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25 AÑOS DE LOS JJOO

Barcelona da la mano a los otros Juegos

La ciudad dignificó los Paralímpicos dedicándole idéntico equipo organizativo y el mismo esfuerzo

Joan Carles Armengol

Miles de manos blancas dieron la bienvenida a los JJPP en la ceremonia inaugural que llenó Montjuïc de calor.

Miles de manos blancas dieron la bienvenida a los JJPP en la ceremonia inaugural que llenó Montjuïc de calor. / JOSEP GARCIA

Además de organizar los «mejores Juegos Olímpicos de la historia», según palabras de Juan Antonio Samaranch en la clausura del 9 de agosto, la Barcelona del 92 tuvo la virtud de relanzar unos Juegos que desde entonces se celebrarían siempre en paralelo con el gran acontecimiento mundial. Se trata de los Juegos Paralímpicos, que del 3 al 14 de septiembre de 1992 discurrieron en la capital catalana con la misma dedicación, dignidad y equipo organizativo que se habían dedicado apenas un mes antes a su hermano mayor.

Se trataba de la novena edición de los Paralímpicos (nacidos en Roma en 1960), pero fue la primera en que la organización corrió a cargo del mismo equipo. El COOB destinó un presupuesto de 9.500 millones de pesetas (el 40% aportación de la Fundación ONCE) para el festival de los deportistas paralímpicos, la cita cuatrienal de personas con discapacidades físicas o sensoriales que se agrupan en cuatro grandes colectivos: ciegos y deficientes visuales, parapléjicos y tetrapléjicos, parálisis cerebral, y amputados.

El esquema fue el mismo de los Juegos de un mes y medio antes. Los 3.020 atletas de 82 países se alojaron en la Vila Olímpica del Poblenou, delante del mar, dispuestos a participar en los 15 deportes del programa, de los cuales solo dos eran concebidos propiamente como paralímpicos: boccia y goalball. Los otros 13 (atletismo, baloncesto, ciclismo, esgrima, fútbol 7, halterofilia, judo, natación, tenis, tenis de mesa, tiro con arco, tiro olímpico y voleibol), con sus adaptaciones, eran los mismos del programa olímpico, como eran las mismas las principales instalaciones utilizadas, con las de la Anella Olímpica en cabeza: Estadi Olímpic, Palau Sant Jordi y Piscines Picornell.

BRILLANTE APERTURA

El recorrido de la antorcha durante cuatro días y 200 kilómetros por 30 poblaciones catalanas, más los 10 distritos de Barcelona, preludió una brillante ceremonia inaugural de tres horas en las que 60.000 personas, armadas con enormes manos blancas para animar, llenaron el Estadi de Montjuïc. Antonio Rebollo repitió con éxito el encendido del pebetero con una flecha ardiendo y la mascota paralímpica, Petra (una simpática chica sin brazos), descendió desde el reloj de la Puerta de Maratón a lomos de la moto trialera de Gabino Renales, en uno de los momentos más emotivos de la apertura.

2,3 millones de espectadores dieron calor, y el equipo español correspondió con 107 medallas

No faltaron tampoco, junto con el desfile de los atletas, las actuaciones de Montserrat Caballé y Joan Manuel Serrat. «Todos somos minusválidos de alguna manera», recordó en su parlamento el alcalde Pasqual Maragall, acompañado en el palco por Samaranch, Jordi Pujol y la reina Sofía, presidenta de honor de los Juegos Paralímpicos (JJPP).

La entusiasta participación del público fue el preludio de casi dos semanas de unos grandes Juegos, si bien en los primeros días la asistencia a las competiciones no fue tan alta como era deseable. El magnífico papel de los deportistas españoles fue animando la asistencia y los Paralímpicos acabaron a lo grande, con la consagración de algunos nombres que vivieron su momento de gloria.

España venía de conseguir 43 medallas (18 de oro, 13 de plata y 12 de bronce) en los Juegos Paralímpicos anteriores, los de Seúl-88. En Barcelona, esa cifra la alcanzó solamente con la natación, mientras que el atletismo, deporte rey de cualquier Juegos, llegó a las 48 medallas. En total, la numerosa delegación anfitriona, con 299 deportistas,  se hizo con 107 medallas (34 de oro, 31 de plata y 42 de bronce), lo que la situó en el cuarto lugar del medallero, solo por detrás de Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña. Un éxito deportivo que acompañó al organizativo, como había sucedido también en los Juegos Olímpicos de un mes y medio antes.

RÉCORDS Y TROPIEZO FINAL

En los 12 días de competición se establecieron 279 nuevos récords del mundo (119 en natación) en las 489 pruebas del programa, y se alcanzó otro récord, el de asistentes presenciales, con casi 2,3 millones de espectadores. Unos 1.000 periodistas y 35 canales de televisión y radio se encargaron de distribuir la información por el mundo. Pero los Paralímpicos no son solo cifras, sino sobre todo sentimientos, en un colectivo especial en el que el deporte supone sobre todo una ayuda inestimable en la rehabilitación médica y social de personas con discapacidades. Barcelona-92 tuvo, en este sentido, a su reina y a su rey, surgidos de la delegación española.

Puri Santamarta y Javier Conde fueron los reyes del atletismo, con cuatro oros

Purificación Santamarta, una vendedora de cupones de la ONCE de Burgos que se solía mover con un perro guía debido a su ceguera, se ganó el corazón del público por su coraje. En sus quintos Juegos, ganó cuatro medallas de oro en todas las distancias desde los 100 hasta 800 metros, con la ayuda de un atleta guía que le gritaba las consignas para hacerse oír por encima del bullicio de la gente. El rey fue Javier Conde, un bilbaíno con discapacidad en un brazo, que se colgó otros cuatro oros en 800, 5.000 y 10.000 metros, y el maratón. Luego, Conde ha proseguido con su brillante carrera disputando maratones en todas las ciudades del mundo que han acogido unos Juegos Paralímpicos. Tras 12 días de hazañas e historias similares, Barcelona cerró su ciclo de Juegos con uno de los pocos borrones en aquel verano mágico del 92. La ceremonia de clausura, menos trabajada que las tres anteriores, se vio salpicada de abucheos y protestas del público por un larguísimo cuadro flamenco de El Farruco y su grupo, que rompió el ritmo de la fiesta final. Los Manolos remontaron con su 'Amigos para siempre'. 

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