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Dani Mateo: no te sonarás con la bandera

EL PERSONAJE DE LA SEMANA

Dani Mateo: no te sonarás con la bandera

El humorista pasa una semana larga de pasión tras usar la enseña española como 'kleenex' en un gag de 'El Intermedio'

Juan Fernández

La española no será una democracia madura hasta el día en que contemos con un plantel de cómicos de derechas homologable al que suele cargar sus dardos con la mano izquierda. Resulta notorio el absentismo conservador en el campo de batalla de la risa, salvo que se consideren humorísticos los comentarios rancios de Carlos Herrera y su claque de tertulianos de la Cadena Cope a cuento del canalillo de la ministra Carmen Calvo y otras expresiones de similar ralea. Esta carencia no solo nos priva de un montón de ocasiones para la carcajada; también deja al humor progre sin el espejo donde mirarse para contrastar los efectos de sus golpes y calcular los límites de sus provocaciones. 

A falta de referentes en el lado contrario, a los cómicos de izquierdas les toca arder en la plaza pública de vez en cuando debido a su afición a pisar callos sensibles y meter sus sátiros dedos en asuntos considerados sagrados por una parte de la población. El último en sumarse al martirologio del humor ha sido Dani Mateo (Granollers, 1979), señalado esta semana como la encarnación del anticristo por quienes se sintieron ofendidos al verle sonándose las narices con la bandera de España en un 'sketch' de 'El Intermedio' (La Sexta).

El precedente de Ana Morgade

No es la primera vez que la enseña nacional es usada para trasegar mocos en la tele –Ana Morgade hizo lo mismo en 'El Club de la Comedia' hace cuatro años sin que nadie le afeara el gag– ni es la rojigualda la única bandera que ha salido mal parada delante de unas cámaras –Empar Moliner ya destrozó una estelada en 'Els matins' de TV3 en el 2016 y, este lunes, Toni Soler, en 'Està passant', se sonó las narices con 'kleenex' pintados con los colores de la senyera–. Pero la urticaria nacional anda últimamente especialmente irritable y las bromas con los símbolos patrios que en otros tiempos solo habrían generado risas flojas o muecas de desdén ahora provocan incitaciones a la Cruzada.

Que se lo digan a Mateo, que en los últimos días ha recibido una avalancha de insultos y amenazas en las redes sociales que ha acabado afectando a sus familiares –hasta su novia, la modelo Yasmina Paiman, se ha visto salpicada por la polémica–, sus compromisos publicitarios –la clínica Baviera, que le usaba como reclamo, ha cancelado el contrato que les unía– y sus negocios –el Ideal, su bar del barrio madrileño de Malasaña, ha sido boicoteado en internet.

Sacar punta a la fiebre de las banderas

De nada han servido los intentos del cómico por explicar que la intención del gag –escrito por los guionistas del programa, no por él– no era ultrajar a la nación española ni a sus ciudadanos, sino sacarle punta a la fiebre que se ha desatado en este país con las banderas. Mateo ha confesado que en el momento de escenificar el 'sketch' dio por hecho que en las redes le iban a zurrar de lo lindo, como le ocurrió siempre que hizo chistes salpimentados con la provocación, pero esta vez la campaña desatada en su contra ha superado sus peores temores y hasta el propio programa, en boca de su presentador, El Gran Wyoming, se ha visto obligado a pedir disculpas.

Abierta la veda y desatada la urticaria, las propuestas más alocadas para que el cómico purgue sus pecados han oscilado entre los 1.000 euros de recompensa que ha ofrecido el consejero de Educación de Ceuta –y primo de Rajoy– Javier Celaya Brey al valiente que «le parta la cara a tan magno bellaco», según sus propias palabras, y la invitación a recibirle a pedradas en el teatro de Ciudad Real donde tenía programado actuar este viernes en compañía de los humoristas Raúl Cimas y J. J. Vaquero.

Ofensas digitales

En la era de las ofensas digitales las tormentas pasan volando y la sangre no suele desbordar las pantallas. La polémica de Mateo y su bandera quedará pronto olvidada y será sepultada por nuevas ofensas a cuento de nuevos chistes. Lo lógico sería contestar con humor mordaz al humor que pica, pero la falta de cómicos en todo el espectro ideológico hace que sean siempre los mismos los graciosos y los que se ofenden. 

La única herencia que dejará este rifirrafe será haber descubierto el color de uno de los límites del humor: rojigualdo. Probablemente, en el futuro, Dani Mateo se lo pensará dos veces antes de hacer otro gag con la bandera española, pero lo que ya ha anunciado que no hará nunca es renunciar al humor como actitud personal y forma de ganarse la vida. «Este es mi trabajo y tengo que apechugar, por eso me dediqué a la comedia, para hacer la realidad más llevadera», escribió en su cuenta de Twitter cuando más arreciaban los ataques. En el 2014 publicó un libro titulado 'La risa os hará libres'. La polémica de la bandera le ha brindado el título del próximo: la libertad tenía un precio.