Presidenciales francesas

Debate Macron-Le Pen 2022: El presidente lanza los golpes, la ultra se defiende

La candidata ultraderechista intenta reducir distancias en los sondeos con respecto al presidente saliente de cara a la segunda vuelta

Emmanuel Macron y Marine Le Pen, durante el debate.

Emmanuel Macron y Marine Le Pen, durante el debate. / LUDOVIC MARIN (AFP)

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Enric Bonet

Los mismos protagonistas, pero un cambio evidente de roles. El presidente francés, Emmanuel Macron, y la ultraderechista Marine Le Pen se enfrentaron este miércoles por la noche en el único debate televisivo de la campaña presidencial francesa, cuya segunda vuelta se celebrará este domingo. 

Ha sido una repetición del mismo duelo que marcó la recta final de la campaña de 2017. Entonces, Le Pen, muy agresiva, quedó en evidencia ante un candidato centrista mucho más hábil a nivel retórico. Esta vez se invirtieron los papeles. El presidente se dedicó a poner contra las cuerdas a la aspirante de la extrema derecha, que se defendió con cierta habilidad. Y no cayó con estrépito como en el anterior cara a cara, que dio lugar a numerosos memes por el comportamiento histriónico de la líder de la Reagrupación Nacional (RN, entonces llamada Frente Nacional).

Después de unos primeros 20 minutos de un debate bastante pausado dedicado al poder adquisitivo -principal preocupación de los franceses-, en la parte dedicada a la guerra en Ucrania empezaron los primeros zascas del presidente a la candidata de la RN. "Cuando usted habla a Rusia no lo hace como una dirigente, sino como una prestamista", reprochó Macron a su rival, cuyo partido pidió dos préstamos a bancos rusos. "Usted depende del poder ruso y de Putin", añadió. Ante las críticas sobre su "dependencia" respecto al Kremlin, Le Pen lamentó: "Es bastante deshonesto que se me impida conseguir un préstamo en un banco francés y que se me reproche luego que lo pida en el extranjero".

La "dependencia" de Le Pen respecto a Putin

Además de su "dependencia" respecto al Kremlin, el dirigente centrista también acusó a su adversaria de desear "la salida de Francia" de la UE o que era "climoescéptica". Macron intentó a lo largo del debate arrinconar a Le Pen en la esquina derecha del tablero. Pese a la habilidad retórica del presidente, la líder de la RN demostró que había hecho los deberes respecto a su actuación catastrófica de 2017. Esta vez se concentró en explicar su proyecto de "la vida cotidiana" y como "portavoz de los franceses". Básicamente, pretendía mostrar una imagen de una jefa de Estado que no dé miedo. Una estrategia a la defensiva.

"La jubilación a los 65 años es una injusticia absolutamente insoportable", dijo la aspirante ultranacionalista y xenófoba sobre una de las propuestas electorales más polémicas del candidato centrista, que quiere alargar tres años (actualmente en 62 años tras haber cotizado 42 años) la edad mínima de jubilación. Como sucedió con otras temáticas, el presidente intentó presumir de fibra social ante las críticas a su reforma del sistema de jubilación. "Aumentaré las pensiones mínimas de 980 a 1.100 euros", se defendió. "Respecto a su éxito en materia de desempleo, permítame que dude de ello. Hay 400.00 pobres más en el país y esto es el resultado de sus políticas", recriminó Le Pen, que se burló de su rival tachándolo de "Mozart de las finanzas".

Los espadazos entre ambos candidatos también se produjeron cuando debatieron sobre la urgencia climática. "Su proyecto es muy transparente, es climatoescéptico", afirmó el dirigente centrista, mientras que su rival lo acusó de "hipocresía climática". Según ella, había aplicado "una ecología punitiva (…) de una gran violencia para las clases medias y las clases modestas".

Otro momento tenso tuvo lugar cuando se discutió sobre la dura propuesta lepenista de prohibir el velo islámico en el espacio público. "En los barrios populares, usted creará una guerra civil", aseguró Macron sobre esta medida que, según él, representa "una traición del espíritu francés". Unos minutos después, mientras intentaba recuperarse de este sablazo dialéctico, la aspirante ultra se postuló como la candidata de los "chalecos amarillos" y partidaria de una democracia más directa. "Quiero un renacimiento democrático con la aplicación de un referéndum de iniciativa ciudadana", dijo sobre una de las principales reivindicaciones de los manifestantes que desbordaron las calles en el invierno de 2018.

Macron sale ileso y Le Pen se banaliza

Desde 1981, no se repetía en Francia la misma segunda vuelta que en las anteriores presidenciales. Entonces, el socialista François Mitterrand se tomó su particular revancha en su duelo televisivo ante el presidente saliente Valéry Giscard d’Estaing (centro-derecha), quien en el mismo cara a cara en 1974 había marcado la opinión pública reprochándole al líder de la izquierda que no tenía "el monopolio de los sentimientos". En este partido de vuelta, sería exagerado considerar que Le Pen logró una remontada respecto a su catastrófica actuación televisiva en 2017. Pero sí que ganó puntos en su objetivo de banalización de la extrema derecha.

A diferencia de lo que sucedió hace cinco años cuando el dirigente centrista decantó totalmente la campaña con el debate, esta vez ninguno de los aspirantes arrolló al otro. Difícilmente este cara a cara tendrá un peso decisivo en la recta final de la carrera hacia el Elíseo. El presidente salió más bien ileso pese a un balance lleno de claroscuros, mientras que su rival continuó con su voluntad de normalizarse.

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La repetición de este cara a cara refleja cómo en los últimos cinco años se ha consolidado el pulso entre el macronismo y el lepenismo, en lugar del histórico eje izquierda-derecha. No obstante, esta rivalidad tampoco entusiasma a una parte considerable de los franceses. "¡Qué desperdicio!", tuiteó tras la conclusión del debate el insumiso Jean-Luc Mélenchon (socioecologista). Después de haberse quedado a unos 400.000 votos de superar a Le Pen en la primera vuelta, ahora aspira a lograr una mayoría parlamentaria de izquierdas en las elecciones legislativas de junio.

Según los últimos sondeos, Macron ganaría la segunda vuelta con el 56,5% de los votos ante el 43,5% de Le Pen. Cada vez más desgastado, el "frente republicano" -expresión utilizada en Francia para designar el cordón democrático contra la ultraderecha- parece que sigue funcionando, según los estudios de opinión. Desde la noche de la primera vuelta del 10 de abril, el dirigente centrista amplió su ventaja en tres puntos. Este margen lo convierte en favorito, aunque tampoco se puede descartar una sorpresa equivalente a la victoria del Brexit o de Donald Trump en 2016.