críticas desaforadas sobre su rendimiento y su edad. "Alucino con esas críticas, no tienen ni idea de lo competitiva que es es la F-1, lo difícil que es adaptarse a uno nuevo equipo y un nuevo coche", dice Carlos Sainz, que sin estar dos años y medio fuera de la F-1, aún le resta camino para sacar el máximo de su Ferrari en su llegada a Maranello en enero. Hasta Ross Brawn, el director técnico de la F-1 ha salido en defensa del asturiano. El hombre que lideró como ingeniero jefe los siete títulos de Michael Schumacher, se rindió ante la espectacular carrera del asturiano el fin de semana pasada en Portimao. "Fue emocionante ver a Fernando remontar a través de la parrilla y meterse en los puntos. Cuando Alpine le dio la opción de volver, apostaron por actuaciones valientes como esta, donde saca todo del coche", comenta Brawn.

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El accidente de Suiza

Y el nuevo Alonso tira del viejo para sacudirse tanto ataque. No quiere airear que sigue "con dolores, no solo en la cara, si no en la rodilla" desde su accidente en bicicleta en Suiza. "Pero no me impide frenar a tope o girar el volante". Siempre ha sido un especialista en adaptarse a los cambios de reglamento, a los cambios en los coche, de equipos de F-1, a otras disciplinas. Y por eso cree que se está exagerando su actual periodo de adaptación. "Se está haciendo más grande de lo que en realidad es. Fui el primero en admitir que no estaba al 100% en Imola, que no estaba cómodo y que probablemente rendía por debajo de lo que debía. Pero fue solo una carrera. Y en una carrera con ese bajo rendimiento, terminé a dos décimas de segundo de mi compañero, y el pasado fin de semana a un segundo. Así que eso no puede ser importante. Tuve un fin de semana en el que no estuve totalmente cómodo en Imola y el problema es que en F1 hay muchos medios de comunicación, muchos artículos y desafortunadamente dos semanas entre carreras porque si hubieran sido fines de semana seguidos, no se habría hablado tanto", añade. "Al final del año hablaremos. Si no rindo toda la temporada y todo era más difícil de lo esperado, bien, quizás haya razón para hablar de ello y profundizar en cuestiones como por qué es más difícil que antes o algo, pero en Baréin estuve contento y probablemente rendía por debajo de lo esperado. En Imola rendí por debajo de lo esperado, pero necesitamos un par de carreras para establecernos".