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Turquía: tan cerca y tan lejos de Europa

Las elecciones de Turquía, entre dos terremotos

Turquía vira a la derecha en unas elecciones clave

Las negociaciones de adhesión a la UE están congeladas desde el año 2018 tras la a deriva autocrática de Erdogan

Una mujer turca ondea una bandera junto a un inmenso retrato de Erdogan.

Una mujer turca ondea una bandera junto a un inmenso retrato de Erdogan. / DPA / EUROPA PRESS

Silvia Martinez

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Turquía sigue siendo un socio estratégico de la Unión Europea, particularmente en áreas como la lucha contra el terrorismo, la seguridad y la inmigración, un aliado comercial clave y un país candidato a la adhesión -presentó su candidatura en 1987- desde el año 1999. Su camino hacia el club europeo, que arrancó finalmente tras décadas de espera en octubre de 2005, lleva no obstante en el impasse más absoluto y congelado desde junio de 2018. Aquel año los gobiernos europeos condenaron las “constantes acciones ilegales de Turquía en el Mediterráneo oriental y el mar Egeo”, decidieron que no se daban las condiciones ni para abrir ni para cerrar ninguno de los capítulos que conforman el procedimiento de adhesión y constataron el descarrilamiento de unas negociaciones que a día de hoy siguen en el limbo.

“La Unión Europea ha apreciado desde hace mucho tiempo una absoluta falta de voluntad política de avanzar con las reformas democráticas. La apreciación de todas las instituciones, tanto de la Comisión como del Parlamento, no es solo que se haya parado el proceso de reformas sino que hay un obvio retroceso en materia de libertades fundamentales y estado de derecho desde todos los puntos de vista: libertad de expresión, de reunión, acoso a la prensa, uso de los medios públicos al servicio del gobierno… Todo el catálogo de desastres democráticos se dan en Turquía y, por tanto, la decisión de la UE fue la de congelar y no volver a abrir y cerrar capítulos”, explica a EL PERIÓDICO el eurodiputado y ponente de los informes sobre Turquía de la Eurocámara, el socialista español Nacho Sánchez Amor.

Una decisión que hoy por hoy mantiene cerrada a cal y canto la puerta del club. “Seguimos siendo un club de democracias y para entrar hay que ser una democracia completa. ¿Qué se oye en Turquía? Que como les necesitamos desde el punto de vista geopolítico, no demos la lata con los derechos humanos. ¡Eso no va a pasar!. Podemos tener otros formatos (en los que cooperar) como la comunidad politica europea -inaugurada el año pasado- pero para ser miembro de la UE tienen que cumplir los criterios de Copenhague y quien no cumple no entra”, zanja el político español sobre los requisitos para entrar en el club: existencia de instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de derecho, el respeto de los derechos humanos y el respeto y la protección de las minorías.

Diagnóstico demoledor

La percepción europea es que Ankara sigue alejándose más y más de los valores y normas de la UE y el último diagnóstico de la Comisión Europea -el informe anual publicado a mediados de octubre pasado-, es demoledor: existen serias deficiencias en el funcionamiento de las instituciones y el retroceso democrático continúa sin que exista un mecanismo eficaz de contrapesos y salvaguardias. Preocupa particularmente el “grave retroceso” en cuestiones relacionadas con la sociedad civil -cada vez más bajo presión y con un espacio limitado lo que a su vez limita la libertad de expresión, asociación y reunión- y el deterioro de los derechos humanos y derechos fundamentales. 

También persisten deficiencias estructurales en el sistema presidencial: el Parlamento no dispone de los medios necesarios para exigir responsabilidades al Gobierno y la arquitectura constitucional sigue centralizando los poderes en la presidencia sin garantizar la separación sólida y efectiva de poderes entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial, con una rendición de cuentas del Ejecutivo limitada a las elecciones y también escasa en cuanto a los servicios militares, policiales y de inteligencia. Además, el poder judicial ha continuado persiguiendo de forma sistemática a miembros de los partidos de la oposición en el Parlamento por supuestos delitos relacionados con el terrorismo y el marco jurídico electoral sigue siendo problemático ya que el umbral electoral se redujo del 10% al 7%.

Los 'indignados' del parque Gezi

¿En qué momento empezó a torcerse todo? Sánchez Amor sitúa el giro a partir de mayo de 2013 cuando irrumpió un movimiento crítico con el desarrollo de un proyecto urbanístico en el parque Gezi de Estambul, que se extendió por todo el país y creó un movimiento de resistencia. “El régimen de Erdogan vio una amenaza para su permanencia y a partir de ahí la dirección del país cambia completamente y se convierte abiertamente en un país autoritario”, explica el eurodiputado cuyo informe anual sobre Turquía está en el congelador hasta que pasen las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo 14 de mayo.

Después de aquel episodio llegó el intento de golpe de estado en 2016, que supuso una vuelta de tuerca más al régimen autoritario, la declaración del estado de excepción que llevó a la suspensión de derechos, y la culminación de una reforma constitucional un año más tarde que consagró definitivamente el sistema presidencialista autoritario que lidera con mano de hierro el líder del AKP, Tayyip Erdogan. 

“Las relaciones entre la UE y Turquía han entrado en una espiral descendente en la última década”, reconoce la investigadora y profesora Ilke Toygür en un análisis de la Universidad de Estocolmo sobre el papel que debería adoptar la UE en caso de que la oposición que lidera Kemal Kilicdaroglu -unida en torno a seis partidos- se imponga y gane las elecciones presidenciales del 14 de mayo (seguidas de una segunda vuelta el 28 de mayo si ningún candidato obtiene el 51% del voto en primera ronda). 

“No hay igualdad de condiciones en las elecciones turcas. No hay independencia del poder judicial ni de los medios de comunicación, los recursos del Estado se utilizan en favor del gobierno, las leyes electorales se cambian en cada elección y la redistribución de distritos es una práctica habitual”, expone Toygür que, sin embargo, considera que la oposición tiene “bastantes posibilidades de ganar la presidencia” por primera vez en dos décadas y generar una ventana de oportunidad para reconducir las relaciones entre Bruselas y Ankara. 

Ventana de oportunidad

“Es posible que se produzca algún movimiento si un nuevo Gobierno turco recupera el Estado de derecho, restablece las libertades fundamentales y rebaja la dura retórica de la política exterior”, asegura el presidente del Global Relations Forum y ex diplomático turco, Selim Yenel. “La restauración de los lazos rotos de Turquía con sus socios occidentales tendría que empezar en Europa, resucitando las moribundas conversaciones de adhesión con la UE”, apuntan Asli Aydintasbas y Jeremy Shapiro en otro análisis del European Council on Foreign Relations sobre una hipotética derrota de Erdogan. Según ambos expertos, en caso de victoria de la oposición, la reacción europea debería ser la de animar a los nuevos líderes de Ankara a ir a Bruselas a reactivar el proceso de adhesión. 

De los 33 capítulos que consta la negociación hasta ahora solo se han abierto -hasta que quedaron congelados en 2018- 16 mientras que solo uno se ha cerrado provisionalmente (ciencia e investigación) “Bruselas debería preparar un paquete sustancial para los nuevos dirigentes de Ankara, que debería incluir la apertura de al menos uno de los capítulos congelados en el proceso de adhesión, el inicio de la tan necesaria modernización del acuerdo de libre comercio Turquía-UE y la reanudación de las conversaciones para la exención de visados para los ciudadanos turcos en el espacio Schengen”, explican. “A cambio, los nuevos dirigentes turcos podrían asegurar a sus homólogos europeos que están dispuestos a cumplir el acuerdo turco-UE de 2016 sobre migración y que no tienen planes de devolver por la fuerza a Siria a los refugiados en Turquía”.

Proceso en cuidados intensivos

Gane quien gane, si no hay “cambios profundos y rápidos” el proceso de adhesión podría terminar muriendo. “Este proceso de adhesión, que está en cuidados intensivos, sencillamente se va a acabar por agotamiento. No es posible seguir así otros dos años”, opina Sánchez Amor que admite que una victoria de la oposición “significaría seguramente cambios en la política interior” que abrirían nuevos espacios, aunque la política exterior del país no cambiaría de la noche a la mañana. “Eso llevará más tiempo”. Por ejemplo, una victoria de la oposición no hará desaparecer el problema de Chipre, ni las tensiones con Grecia o los movimientos estratégicos con Rusia. “Mi tesis es que si gana la oposición habrá cambios en la política interna pero no creo que sean tan grandes en la política exterior”, estima.

¿Y si Erdogan sigue al frente de Turquía tras el proceso electoral? “Si gana hay 2 hipótesis. Puede verse reafirmado en su posición autoritaria o puede considerar que tiene un tiempo de tranquilidad y hacer un giro hacia la UE”, opina Sánchez Amor que entiende que el problema de Turquía es que no hay instituciones” y que “todo pasa por el humor, el miedo, los caprichos de una sola persona (Erdogan). Todo se decide en cinco despachos del palacio presidencial. El Gobierno es irrelevante, elParlamento es superirrelevante y por tanto la predictibilidad de Turquía es un problema. Como tantos sistemas autoritarios es impredecible”, avisa. “Si gana otro mandato de cinco años, el guión ya está escrito. Aunque los dirigentes turcos podrían rebajar parte de su retórica divisiva, las tensiones sobre la orientación de la política exterior de Turquía y el deterioro de las libertades democráticas seguirían siendo obstáculos para lograr mejoras significativas”, coincide el analista de Carnegie Europe, Marc Pierini.