Fenómenos extremos

La factura de los desastres climáticos en España: 10.000 millones de euros en solo siete años

La crisis climática ya provoca una caída del 1,8% del PIB global

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Así es un año de extremos climáticos en Europa

Una mujer vierte lodo en la localidad de Los Nietos, en Cartagena, afectada por las inundaciones de la Región de Murcia de 2019.

Una mujer vierte lodo en la localidad de Los Nietos, en Cartagena, afectada por las inundaciones de la Región de Murcia de 2019. / EFE/ Marcial Guillén

Valentina Raffio

Valentina Raffio

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Tormentas cada vez más extremas. Inundaciones que a su paso lo arrasan todo. La llegada repentina de olas de frío. El avance de una sequía que amenaza con convertirse en crónica. El calor que eleva las temperaturas durante todo el año y convierte los veranos en algo cada vez más asfixiante. Estos son algunos de los desastres climáticos que más han afectado a España en los últimos años y que, según apuntan los 'Barómetros de catástrofes' de la Fundación Aon, habrían provocado pérdidas equivalentes a casi 10.000 millones de euros en tan solo siete años. "Estamos viendo solo la punta del iceberg de un problema mucho más grande. El impacto de los desastres naturales va mucho más allá de lo que reflejan estas cifras", afirma Pedro Tomey, presidente del Observatorio de Catástrofes de esta fundación.

La cifra solo es la punta del iceberg, ya que solo recoge las pérdidas cubiertas por indemnizaciones, seguros y servicios de emergencia, y no los costes del cierre de negocios o las reparaciones asumidas por las instituciones

Uno de los fenómenos climáticos más dañinos de los últimos años fueron las inundaciones de septiembre de 2019. Este fenómeno meteorológico extremo afectó a prácticamente toda la Península Ibérica y Baleares y, a su paso, desbordó ríos, destrozó ciudades enteras y causó seis víctimas mortales. Se estima que este evento, por sí solo, causó pérdidas que ascienden a los 1.320 millones de euros. Entre los episodios climáticos más dañinos de los últimos años también destaca el temporal Glòria de enero de 2020, que causó pérdidas de más de 840 millones de euros, y la tormenta Filomena de 2021, que costó más de 505 millones más.


Impacto económico

Estas cifras grandilocuentes tan solo ilustran un parte de las pérdidas derivadas de los desastres naturales en España. Concretamente, tan solo representan aquellas que son cubiertas por indemnizaciones, seguros y servicios de emergencia. "Hay otro tipo de impactos económicos que no se han registrado", explica Verónica López Sabater, consultora en Analistas Financieros Internacionales (AFI). Según explica la experta, en la estimación del coste de las catástrofes no se tienen en cuenta el impacto derivado de cierre de negocios, la pérdida de horas de trabajo o los costes de todos aquellos trabajos de reparación asumidos por las instituciones públicas como, por ejemplo, la reconstrucción de paseos marítimos tras una DANA. En este sentido, según apunta la experta, si se sumaran estos conceptos, la factura de los desastres climáticos crecería exponencialmente

Los registros apuntan a que al menos un tercio de las pérdidas derivadas de los desastres climáticos se centran en el mundo agrícola. "Es un sector que está expuesto a la intemperie y en el que, lógicamente, se sufre más el impacto de fenómenos meteorológicos extremos como las tormentas, el granizo, las heladas repentinas y la sequía", afirma. En este caso, según explica Tomey, preocupa "la brecha" entre las pérdidas observadas y la cobertura de los seguros. En estos momentos, de hecho, se estima que solo una parte de las pérdidas en el sector son cubiertas por las aseguradoras. "Urge hacer lo posible para cerrar esta brecha y garantizar que todos los sectores puedan hacer frente a las pérdidas derivadas de los desastres naturales", afirma el portavoz de la Fundación Aon.

1.500 muertes en 30 años

Más allá de las pérdidas estrictamente económicas, el impacto más grave de los desastres climáticos siguen siendo las víctimas mortales que dejan a su paso. Según apuntan los últimos barómetros de Aon, los fenómenos meteorológicos extremos han causado más de 1.500 muertes en las últimas tres décadas en España. Las inundaciones y los temporales, por ejemplo, han sumado al menos 670 fallecidos desde 1995 hasta ahora. Entre los episodios más mortíferos destaca la riada que afectó al Camping de Las Nieves, en Biescas, en 1996 y que dejó cerca de 110 fallecidos. Las ventoleras extremas se relacionan con más de 155 decesos y los incendios, por su parte, con 149 pérdidas humanas más.


A todos estos también hay que sumar las víctimas del calor extremo. Según apuntan varios informes científicos publicados hasta la fecha, las muertes por golpe de calor representan un porcentaje ínfimo de los decesos relacionados con las altas temperaturas. Solo el año pasado, durante el verano más extremo desde que existen registros en prácticamente todo el hemisferio norte del planeta, se estima que el calor extremo causó al menos 11.324 decesos prematuros en el conjunto de España. Un análisis liderado por ISGlobal apunta a que las ciudades que registraron más muertes por las altas temperaturas del verano fueron Madrid (con 1.374 decesos atribuibles a esta causa), Barcelona (con 1.327) y Valencia (con 679 más).

Crisis climática

La humanidad siempre ha sufrido el impacto de tormentas, inundaciones y extremos climáticos de todo tipo. Pero ahora, a diferencia de lo que ocurría antaño, la crisis climática está aumentando la frecuencia y la intensidad de estos fenómenos. Según apunta el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), las inundaciones extremas que hace un siglo ocurrían una vez cada diez años ahora son hasta 1,3 veces más probables y, a su vez, cargan con casi un 10% más de precipitaciones. Lo mismo ocurre con las olas de calor. Los episodios de altas temperaturas que antaño ocurrían una vez cada década, ahora son 2,8 veces más probables y elevan los termómetros hasta 1,2 grados más de media.

La crisis climática provoca que estos eventos climáticos sean cada vez más extremos y frecuentes

Es imposible, pues, saber qué parte de la factura de los desastres meteorológicos es atribuible directamente a la crisis climática. Lo que sí podemos saber es que debido a este fenómeno ya estamos viviendo fenómenos más extremos y frecuentes. Y que, de seguir así, el avance de la crisis climática amenaza con aumentar aún más todos estos fenómenos. La comunidad científica recalca que la única manera de esquivar este escenario es lograr, por un lado, una rápida reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y, a por el otro, acelerar drásticamente los planes de adaptación para hacer frente a este tipo de desastres climáticos