Resolución final

Logros, fracasos y deberes que deja la Cumbre de Glasgow

Vista general del Action Hub de la cumbre de Glasgow.

Vista general del Action Hub de la cumbre de Glasgow. / AFP / PAUL ELLIS

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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La Cumbre del Clima de Glasgow (COP26) llega a su fin tras dos semanas de intensas negociaciones, un amplio abanico de acuerdos multilaterales y un compromiso final arrancado a regañadientes y a contrarreloj. Los pactos de Glasgow han marcado un simbólico punto de inflexión en algunas cuestiones y han decepcionado en muchas otras. 

Este es un breve resumen de los logros, fracasos y deberes la Cumbre del Clima de Glasgow (COP26). 

Combustibles fósiles

La manzana de la discordia de esta cumbre ha sido el debate sobre el futuro de los combustibles fósiles. La necesidad de "acelerar" la transición hacia las energías renovables y de cortar el grifo a los subsidios al petróleo, gas y carbón se ha ido matizando borrador tras borrador. Muchos países se han mostrado reacios frente a la petición de la comunidad científica de reducir prácticamente a la mitad el uso de petróleo, gas y carbón en la próxima década para evitar un calentamiento global extremo. La mención se ha reformulado a última hora para lograr el consenso de los países más dependientes de estos productos. Ya no se pide "eliminar" el carbón sino "reducir" su uso.


Fondos climáticos

El otro gran tema de debate han sido los fondos climáticos para ayudar al sur global a hacer frente al avance de la crisis climática. Glasgow no ha logrado diseñar un mecanismo claro sobre cómo financiar las pérdidas y daños que los desastres climáticos están provocando en las zonas más vulnerables del planeta y ha aplazado el debate al año que viene. Lo que sí ha logrado esta Cumbre es arrancar el compromiso de los países desarrollados para que en 2025 aumenten su aportación a los fondos de adaptación y mitigación

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Gravedad del problema

La Cumbre de Glasgow es la primera que deja escrito, negro sobre blanco, que la crisis climática es un problema existencial para la humanidad, que hay que hacer lo posible para limitar el aumento global de las temperaturas a un máximo de 1,5 grados y que para lograrlo se necesita recortar al menos un 45% de las emisiones globales en la próxima década. Estas conclusiones, respaldadas desde hace décadas por la comunidad científica, parecen haber sido aceptadas por unanimidad por los gobiernos. Muchos lo interpretan como un paso adelante, como mínimo, digno de reseña. 

Más transparencia

El compromiso global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero siempre ha chocado con el temor de que los países hagan trampas. Por eso mismo, uno de los puntos de inflexión de esta Cumbre ha sido la creación de un organismo externo para monitorizar el despliegue de las políticas climáticas. Este nuevo programa, liderado por Naciones Unidos, presentará informes anuales sobre la evolución de los niveles de emisiones de cada país. El primer 'balance imparcial' de esta entidad se entregará el año que viene en Egipto, en la siguiente edición de la Cumbre del Clima.