Consecuencias del conflicto ucraniano

Bombas en Ucrania, hambre en África

Los países del Cuerno africano, que importan el 90% sus cereales de los dos países en guerra, han visto paralizada la actividad comercial

Bombas en Ucrania, hambre en África
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Montse Martínez
Montse Martínez

Periodista internacional

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"La guerra en Ucrania va a provocar más muertes por hambre en África que en el propio escenario bélico por armas". La impactante advertencia viene de boca de Andrés Conte, director general de la oenegé Save The Children, que advierte: "Estamos a punto de vivir una gigantesca crisis alimentaria en África".  

En paralelo a la guerra en el Este de Europa, otra guerra, eco de la primera pero menos mediática, se cierne sobre el Cuerno de África. Tanto Rusia como Ucrania, conocidos como los graneros del mundo por su producción de cereales, no están exportando su habitual cantidad de grano a los países receptores africanos y, lo que pueden aportar, se está traduciendo en un inasumible alza de precios. Esta coyuntura bélica, unida a las cíclicas sequías en la zona, dan como resultado una amenaza de hambruna inminente. Este verano. Ya.

El 90% del grano importado por África procede de los dos países europeos ahora en guerra. Los grandes puertos ucranianos, entre ellos el principal, Odesa, están paralizados y no hay vía alternativa de transporte terrestre. Además, las tropas rusas están bombardeando silos ucranianos llenos de grano. Para el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (WFP), David Beasley, el bloqueo de los puertos ucranianos por parte de Rusia puede ser considerado "una declaración de guerra a la seguridad alimentaria global".

Suben los cereales y el aceite de girasol

Estas circunstancias ya tienen su traducción en suelo africano. Por ejemplo, en Somalia el precio del cereal ya se ha doblado con respecto al año anterior. En la primera semana de guerra, el aceite de girasol, base de la elaboración alimenticia en la zona, se disparó un 215% en Etiopía.

África no solo importa cereal de Rusia sino también fertilizantes, esenciales para llevar a buen puerto sus debilitados cultivos. Las restricciones a la exportación de productos rusos como consecuencias de las sanciones internacionales por la invasión también repercuten en las producciones africanas, más mermadas. Un total de 53 países tienen prohibida la exportación de cereales y fertilizantes rusos. Nuevamente, las poblaciones más vulnerables son las más expuestas.

La zona nororiental de África acostumbra a padecer mortíferas sequías cíclicas, agravadas por el cambio climático. La que se prevé este verano es la peor sequía en los últimos 40 años. El otro factor que contribuye a la tormenta perfecta es la es la guerra en Ucrania. “La situación es extremadamente grave”, advierte el director de la oenegé Intermón-Oxfam, Joan Cortada.

El hambre se cierne sobre Somalia, Etiopía y Kenia. Más de 23 millones de personas están expuestas a hambre extrema inminente en el Cuerno de África. Más del doble de que había hace un año. Las advertencias, que las oenegés Oxfam Internacional y Save The Children han pormenorizado en un informe, instan a una intervención urgente.

El coste de la inacción

El informe presentado por Oxfam Internacional y Save the Children no en vano se titula Un retraso peligroso: el coste de la inacción. Las oenegés, con una extensa trayectoria humanitaria, rememoran cómo hace una década, la pésima gestión internacional de la crisis alimentaria que azotó el Cuerno de África elevó el número de víctimas mortales. “La reacción fue insuficiente y tardía”, recuerda el director de Oxfam, Franc Cortada. Insta a no repetir el despropósito para añadir: “Debemos evitar un nuevo fracaso de la comunidad internacional ante la nueva amenaza de hambruna a gran escala”.

Pero los primeros indicios no invitan al optimismo. A día de hoy, del llamamiento de Naciones Unidas de 4.400 millones de dólares para enfrentar la crisis en el Cuerno de África este verano, solo se ha garantizado el 3%.

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A pesar de que hace 10 años los actores internacionales convinieron en que la falta de anticipación no podía volver a suceder, la situación a día de hoy es idéntica. Desde hace dos años, expertos mundiales están poniendo encima de la mesa las consecutivas señales de alarma que anticipan la dramática sequía que ya padece el Cuerno de África nuevamente. Todo ello, antes del estallido de la guerra en Ucrania que ha venido a poner la guinda al desastre. Las estimaciones de las Naciones Unidas advierten de que 350. 000 niños somalís podrían morir de desnutrición este verano si los Gobiernos y los donantes no abordan la situación.

Una muerte cada 48 segundos

Los especialistas también han constatado la divergencia en el nivel de respuesta, tanto pública como privada, ante las distintas emergencias. “Ucrania es territorio europeo, étnicamente son más similares a nosotros”, apunta Andrés Conde, director de Save the Children que añade: "En el caso de Ucrania hay una percepción pública de injusticia, hay una lectura clarísima de agresor / agredido que llama a una empatía y solidaridad fortísimas. Todavía no hay una conciencia pública de lo que está ocurriendo ahora mismo en el Cuerno de África. La conexión entre la guerra de Ucrania con una crisis alimentaria global todavía no está interiorizada por la opinión pública". Pero está pasando ahora. El cálculo es que está muriendo una persona cada 48 segundos.