Contracrónica desde Escocia

Así se negocia a contrarreloj el acuerdo de Glasgow

Los delegados de casi 200 países se reunen este viernes por la tarde para discutir sobre la declaración final de la Cumbre del Clima de Glasgow. 

Los delegados de casi 200 países se reunen este viernes por la tarde para discutir sobre la declaración final de la Cumbre del Clima de Glasgow.  / YVES HERMAN / REUTERS

  • Solo faltan unas horas para la supuesta publicación de acuerdo de la Cumbre del Clima y, según esgrimen los gobiernos, todavía faltan muchos flecos por cerrar

  • Las delegaciones de México y Rusia ofrecen tequila y vodka a los organizadores si consiguen cerrar un acuerdo hoy

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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Glasgow se ha despertado este viernes bajo un manto de nubes, un aire gélido y una lluvia que lo envuelve todo. Tras unos días de relativo buen tiempo, donde incluso ha aparecido el sol por momentos, la ciudad escocesa ha recuperado su clima más habitual y se ha vuelto a teñir de un gris absoluto. Este es escenario donde se libra la recta final de las negociaciones de la Cumbre del Clima (COP26); un debate clave para el futuro de la humanidad y del planeta.

Este viernes los gobiernos de todo el mundo debían presentar oficialmente el compromiso que, tras dos semanas de intenso debate, habían acordado para hacer frente a la crisis climática. Pero tras un plenario plagado de tensión y reproches entre los gobiernos, las negociaciones se vuelven a abrir. El texto que recoge los acuerdos, las promesas y los deberes en materia climática pasa en estos momentos por el enésimo escrutinio de los ministros de medio ambiente, delegados y expertos enviados por los países. Todavía son muchos los flecos que faltan por pulir. Y según han anunciado este viernes por la tarde varios representantes gubernamentales de todo el globo, son varios los estados que han enviado a última hora apuntes para matizar, ampliar o cambiar la declaración final. 

Según explican fuentes cercanas a las negociaciones a este diario, hace ya días que las distintas mesas de trabajo empiezan a primerísima hora y se alargan hasta la madrugada. En la mesa de debate se discuten, todavía, desde cuestiones extremadamente técnicas hasta compromisos que podrían marcar el futuro de millones de personas en todo el mundo, como el calendario para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o el pacto para ayudar al sur global a hacer frente al azote de crisis. En ambos casos, el futuro de estos acuerdos es cuestión de lenguaje. En estos momentos, de hecho, la revisión del texto se centra principalmente en pulir las palabras. Añadir matices. Cambiar un 'must' (que implica la obligatoriedad de una medida) por un 'should' (que amplía, quizás demasiado, el margen de maniobra para los países). 

Entre el tequila y el vodka

La presidencia de esta Cumbre, liderada por el británico Alok Sharma, había prometido en más de una ocasión que el acuerdo final se publicaría este viernes por la tarde. A poder ser sobre las seis, justo para la hora del té. Pero esta tarde, tras el fin del plenario, Sharma ha anunciado un cambio de planes. Se prevé que a este sábado por la mañana se publicará un último borrador del acuerdo que, a su vez, será discutido por los gobiernos en una reunión extraordinaria convocada a partir de las diez de la mañana (hora británica). Acabada la discusión el texto final será votado por los delegados de los gobiernos y, si recibe un apoyo unánime, será aprobado definitivamente. El anuncio final no se espera antes del sábado por la tarde.

Hace tan solo unos días, en otra de esas sesiones que se alargan hasta altas horas de la noche, la delegación mexicana prometió regalar botellas de tequila a los organizadores del evento si conseguían cerrar un compromiso este mismo viernes. Los rusos, que en cuestiones de alcohol tampoco bromean, subieron la apuesta prometiendo botellas de su más preciado vodka si la declaración final se publicaba antes de la noche. Ahora que ya sabemos que la declaración llegará mucho más tarde de lo acordado, queda por saber qué pasará con todo ese alcohol.

En los pasillos de la Cumbre de Glasgow se respira ahora un aire diferente. El ambiente está cargado de tensión. Hay un frenético vaivén de delegados gubernamentales, que a diferencia de los demás asistentes destacan por sus finos trajes y su acreditación morada. Imposible saber qué está ocurriendo en las discusiones a puerta cerrada donde se dirigen. Eso sí, visto lo que ocurre afuera todo apunta a que el sprint final está siendo más que intenso. En el único supermercado presente en el recinto, por ejemplo, este viernes por la tarde las bebidas energéticas se agotaron poco después de mediodía. En los bares, los camareros empezaron recoger todos los vasos reutilizables porque, según perciben desde la barra, en esta recta final de las negociaciones el café voló más rápido de lo habitual. 

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El delegado estadounidense John Kerry habla con Frans Timmermans, de la Comisión Europea, durante el plenario de este viernes.

/ REUTERS / Yves Herman

Cuenta la leyenda, o mejor dicho la experiencia, que el éxito de las Cumbres del Clima depende de lo buena que haya sido la logística del evento. Cuanto mejor sea la organización, mejor es el resultado. Cuanto mayor es la comodidad de las instalaciones, mejor es la comunicación entre las partes. Cuanto más fácil se lo ponen a los delegados para hacer su trabajo, mejores son los acuerdos. Si la premisa se confirma, Glasgow lo tendrá francamente difícil para triunfar. En estas semanas, de hecho, son muchos los que han apuntado a que el engranaje de este evento no ha acabado de funcionar. En parte por cuestiones meramente logísticas. Y en parte porque, cómo no, organizar un evento de esta magnitud en tiempos de pandemia es misión imposible.