Elecciones en Francia

El poder adquisitivo, el tablero principal en la disputa entre Macron y Le Pen

  • El presidente y la candidata ultra compiten por seducir al electorado popular en la campaña de la segunda vuelta de las presidenciales

  • A pesar de unos niveles de paro del 7,4%, millones de franceses sufren para llegar a final de mes

Una mujer pasa frente a los carteles electorales de Macron y Le Pen en una calle de París.

Una mujer pasa frente a los carteles electorales de Macron y Le Pen en una calle de París. / MOHAMMED BADRA (EFE)

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Enric Bonet

Es la principal preocupación de los franceses, según todos los estudios de opinión. La falta de poder adquisitivo ocupa el centro de las discusiones en la campaña presidencial francesa, en cuya segunda vuelta se enfrentarán el domingo el presidente Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen. Después de que en los últimos años acapararan las ondas mediáticas los eternos debates sobre la inmigración, el islam y la inseguridad, al final la cuestión social se impuso en esta carrera hacia el Elíseo. Una contienda marcada por la actual crisis de los precios de la energía, acentuada por la guerra en Ucrania.

La economía es un pilar para la candidatura de Macron, pero menos sólido de lo aparente. El presidente saliente presume de buenos datos macroeconómicos. El PIB francés creció un 7% el año pasado (en 2020 cayó un 8%) y el desempleo disminuyó hasta el 7,4%. "Francia va bien", dicen los macronistas.

"El gran éxito del mandato de Macron ha sido la disminución del desempleo", asegura el periodista François-Xavier Bourmaud, gran reportero político en Le Figaro y autor del libro Macron, l’invité surprise, en declaraciones a EL PERIÓDICO. El actual Gobierno destaca con vehemencia esta disminución de un 2% en comparación con la situación en 2017, tras el mandato del socialista François Hollande. Entonces, el porcentaje de desempleados era del 9,6%. "Francia sufría un problema con un desempleo masivo y en parte fue resuelto durante el último quinquenio", subraya Bourmaud.

Macron matiza su reforma de las pensiones

A pesar de esta mejora respecto al paro, no todo resulta reluciente en el balance económico de Macron. Como ya reflejó la revuelta de los 'chalecos amarillos' a finales de 2018, el principal foco del malestar en Francia se encuentra en todas aquellas personas que trabajan, pero tienen problemas para llegar a final de mes. Camioneros, cajeras de supermercado, camareros, profesores, enfermeras, auxiliares sanitarias… Es larga la lista de profesiones mal pagadas en un país en que la vida es muy cara y la mitad de la población gana menos de 2.000 euros al mes. Su situación se ha deteriorado aún más con la actual inflación del 4,5% en marzo.

El pulso entre Macron y Le Pen consiste, en parte, en una competición para seducir a este electorado popular. Después de una campaña minimalista antes de la primera vuelta, el dirigente centrista multiplicó sus desplazamientos y entrevistas en medios tras quedar primero el 10 de abril, con el 27% de los sufragios. En sus intervenciones intentó matizar algunas de sus propuestas más controvertidas, como el hecho de alargar la edad de jubilación hasta los 65 años (tras haber cotizado 42 o 43 años). Ahora abrió la puerta a alargarla de los 62 actuales a los 64 años. O incluso organizar un referéndum sobre esta reforma, una promesa percibida con cierta desconfianza.

El Ejecutivo macronista también destaca los 30.000 millones de euros gastados en los últimos seis meses para afrontar la crisis de los precios energéticos. Por ejemplo, una subvención del precio del combustible para disminuirlo en 18 céntimos el litro. Además, critica las medidas simplistas, pero eficaces electoralmente, de la ultra Le Pen. "Reducir el IVA al 0% (…) en los precios de productos que ya tienen un IVA reducido es tomar a la gente por imbécil", dijo Macron sobre una de las medidas estrella de la Reagrupación Nacional (RN, extrema derecha), que promete suprimir el IVA a un centenar de productos de primera necesidad.

Le Pen, ¿la candidata del pueblo?

El presidente "no es consciente de que hay millones de franceses que llegan a finales de mes con menos de 5 euros en su cuenta corriente", respondió Le Pen. Beneficiada por su propio adversario -el dirigente centrista presentó el 17 de marzo un programa claramente anclado en la derecha y así resucitó su reputación de "presidente de los ricos"-, la aspirante ultra se ha dotado a lo largo de esta campaña de una (falsa) imagen de candidata defensora del pueblo llano. Así lo refleja el 32% de los votos -por una media nacional del 23%- que obtuvo entre los franceses que ganan menos de 1.000 euros al mes, mientras que Macron solo logró el apoyo del 14% de esta franja de la población.

La líder ultra no defiende precisamente un programa de izquierdas en materia económica, pero sí que cuenta con la ventaja de proponer medidas sencillas y eficaces ante la actual angustia por el poder adquisitivo. Además de la supresión del IVA para un centenar de productos, quiere rebajarlo al 5,5% en el caso de la energía. De esta manera, devolverán "10.000 millones a los franceses", insisten los dirigentes de la RN. Su oposición a alargar la edad de jubilación más allá de los 62 años y en recortar las ayudas a los desempleados también propició que la RN se ganara la etiqueta de partido "social-populista". O, más bien dicho, partidario de un "Estado del bienestar chovinista".

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Pese a esta reputación, alimentada por el mismo polemista Éric Zemmour, que tachó a Le Pen de "troskista", la realidad de sus medidas es otra. De hecho, la líder de la ultraderecha defiende un programa económico conservador. No solo se opone a aumentar el salario mínimo, sino que también propone una disminución de 10.000 millones de los impuestos a las empresas. En este sentido, Le Pen y Macron parecen hermanos gemelos.

Según los últimos sondeos, el presidente francés ganaría la segunda vuelta del domingo con el 55,5% ante el 44,5% de la candidata ultra. Le Pen recibiría el apoyo de menos del 20% de los votantes en la primera vuelta de Jean-Luc Mélenchon (socioecologista), cuyo electorado (del 22%) representa un codiciado tesoro. Pese a sus propuestas simplistas, la aspirante ultra no logra un apoyo considerable por parte del pueblo de izquierdas. Tampoco por parte de aquellos preocupados por la falta de poder adquisitivo.