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OTRA MANERA DE VER LAS COSAS

Fibrosis quística y ansiedad, dos trastornos con arte y humor

La artista gallega Elisa González y el cómico canario Aarón Gómez dan visibilidad a sus dolencias con gracia e ingenio

Olga Pereda

Elisa González, artista que visibiliza con humor la enfermedad que sufre, fibrosis quística, en sus obras y en su tesis doctoral.

Elisa González, artista que visibiliza con humor la enfermedad que sufre, fibrosis quística, en sus obras y en su tesis doctoral. / JOSÉ LUIS ROCA

El humor no tiene límites. Nos podemos reír de todo, hasta de la enfermedad. Elisa González (Vigo, 1991) se define como “tullida”. Sufre fibrosis quística, una dolencia rara y grave que puede llegar a ser letal y que limita mucho el día a día de los enfermos. La mucosidad invade su cuerpo. Tanto que Elisa -licenciada en Bellas Artes- ha decidido crear un personaje con uno de ellos. Un moco verde, gigante y simpático que la acompaña siempre allá donde va. Nació como una idea personal y ahora Crepitantes (sonido que produce el aire al encontrarse con mucosidad) es una obra artística.

La ansiedad no es una enfermedad grave, pero sí un trastorno que “te quita años de vida”. Aarón Gómez, cómico canario, la sufre desde que tenía 18 años. Ahora tiene 38 y ha decidido visibilizarla con un corto humorístico que ha sido todo un pelotazo en las redes sociales. ¿Por qué esconderse cuando puedes explicarle al mundo lo que te pasa y, encima, reírte de ello? Hablamos con ambos y nos lo cuentan.

Elisa González y su risueño y simpático moco

La fibrosis quística es un trastorno genético que afecta a los pulmones y el sistema digestivo (páncreas incluido). Es una enfermedad rara, pero más frecuente de lo que pensamos. Se suele diagnosticar a muy temprana edad. En el caso de Elisa González -conocida como Elienígena- no fue así porque no tenía todos los síntomas y los médicos consideraron leve su caso. Hasta que con 18 años hizo las maletas y se vino a Madrid para estudiar la carrera de Bellas Artes. No habían pasado ni cinco días y ya tuvo que ser ingresada. Una vez diagnosticada, lo afrontó como pudo.

Los problemas serios aparecieron al zambullirse en el mercado laboral. Como todo recién licenciado, quiso pisar fuerte y comerse el mundo. Pero los proyectos artísticos y publicitarios en los que se embarcó (uno de ellos, en el Reina Sofía) suponían un esfuerzo físico y psicológico tan fuerte que su cuerpo no lo aguantó. La fibrosis disminuye la calidad pulmonar del enfermo. Exige ser muy estricto con una dieta hipercalórica pero sana y con los tiempos para hacer fisioterapia y estar con los inhaladores (ambas cosa, dos veces al día).

En 2016 tuvo que ingresar en el hospital. Dos veces en menos de seis meses. Estaba tan cansada que reventó. Se quedó sin energía. Se mareaba y no podía ni andar bien. “Empecé a ser consciente de que la fibrosis quística no me iba a dejar trabajar con normalidad el resto de mi vida. Yo no lo aceptaba. Pero un día, rodeada de enfermeras amables, vitalistas, generosas y profesionales, pensé que podía usar mi enfermedad para hacer algo optimista que a mí me gusta mucho: pintar. Pintar mis mocos, esos que me acompañan siempre, esos que no me dejan vivir con normalidad”. La fibrosis, como toda enfermedad, está asociada a términos médicos que suenan muy duros. Pero Elisa optó por llamar a su proyecto Crepitantes y hacer que su moco protagonista fuera un ser amable, feliz y risueño. ¿Es una coliflor? No, es un moco, una explosión de color. Un moco que invade la cabeza de una joven (no siempre son autorretratos) y que la acompaña a todas partes, también al cine. Un compañero inevitable al que hay que aceptar y querer.

“Pensé que este proyecto personal me serviría como terapia para mí misma. Así podría aceptar que soy una tullida”, explica. En 2017 abrió una cuenta de Instagram con el nombre de su proyecto: Crepitantes. “Lo hice como algo personal. No tenía mayores expectativas pero en poco tiempo tuve una avalancha de seguidores. Vi que había demanda”, sonríe.

A raíz de su perfil en las redes sociales los medios de comunicación empezaron a llamarla para entrevistarla. La Federación de Fibrosis también se puso en contacto con ella para realizar colaboraciones. Así que lo que empezó como un pasa tiempo de hospital ha terminado siendo su profesión. A punto de iniciar un contrato como investigadora en la universidad Complutense de Madrid, Elisa está inmersa en una tesis doctoral con el título ‘Crepitantes: comunidades artísticas de aprendizaje en torno a la fibrosis quistica’.

Una de las obras de Elisa González, que dibuja los mocos que invaden su cuerpo

Los mocos de Elisa han estado en ferias y galerías como La Llama, de Barcelona. Para el Instituto de la Juventud realizó una instalación en la que creó una habitación y escondió mocos para que los encontrara el público. Es más, Crepitantes es finalista de un premio internacional de artes plásticas. El 4 de junio sabrá si gana.

Elisa -cuya pareja es humorista- defiende a capa y espada el humor para enfrentarse a la vida y a la enfermedad. “No soy nada ni nadie sin el humor. Procuro huir de lo trascendental”, explica mientras detalla que su moco artístico suele ir acompañado de otro elemento fundamental en su vida: los rollos de papel higiénico. “No veas el presupuesto en papel que tenemos los enfermos de fibrosis quística. La gente parece que compra a escondidas el papel de baño. Nosotros, al por mayor”.

La artista gallega está pletórica de haber encontrado un estupendo camino laboral, que además está sirviendo a mucha gente, otros enfermos que encuentran en sus dibujos una manera de sentir que no están solos y que hay esperanza. “Me ilusiona poder ayudar a gente. Me escriben cosas muy bonitas en las redes sociales”.

Crepitantes se basa en la aceptación de la enfermedad, convertirla en algo positivo que motive a los enfermos a continuar con el tratamiento. Para los que no la conozcan, es una manera lúdica y colorista de presentársela. Con ustedes, la fibrosis quística.

Aarón Gómez. El cómico ansioso

Aarón Gómez, cómico canario que se burla de la ansiedad que sufre en un corto humorístico

Aarón Gómez tiene 38 años. Sufre ansiedad desde los 18. No sabe muy bien por qué. No hubo un detonante concreto. Pensó que sería un problema de ida y vuelta. Y no pidió ayuda. Error. Sufrió la angustia en soledad.

A los 18, teniendo ya claro que su profesión sería artística, desembarcó en Madrid (que más que otra ciudad es “otro planeta” para los canarios) para estudiar una carrera “seria”, como le habían dicho en casa. Apostó por Diseño industrial. No aguantó mucho. Volvió a su isla natal, Tenerife, y se matriculó en Administración de Empresas Turísticas. Tampoco la terminó. La tercera opción, en la que si se graduó, fue Publicidad. Y todos estos años, con la ansiedad colgada a su espalda.

“Tardé mucho tiempo en tomar medidas. Pensé que era algo físico y no psicológico. No le di la importancia que tiene. Hasta que un día un amigo me enseñó un libro que hablaba de todos mis síntomas. Acudí a la consulta de un psiquiatra y un psicólogo. Me medicaron, me trataron los síntomas, pero no la raíz del problema. La ansiedad me hizo perder años de juventud”. Cuatro años atrás, Aarón acudió otro psicólogo, un estupendo profesional que le cambió -para bien- la vida. Por fin.

 

Hace unos días estaba con una amigo pensando en dar un paseo por la playa y, sobre la marcha, decidió hacer un vídeo humorístico, casero y totalmente improvisado, sobre la ansiedad. Redactaron una especie de guion en escasos minutos y se pusieron a ello. El corto -un verdadero pelotazo en las redes sociales que termina con una invitación a pedir ayuda a todo el que sienta ansiedad- cuenta cómo Aarón tiene la visita inoportuna de la ansiedad: algo que te hace tartamudear y no ver del todo bien. Algo que te golpea en el pecho, algo que hace que te despiertes de sopetón y con angustia. Algo que no se separa de ti. El vídeo rezuma humor. “Reírte de un problema significa que lo has superado. O, al menos, que lo intentas. Con el humor se puede digerir el mundo”.

Aarón ya había incluido alguna píldora humorística sobre la ansiedad en alguno de sus monólogos. A partir de ahora, usará la ansiedad como material de humor, pero tampoco mucho, no vaya a ser que el trastorno crezca de nuevo en su cuerpo y en su cabeza. Cuidado.