Conflicto árabe-israelí

Jericó y el campo de refugiados de Aqabat Jaber, asfixiados por Israel

El Ejército de Israel en una redada en Jericó, Cisjordania.

El Ejército de Israel en una redada en Jericó, Cisjordania. / -/APA Images via ZUMA Press Wire / DPA

Andrea López-Tomàs

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En Jericó, más bien, en lo que fue Jericó, se encuentra el muro más antiguo conocido. Data del octavo milenio antes de Cristo y protegía la que es considerada la ciudad más antigua del mundo. Durante siglos, ha atraído a miles de turistas hasta el valle del Jordán, donde también se halla el lugar donde Jesucristo fue bautizado. Pese a las décadas de ocupación militar y conflicto palestino-israelí, Jericó se ha mantenido como remanso de calma donde se encuentran turistas y locales para admirar la magnificencia de la Historia. "Ahora, la ciudad lleva semanas siendo asfixiada", denuncia Dalal Iriqat, orgullosa oriunda de la urbe palestina.

Cuando, durante los días festivos del Ramadán, Iriqat pensó en visitar a su familia en Jericó, no se imaginó que se pasaría horas atrapada en su ciudad antes de poder emprender el camino de vuelta a Ramala, a menos de 25 kilómetros. “Tras lo que tenía que ser una breve visita, me pasé cinco horas esperando con mis tres hijos en el coche para que, al final, dos jóvenes soldados israelís me lo revisaran todo y finalmente me dejaran pasar", cuenta a este diario. "Lo único que quiere la ocupación israelí es humillar a los palestinos y dañar la economía palestina", constata la profesora de la Universidad Árabe Americana. Jericó parece haberse convertido en el escenario con una representación en directo donde poner en marcha esta estrategia.

Resistencia a la ocupación

Desde hace días, los accesos a la ciudad están restringidos. El Ejército israelí los abre y los cierra de forma aleatoria. Mientras, están llevando a cabo una campaña de arrestos e incursiones en el campo de refugiados de Aqabat Jaber, al suroeste de la ciudad. Pese a ser uno de los campamentos menos densamente poblados de la Cisjordania ocupada, con apenas 8.000 habitantes, se ha convertido en un foco de violencia que acapara titulares y destroza decenas de vidas. Según Israel, la creación de un nuevo grupo armado en el interior del campo a principios de año, formado por jóvenes locales, ha propiciado los ataques a colonias israelís de la zona, y a otros puntos del territorio israelí.

"Las políticas coloniales israelís de apartheid, racismo y otros crímenes de la ocupación que perpetran contra el pueblo palestino han llegado a la ciudad de Jericó”, reconoce Iriqat. “No se puede esperar de nadie que esté siendo atacado con tanques y equipos militares israelís sino que se defienda”, argumenta la profesora. Bajo el alegato de "razones de seguridad", el Ejército israelí ha cerrado los accesos para entrar y salir de la ciudad. Según cuenta Iriqat, han empezado a colocar bloques de cemento y hay vigilancia a todas horas para controlar las entradas y salidas a Jericó. “[Esta semana] también han instalado retenes metálicos, lo que significa que serán permanentes; ahora tenemos puestos de control que se remontan a los años anteriores al proceso de paz, lo cual es realmente trágico”, añade.

El Ejército israelí lleva semanas realizando redadas nocturnas casi cada día en el campamento que acaban con decenas de arrestos, y ha cerrado los accesos a esta urbe en el desierto del valle del Jordán

Más de 100 detenidos

En una ciudad tan turística como Jericó, el impacto se ha notado de forma inmediata. "Los turistas no pueden entrar a la ciudad por lo que automáticamente afecta a la economía, al comercio, al mercado, a los vendedores…”, señala Iriqat. Además, como Cisjordania carece aeropuerto, muchos palestinos dependen del cruce fronterizo del Puente Rey Huséin para acceder al más cercano que es el de Amman, en Jordania. Para acceder a él, deben cruzar Jericó. Muchos productos, sobre todo los procedentes de la agricultura, se exportan a través de ese punto de salida, así que las pérdidas económicas van mucho más allá del turismo. El Ministerio de Asuntos Exteriores y la gobernación de Jericó afirman que los 13 días de cierre han provocado unas pérdidas de 80 millones de dólares en todos los sectores.

Pero los olvidados, aquellos que ya cumplen 75 años de refugio, son los que más han estado sufriendo la ofensiva israelí. Este lunes, los soldados hebreos mataban a un adolescente de 17 años en una operación en el campo de Aqabat Jaber. Jibril Mohammed Kamal al Laada "moría de un disparo en la cabeza", sumándose a los más de 100 palestinos asesinados por fuego israelí en lo que va de año. Unas 12 casas han sido demolidas a la vez que nueve personas han muerto, todas menores de 28 años. Seis de estos cadáveres siguen en manos del Ejército israelí. Al menos 45 habitantes de Jericó han sido heridos en las últimas semanas, y unas 137 personas han sido detenidas, entre las cuales se cuentan niños.

"Jericó es conocida como una de las ciudades más pacíficas y calmadas de Palestina, pero la imposición de soldados, arrestos y ejecuciones extrajudiciales en el campamento de Aqabat Jaber por parte de los soldados israelís es realmente una locura y no debe tolerarse”, denuncia Iriqat. No piden mucho, afirma la profesora, solo una vida normal. Ante un Israel omnipotente con bloques de cemento, retenes metálicos y balas que matan, los palestinos imploran atención, que se les mire. Que esa mirada se traduzca en un reproche a la fuerza que les ocupa y les asfixia. "La comunidad internacional necesita convertir sus declaraciones y su solidaridad en reclamos a Israel para que rinda cuentas", tan solo pide Irigat.