ENTREVISTA

"El discurso ambientalista tradicional ya no sirve"

Xuksa Kramcsak-Muñoz, investigadora del análisis del discurso de las oenegés ecologistas sobre cambio climático

Xuksa Kramcsak-Muñoz,  experta en análisis del discurso de las ONGs ecologistas sobre cambio climático

Xuksa Kramcsak-Muñoz,  experta en análisis del discurso de las ONGs ecologistas sobre cambio climático / Julio Carbó

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Valentina Raffio

Hace una semana, una nueva generación de jóvenes activistas inundó las calles de todo el mundo para pedir medidas más contundentes contra el cambio climático. La revolución de los 'Fridays for future' ha llegado para cambiarlo todo. Xuksa Kramcsak-Muñoz, investigadora del análisis del discurso de las oenegés ecologistas sobre cambio climático y doctoranda en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), analiza qué supone el surgimiento de este nuevo movimiento social.

-¿Qué diferencia el discurso de esta nueva generación de activistas del 'Fridays for future' del de las oenegés ecologistas tradicionales?-El 'Fridays for future' surge como un movimiento social crítico con todas las desigualdades del sistema que se relacionan con la destrucción del planeta. Y por eso cuando hablan de ecologismo tienen muy claro que el problema no se limita tan solo al tema medioambiental, sino que es algo más estructural que ocurre a todos los niveles. Muchas de las oenegés que hoy en día consideramos como más 'tradicionales', en cambio, defienden que con las condiciones actuales también podemos encontrar una solución al problema ecológico.

-¿Es que las oenegés han perdido parte de su fuerza en estas reivindicaciones?

-En su origen, muchas de estas oenegés también planteaban ideas más antisistema. El problema es que, como ocurre en la mayoría de los movimientos políticos, en cuanto una formación se institucionaliza pierde la parte más radical de su lucha. Ahora mismo, muchas de estas asociaciones ambientalistas han transformado reivindicaciones para que encajen dentro de una retórica más "políticamente correcta". Es difícil conseguir subvenciones, financiación y proyectos si tu propuesta no encaja dentro de la estructura social y política actual. 

-¿Cuál es la principal diferencia entre ambas posturas? Entiendo que cada una señala a unos responsables y a unas soluciones totalmente diferentes…

-Exacto. La diferencia es que unos son ambientalistas y los otros ecologistas. El ambientalismo aboga por una aproximación administrativa a los problemas medioambientales, convencido de que pueden ser resueltos sin cambios fundamentales en los actuales valores o modelos de producción y consumo. El ecologismo, en cambio, mantiene que una existencia sostenible y satisfactoria presupone cambios radicales en nuestra relación con el mundo natural no humano y en nuestra forma de vida social y política. En un caso se habla de acciones puntuales, en el otro de cambios mucho más profundos.

-¿Es que las acciones para salvar el planeta no están bien enfocadas?

-No. El discurso ambientalista tradicional ya no sirve. De hecho, gran parte de la retórica 'mainstream' se ha basado en promover un conjunto de acciones esporádicas, inconexas y superficiales supuestamente a favor del medioambiente. Este fenómeno ha sido bautizado como 'greenwashing' (traducido en español como 'eco blanqueamiento' o 'lavado verde'). Se trata de poner atención a soluciones-parches para evitar determinados focos de contaminación pero sin buscar o promover un cambio estructural como foco principal. Es el caso, por ejemplo, de las campañas para pedir el cierre de una central nuclear o impulsar soluciones como las placas solares que, si bien son necesarias, no son suficientes. 

- ¿Qué implica que el nuevo discurso ecologista se haya vuelto más tajante de lo que hasta ahora estábamos acostumbrados a oír?

- El discurso suena mucho más radical porque ya no se basa en plantear soluciones 'más verdes' sobre el sistema actual, sino que reivindica la necesidad de cambiar la estructura social y económica para salvar el planeta. La clave, según proponen los nuevos ecologistas, está en encontrar una alternativa al sistema capitalista neoliberal. Y es por eso que en su discurso no se habla solo de medioambiente sino también de otras ideas relacionadas con la justicia social como, por ejemplo, el de la economía solidaria, soberanía alimentaria, cooperativas de trabajo y decrecimiento, entre otros.

-¿Qué implica para nosotros, los ciudadanos, que se plantee esta nueva retórica ecologista?

-Estas ideas suenan mucho más drásticas de lo que estamos acostumbrados a oír porque nos obligan a salir de nuestra zona de confort para plantearnos hasta qué punto estamos dispuestos a cambiar nuestro estilo de vida para salvar el planeta y a nosotros como especie. Es decir, te desafía a que seas consecuente hasta el final con tus acciones diarias y de consumo, con tu estilo de vida como acción ética y política. Y si a alguien le parece que este nuevo discurso ecologista es muy radical, es que no ha entendido el estado de 'emergencia climática' en el que se encuentra el planeta y la necesidad de actuar ya. El planeta, y nosotros mismos, necesitamos un discurso más radical porque sino no se sostiene.

-¿Qué relación hay entre este nuevo ecologismo y otros movimientos sociales?

-Este nuevo discurso ecologista destaca porque relaciona todos estos problemas medioambientales con otros tipos de desigualdades. De ahí que en sus reivindicaciones confluyan diferentes tipos de lucha. Las nuevas generaciones de activistas argumentan que la defensa del medio ambiente está relacionada, por ejemplo, con otras desigualdades, sean estas por razones económicas, raciales o de género, entre otras. El nuevo ecologismo se trata, por lo tanto, de una fuerza emancipadora y de transformación social, y por eso no es casualidad que a su vez venga de la mano de mujeres activistas.

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-¿Qué conexión hay entre estas ideas y el feminismo, por ejemplo?

-El nexo de unión de estas ideas es el ecofeminismo decolonial, un movimiento que aboga por una lucha interseccional contra todas opresiones. Esto, además, plantea la necesidad de ser críticos con el modelo de desarrollo económico neoextractivista que ha generado desigualdad, pobreza e injusticia social en el sur global a costa de los privilegios y enriquecimiento de unos pocos en Europa. Numerosas activistas ambientales de estas "zonas de sacrificio" han sido desterradas y  masacradas por defender su lucha. Y es por eso que las redes internacionales de activistas son valiosas para dar voz a estas opresiones y ser conscientes de estas injusticias que ocurren todos los días mientras nuestras vidas siguen "silenciosamente" igual.