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Lady Amelia Windsor.

LA MODA EXPRIME EL FILÓN DEL GLAMUR HERÁLDICO

¡Aristócratas, a la pasarela!

Núria Marrón

Desde que la revista 'Tatler', decana biblia del esnobismo y los estilos de vida, sacó las trompetas y anunció  en portada a Lady Amelia Windsor como «el miembro más bello de la familia real», la industria de la moda parece haber encontrado en las jóvenes aristócratas con ademán de vivir mentalmente entre Instagram y la caza del faisán una salida de emergencia –convendrán que perezosa– al despiste general que cunde en un sector permanentemente 'trolleado' por la crítica feminista.

Hace tiempo que el arte, el humor y la crítica cultural pusieron el foco en el inconsciente del glamur, y empezaron a hacer chanza e impugnar desde los cánones estéticos y las poses absurdas con las que a menudo aparecen las modelos -y que abonan el tóxico mito de que la sexualidad femenina es algo accesible y siempre disponible-, hasta ese cliché sexualizado que representa a la mujer de forma pasiva y vulnerable, y que en sus casos de mayor delirio ha inspirado un repertorio de campañas que glamurizan la violencia sexual, la muerte y los asesinatos. La moda, es cierto, siempre ha tenido una relación problemática con el feminismo, pero si ahora, y más aún tras el #metoo, estos 'grandes clásicos' del sector huelen a aguas fecales, ¿qué filones deben exprimirse para seguir vendiendo?, deben de andar preguntándose, con mayor o menor desesperación, directores creativos y de márketing. 

Diversidad racial y 'noblesse oblige'

Mathilda Mélusine, nieta del noveno príncipe de Cerveteri, amigo de Cocteau y Picasso. 

Pues bien: ya tenemos algunas pistas. En las últimas campañas y desfiles, han empezado a sonar cuatro estribillos: la contestación cuqui, la diversidad racial, una coreografiada sororidad y... el 'noblesse oblige' que encuentran en jóvenes aristócratas, por supuesto jóvenes y bellas, que ya fueron llamadas a filas para la campaña de invierno de Dolce & Gabbana y que últimamente andan multiplicándose por revistas y pasarelas. Junto a Lady Amelia –22 años y 36ª en la línea de sucesión al trono británico–, engrosan este baile de debutantes global Eleonore de Habsburgo, nieta del barón ThyssenLady Kitty Spencer, sobrina de la princesa DianaZita d’Hauteville, hija de un conde francés que concilia la beneficiencia, la moda y los estudios de negocios; Mathilda Melusine, cuyos pasatiempos preferidos son hacerse selfis entre las glicinas del palacio familiar y hablar de su abuelo, el 9º príncipe de Cerveteri, compañero de correrías de CocteauDalí Picasso, y las hermanas Manners, ese eslabón perdido entre las Kardashian y 'Downton Abbey' que cuentan en su genealogía familiar con quizá la primera prescriptora aristocrática de la modernidad: Lady Diana Cooper.

Nobleza aspiracional

Zita d'Hauteville. 

Que el márketing y la crónica social siempre han olisqueado en el hueso aspiracional de la aristocracia lo demuestra que esta hija del octavo duque de Rutland ya fue inventariada por la prensa tras la primera guerra mundial como la «la joven más bella de Inglaterra». Esposa del diplomático Duff CooperLady Diana exprimió los años 20 con el espíritu de los tiempos: con despreocupación y a lo loco. Así, se cortó el pelo, conducía a gran velocidad, participó en un puñado de películas mudas, escribió columnas, coleccionó amantes y convirtió Europa en su pista de baile mientras la revista 'Time' la coronaba en la portada de febrero de 1926.

Lady Diana Cooper. 

Cabe decir que, por aquellos tiempos, ser 'influencer' abría más puertas que las de la zona vip del festival de Coachella. Y prueba de ellos son los tres volúmenes de sus memorias, que pusieron la letra pequeña y maliciosa al 'auca' de la época. ¿Alguna maldad? La dama contaba que a Churchill, de «trato difícil hasta que el champán lo calentaba», debían levantarlo con una cuerda cuando sucumbía a su habitual «sucesión de whiskis y brandis»; que la reina Isabel tenía una «educación abominable», y que a Wallis Simpson le gustaban tanto las anfetaminas como su amante bisexual Jimmy Donaghue. La huracanada Lady, además, inspiró personajes literarios de Nancy Mitford y Scott Fitzgerald, que de momento aún es algo más emocionante que cuajar de marcas y estilos de vida las redes sociales. 

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