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MUESTRA CON EFECTOS 3D

Una exposición permite vivir en primera persona los efectos del cambio climático

La experiencia The Zone of Hope, en Barcelona, recrea inundaciones que llevarían el mar hasta los pies de Montjuïc

Anton Rosa

La experiencia The Zone of Hope. / THE ZONE OF HOPE

En Barcelona reina el caos. Una lancha motora avanza a toda velocidad por la avenida del Paral·lel. Estamos en el 2068 y donde antes circulaban coches, ahora solo lo hacen embarcaciones. La plaza de España se ha convertido en un entramado de canales donde las dos torres venecianas se sienten como en casa. El cielo gris ceniza contrasta con la potente gama de neones de los paneles publicitarios digitales. La ciudad tiene un aire al escenario de la película Blade Runner.

Ponerse en la piel de los barceloneses obligados a sobrevivir en este futuro distópico es el objetivo de la exposición The Zone of Hope (La zona de la esperanza). La experiencia que ha organizado Aigües de Barcelona con la colaboración de Mediapro permite a los visitantes trasladarse a una Barcelona asolada por los efectos del cambio climático sin moverse del Reial Cercle Artístic de Barcelona.

De la mano de Violeta, una niña que nace en el 2018, el espectador podrá vivir en primera persona cómo el calentamiento global del planeta afecta a la protagonista en tres escenarios y etapas diferentes de su vida.

Esta experiencia es posible gracias al entorno immersive extreme (inmersión extrema) generado utilizando sistemas de realidad virtual de última generación. El equipamiento que permite recrear y situar al público en este futuro casi apocalíptico en tres dimensiones y 360 grados está formado, entre otros, por unas gafas de realidad virtual y unos sensores colocados en manos y pies.

Del frío a las inundaciones

El recorrido virtual empieza en una cueva glaciar del Ártico en el 2038. Violeta ya tiene 20 años y estudia biología. Los visitantes no solo podrán sentir y palpar el frío en su propia carne, sino que también serán testigos de cómo cede el techo de la cavidad y de la drástica transformación del paisaje glaciar fruto del deshielo provocado por el calentamiento.

La siguiente parada de la experiencia sitúa al espectador en Barcelona tres décadas más tarde, en el 2068. Las graves inundaciones han convertido la ciudad en verdaderos canales venecianos y los equipos de emergencia no dan abasto para evacuar a la gente atrapada en edificios o que aún sigue en la calle.

El visitante se encuentra en una especie de montacargas con unas compuertas que Violeta se apresura a cerrar para poder subir a plantas donde no pueda llegar el agua. El aparato se detiene en lo más alto del edificio. Al abrirse las puertas, una terraza permite observar una plaza de España azotada por las inundaciones y donde el neón y las proyecciones tridimensionales son los protagonistas. La imagen de Harrison Ford bajándose de un coche volador no desentonaría.

El último escenario es un paraje desértico ubicado donde solía descansar el embalse de La Baells del río Llobregat. El calor es abrumador y la antigua presa resiste como un gran esqueleto de hormigón a la merced del polvo. Violeta acaba de cumplir 75 años. Nos invita a su casa en el mismo pantano. El agua es escasa y para que funcione el aire acondicionado hay que esperar largas horas.

A pesar del impacto que provoca la experiencia, el objetivo de la iniciativa es trasladar un mensaje de esperanza. La exposición concluye con una pieza audiovisual que recoge el testimonio de varias personalidades internacionales como Barack Obama, Al Gore o el Dalai Lama para intentar concienciar al público de que otro futuro para el planeta aún es posible.

Para incentivar el compromiso de los visitantes, un panel interactivo se cruza en el camino antes de abandonar la exposición para invitar al público a comprometerse con los efectos del cambio climático. Utilizar la bicicleta o reducir el volumen de residuos y de consumo de energía son algunas de las acciones que proponen. La entrada es gratuita para clientes de Agbar y para poder asistir es necesario reservar con 24 horas de antelación y ser un grupo de máximo cuatro personas.

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