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LIBERTAD CONDICIONAL

Sex shop, en el barrio de Sants de Barcelona.

JOSEP GARCIA

El timo consumista de la liberación sexual

Lucía Etxebarria

Estaba yo viendo una serie bastante mala de televisión pero de esas que consiguen picos de audiencia. La escena era la siguiente: Tres mujeres de unos treinta años. Una es profesora, la otra dentista, la tercera mánager. Hablan del obrero que le está haciendo la reforma del piso a otra. La profesora: «Con ese culo, a ese sí que le daba yo un … repaso de materia». Risas. La mánager: «Yo haría que me desatascara la tubería». La dentista: «Ver su caja de herramientas... bueno, la herramienta». Más risas. 
Imaginemos que la escena la protagonizaran tres hombres y hablaran de una mujer. Las feministas pondríamos el grito en el cielo. Por esa razón, me parece de un horrible mal gusto esa escena. Si no quiero que me miren como objeto sexual y que hablen de mí en tono despreciativo, tampoco quiero que lo hagan unas mujeres respecto a un hombre. 
Pero es que las mujeres no hablan así. Los dos guionistas de la serie son... ¡dos hombres!  Yo jamás, en 50 años de mi vida, he escuchado a una mujer hablar así.

No es moderno, es reaccionario 

No dudo de que habrá mujeres que lo hagan. Precisamente porque lo ven en series de televisión y creen que si hablan así van a sonar muy modernas y liberadas. Pues no, nena: suenas a gañán machirulo de tercera regional, pero con tetas. Y te crees muy liberada, pero eres muy reaccionaria. No estás haciendo otra cosa que bailar al son de la música que el sistema consumista te está tocando. 
De repente se ha puesto de moda entre hombres y mujeres, heteros, gais, lesbianas, referirse a otras personas como objetos sexuales. Me he sentido mercancía tantas veces, he sido utilizada tantas veces, que ya nada me sorprende ni me escandaliza. Pero sí que me entristece. 

"Me he sentido mercancía tantas 
veces, que ya nada 
me escandaliza. Pero sí me entristece"

En nuestra sociedad consumista, los vínculos duraderos despiertan sospechas. No parecen rentables desde la lógica del costo-beneficio. Como es natural, esto también afecta a nuestra sexualidad. Si cambiamos de móvil cada año, de trabajo cada dos años, de coche cada tres, de ordenador cada cuatro, ¿por qué vamos a tener siempre el mismo modelo de amante?

Tenemos que consumir muy rápido. Cambiar rápidamente de modelo. Porque cuando se patina sobre hielo fino, hay que hacerlo muy rápido para que el hielo no se resquebraje.

Novedad y consumo

Vivimos en el mundo de lo 'light', de lo pasteurizado. Del uso y del descarte. De los polvos rápidos y la música electrónica. De la novedad y el consumo. Se sustituye el sexo por el amor, la cantidad por la calidad. Las relaciones sexuales se han fragilizado tanto que parecen de cristal.
Pero hablar de un hombre o una mujer como si estuvieras hablando de una muñeca hinchable no nos convierte a ninguno o ninguna en unos avanzados librepensadores. Nos degrada tanto como a la persona a la que degradamos. Ignorar las capacidades intelectuales y espirituales de una persona para reducirla a un mero objeto de placer lleva a que quien se ve como objeto acabe sintiendo depresión, ansiedad, vergüenza, asco de sí mismo. Y degrada a quien cosifica, porque pasa de ser un ser humano sensible a un simple depredador. 

La sexualidad es hoy un mercado de intercambios en donde nadie intercambia nada porque todo el mundo se mira el ombligo

La sexualidad, que por años fue un secreto, se ha vuelto hoy día un objeto, un mercado de intercambios en donde nadie intercambia nada, porque todo el mundo se limita a mirarse el ombligo. Se trata de un neo-canibalismo: consumir gente.

Nueva mina de oro

Nuestra cultura nos vende una falsa idea de la independencia y la libertad como productos. Nos han dicho que amar es depender, que vincularnos es atarnos, que dar es perder. 

Pero ese sexo de consumo, publicitado y vendido como el auténticamente liberado, ¿es libre? El mercado ha encontrado una nueva mina de oro y está dispuesto a explotarla hasta el límite. Todavía queda un largo camino que recorrer para que la sexualidad y el placer sexual sean un beneficio al que TODOS los individuos puedan acceder sin ningún tipo de estigma. Cuando digo «todos» incluyo a  los gordos, los ancianos, los pobres... Todas esas personas a las que nuestra sociedad considera poco glamurosas, infollables. Aquí, si no pagas ( gimnasio, depilación, dietas, ropa cara, cremas), no follas. 
Seguimos dentro de una sociedad coitocentrista en la que el discurso dominante se basa en el etiquetaje y la delimitación. 
Y somos más libres, más libres, sí. 
Más libres para comprar. 
 

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