Crisis climática

Los peligros de una ola de calor

El aumento de las temperaturas puede provocar daños tanto en la salud y las actividades humanas como en los ecosistemas naturales

Unos turistas intentan refrescarse en unos vaporizadores de agua fresca instalados en los refugios climáticos del Passeig Joan de Borbó, en la Barceloneta.

Unos turistas intentan refrescarse en unos vaporizadores de agua fresca instalados en los refugios climáticos del Passeig Joan de Borbó, en la Barceloneta. / Ferran Nadeu

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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España vive la enésima ola de calor. Los termómetros vuelven a dispararse. Los registros indican que volvemos a estar ante temperaturas récord en prácticamente todo el territorio. Y los expertos alertan, una vez más, de que podríamos estar ante uno de los episodios de calor más severos de los últimos años.

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Según apunta un informe de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), en las últimas décadas se ha duplicado tanto el número de olas de calor en España como el total de días al año en que el país ha vivido temperaturas por encima de lo normal. Los registros indican que las olas de calor son ahora más frecuentes, largas e intensas que en décadas anteriores. También se estima que las noches tórridas, donde las temperaturas superan los 25 grados, son hasta diez veces más frecuentes ahora que en los años ochenta.

La llegada de una ola de calor no solo implica una subida de los termómetros. El aumento de las temperaturas puede provocar daños tanto en la salud y las actividades humanas como en los ecosistemas naturales. Estos son algunos de los peligros que se esconden tras una ola de calor.

Riesgos para la salud: agotamiento, golpes de calor y peores pronósticos

El riesgo más evidente de una ola de calor tiene que ver con el impacto del calor extremo en la salud.  La subida diurna de los termómetros puede provocar agotamiento, fatiga y malestar entre la población general. El incremento de las temperaturas nocturnas también provoca problemas para conciliar el sueño y esto, a su vez, contribuye a la sensación de agotamiento generalizada que se vive en estos días.

La exposición al calor extremo también puede causar síntomas como debilidad, dolor de cabeza o mareos. Según apunta una guía de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), en los casos más extremos, las altas temperaturas pueden provocar golpes de calor donde, además, se pueden producir desmayos, daños en múltiples órganos y, en los casos más graves, incluso la muerte.  

Las altas temperaturas también pueden empeorar el estado de varias enfermedades. Múltiples estudios y revisiones científicas apuntan a que, por ejemplo, el calor extremo empeora el estado de los pacientes con patologías cardíacas o respiratorias. En verano, y especialmente durante las olas de calor, aumentan los ingresos por este tipo de dolencias. También hay estudios que apuntan a que los extremos climáticos pueden un impacto en la salud mental. Varios estudios encuentran una relación entre estos y un aumento de los síntomas depresivos y de los trastornos de ansiedad.

Laboral: trabajadores más expuestos al calor extremo

El calor extremo también supone un riesgo para los trabajadores. Sobre todo para aquellos que trabajan a la intemperie como es el caso, por ejemplo, de obreros, agricultores, pescadores, ganaderos y hasta camareros y repartidores. Según apunta un informe del proyecto 'Heat-Shield', la exposición directa a las altas temperaturas afecta a la resistencia de los trabajadores y, a su vez, puede aumentar el número de accidentes laborales. El informe también señala que, en el caso de los trabajos de oficina, el calor extremo se asocia con una pérdida de productividad.

La normativa española en materia de prevención de riesgos laborales pide extremar precauciones en cuanto la sensación térmica esté por encima de los 32 grados en exteriores y en por encima de los 27 en interiores. En estos casos, se recomienda a los trabajadores hacer pausas cada cierto tiempo, mantenerse hidratados y adecuar la ropa de trabajo al calor para evitar el estrés térmico. En algunos casos, también se sugiere adaptar la jornada laboral para evitar, en medida de lo posible, la exposición a las horas pico.  

Cultivos: pérdidas agrícolas y productos quemados

El aumento de las temperaturas, sobre todo en el caso de los extremos de las olas de calor, también puede causar daños en la producción agrícola. Según estiman varias asociaciones agrícolas, el calor extremo puede provocar pérdidas de hasta el 30% y el 50% en los cultivos españoles. Entre las plantaciones más afectadas destacan el trigo y la cebada. En el caso de las frutas y verduras, además, se estima que una exposición excesiva a altos índices de radiación solar también puede 'quemar' el producto.

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) apunta a que en países como España el aumento de las olas de calor y de las sequías han triplicado las pérdidas agrícolas en tan solo cinco décadas. Entre las zonas más afectadas destaca el sudeste de la Península Ibérica, también conocido como 'la canasta europea', la zona de cultivos y plantaciones españolas que hasta ahora lideran la producción de frutas y verduras de toda Europa y que, a su vez, destacan como uno de los territorios más afectados por el calentamiento global

Naturaleza: episodios de mortalidad masiva de animales y plantas

Durante las olas de calor, sobre todo en aquellas regiones donde se alcanzan temperaturas extremas, se han descrito varios episodios de mortalidad masiva de animales y plantas. El verano pasado, durante una de las olas de calor más extremas jamás vividas en Italia, los vecinos de la localidad italiana de Floridia explicaron que el calor fue tan extremo que al salir a la calle se encontraron con cientos de caracoles muertos en el suelo. También se han descrito casos similares con aves y mamíferos. En 2014, por ejemplo, durante una ola de calor extremo en Australia se reportaron más de 45.500 zorros voladores muertos en un solo día.

El calor extremo también puede poner en jaque algunos ecosistemas. El año pasado, por ejemplo, justo cuando la Columbia Británica vivía una de las peores olas de calor de su historia, en las Islas de San Juan se observó la muerte de todo un ecosistema de algas. Según recogen las crónicas del momento, las poblaciones de plantas marinas se pudrieron en tan solo tres días. Un estudio publicado en la revista 'Nature Climate Change' también apunta a que las olas de calor oceánicas ya están causando verdaderos estragos en los arrecifes de coral. Este fenómeno, que según indican los registros ha aumentado más de un 50% en los últimos 30 años, puede resultar tan destructivo para la vida marina como un incendio para los ecosistemas terrestres.