Conflicto de Oriente Próximo

¿Gaza sin Hamás? Por qué los planes de Europa y EEUU para después de la guerra son una fantasía

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Los líderes de Hamás, Ismail Haniyeh y Khaled Meshal, saludan a sus seguidores al entrar en Gaza en diciembre de 2012.

Los líderes de Hamás, Ismail Haniyeh y Khaled Meshal, saludan a sus seguidores al entrar en Gaza en diciembre de 2012. / Ahmed Jadallah / Reuters

Ricardo Mir de Francia

Ricardo Mir de Francia

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Como ya sucedió en Irak a principios del milenio, Estados Unidos y la Unión Europea vuelven a estar instalados en la fantasía como plan de acción para resolver el conflicto de Oriente Próximo. Ambos aspiran a que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) se haga cargo de Gaza una vez concluya la ofensiva militar israelí, que está convirtiendo la Franja en un solar inhabitable. Ese objetivo, teóricamente indispensable para poder lanzar un proceso de paz, va acompañado de una segunda premisa: Hamás no puede desempeñar ningún papel en la Gaza posbélica ni en el horizonte político que se pretende abrir cuando callen las bombas. Es también lo que quiere Israel, que ha prometido “destruir” a la milicia islamista. Unos planes de muy difícil encaje con la complicada realidad palestina.

Es imposible saber qué quedará de Hamás cuando cesen definitivamente las hostilidades, un movimiento que ha gobernado Gaza sin oposición desde 2007, cuando neutralizó con las armas el golpe frustrado de sus rivales de Al Fatah para arrebatarle el poder obtenido un año antes en las urnas, las primeras elecciones a las que concurría. No hay datos fehacientes de cuántos miliciano han sido eliminados, pero según fuentes de la seguridad israelí citadas por ‘The Guardian’, la cifra no superaría los 2.000 efectivos de los cerca de 30.000 que Hamás tenía antes de su brutal ataque terrorista sobre el sur de Israel, que dejó cerca de 1.200 muertos y puso en marcha esta última guerra el pasado 7 de octubre. 

Esas bajas incluyen a algunos de sus comandantes, particularmente en el norte de Gaza, pero ni han perdido el control de la Franja ni a ninguno de sus líderes políticos y militares, como Yahya Sinwar, Mohamed Deif o Marwan Issa. Si a todo eso se añade que Hamás cuenta con un fuerte respaldo popular en Cisjordania y Jerusalén Este –territorios donde opera en la clandestinidad-- o que es la fuerza hegemónica en los campos de refugiados de la diáspora, se puede afirmar sin miedo a equivocarse que no desaparecerá, por más mermada que pueda quedar su capacidad militar en Gaza. 

Y es ahí donde empezarán los problemas para Washington y Bruselas, que consideran a Hamás una “organización terrorista” --al igual que Israel y otros cuatro países, todos occidentales menos Paraguay-- y quieren negarle un espacio en el futuro posbélico de Gaza y sus planes para solucionar el conflicto en el conjunto de Palestina. “¿Quién es hoy el líder palestino? Es Hamás, les guste o no”, dijo hace unos días el dirigente laico y moderado Sari Nusseibeh, quien fuera presidente de la Universidad de Al Quds. “En estos momentos Hamás es percibido como el principal representante de los intereses palestinos porque nadie más los está defendiendo. La ANP no entra en la mente del pueblo”, añadió Nussibeh.

Más popular que la Autoridad Palestina

Para la mayoría de palestinos Hamás es hoy la única organización que resiste activamente la ocupación militar israelí, amén de un proyecto político de corte islamista. Antes de la guerra su popularidad estaba en caída libre, pero aun así superaba a la ANP en Ramala. Según un sondeo del Palestinian Center for Policy and Survey Research (PSR), si se hubieran celebrado elecciones un mes antes del fatídico 7 de octubre, el presidente Mahmud Abás hubiera obtenido el 37% de los votos frente al 58% de Ismail Haniyeh, el líder de Hamás.

Desde entonces el péndulo se ha inclinado todavía más a favor de los islamistas. No solo porque han logrado romper el inmovilismo y redirigir la atención internacional hacia un conflicto que había quedado olvidado, sino porque los palestinos han dejado de creer en la ANP y su presidente. Un Mahmud Abás que ha cumplido 88 años. Su administración se percibe como corrupta, autoritaria e ineficiente. Pero su mayor pecado es haberse convertido a ojos de la ciudadanía en una subcontrata de la ocupación israelí, un vínculo que ni siquiera ha tratado de romper desde que comenzara la devastación de Gaza.

La apuesta de Bruselas ha perdido la legitimidad

Eso ha hecho que el 66% de los palestinos en Cisjordania vean a la ANP como un obstáculo y que el 85% quieran que Abás dimita, según el último sondeo del PSR, realizado tras el inicio de la contienda. Por eso llama la atención la insistencia de Bruselas en apostar por un caballo sin fuelle, por más que sea el principal abanderado de una solución pacífica al conflicto que no tiene interlocutor (ni correspondencia) en Israel desde hace al menos una década. “No veo otro actor políticamente más legitimado para tomar el control de Gaza y que el terrorismo se erradique”, dijo este semana Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, durante la Cumbre de la Unión por el Mediterráneo, celebrada en Barcelona. Borrell reconoció que la ANP no es perfecta, pero también subrayó que, en las circunstancias actuales, no hay tiempo para celebrar elecciones. 

También Washington apuesta por la ANP para hacerse cargo de Gaza, aunque en su caso habla de “una ANP revitalizada”, un concepto que no ha desgranado. La idea ni siquiera convence a los propios interesados, conscientes de que sería un suicidio a menos de que la transferencia del poder se produzca en medio de un proceso político con Israel serio, creíble y avanzado, un escenario que hoy no existe. “Que vuelva la Autoridad Palestina a Gaza para hacerse cargo de sus asuntos sin una solución política para Cisjordania sería como volver a lomos de un tanque o un F-16 israelí”, ha dicho el primer ministro palestino, Mohammed Shtayyeh (ANP).

Tampoco Netanyahu acepta la idea de europeos y estadounidenses, ya que serviría para dejar los territorios ocupados bajo un único liderazgo, algo contra lo que ha trabajado activamente durante años, el primer paso para que pueda haber un Estado palestino, rechazado frontalmente por su Gobierno. Su plan confeso es que Israel se haga cargo de “toda seguridad en Gaza” durante un periodo indefinido, según dijo a principios de noviembre.

Integración de Hamás en la OLP

Desde la sociedad civil palestina se apuntan al menos dos posibles soluciones al entuerto. La celebración de elecciones, que serían las primeras en casi dos décadas, o que Hamás se integre en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) junto a Al Fatah y el resto de facciones para crear un liderazgo unificado en el que quepan todos. Una opción que se ha intentado varias veces sin éxito, la última a principios de 2021, cuando la presión de Israel y EEUU acabó dejando en papel mojado el acuerdo alcanzado entre las dos principales facciones palestinas.

Lo demás será difícil que funcione porque Hamás no va a desaparecer y, como ha demostrado en varios momentos de los últimos 30 años, es muy capaz de dinamitar soluciones en las que no cree o de las que ha sido excluido. Le basta un cinturón explosivo y uno de los 'mártires' que harán cola para vengar a sus familias en Gaza, Jerusalén Este o Cisjordania. Por eso esta semana, mientras Borrell insistía en la ANP como único timonel posible para la Gaza posapocalíptica que está dejando Israel, su colega jordano miraba hacia otro lado. “Son los palestinos los que tienen que decidir quién les gobierna”, dijo nada más recobrar la palabra el canciller jordano Ayman Safadi.