Polémica en el Estado hebreo

La acogida selectiva de Israel a los refugiados ucranianos

  • Las autoridades israelís han establecido diferencias entre los llegados en función de si son judíos o no

  • Algunos de los refugiados han encontrado su nuevo hogar en los asentamientos ilegales de Cisjordania

Una niña refugiada ucraniana en el avión que la lleva desde Rumanía a Israel.

Una niña refugiada ucraniana en el avión que la lleva desde Rumanía a Israel. / REUTERS/Ronen Zvulun

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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Nunca se había visto una estampa así en la terminal del aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv. Decenas de personas sentadas en endebles sillas de plástico, niños dormidos sobre la cinta de las maletas, mujeres ancianas desplomadas en el suelo… El refugio para los ucranianos que optaron por volar hasta Israel empezó con otra espera, cuando ya parecía que iba a terminar el viaje. Desde el primer momento, las autoridades israelís, obsesionadas con mantener su mayoría demográfica judía, se mostraron reacias a acoger a aquellas que huían de la guerra. Solo la presión popular hizo derribar todos los obstáculos.

Primero, fue un no rotundo. Pero las imágenes del aeropuerto causaron un revuelo y la ministra del Interior, la conservadora Ayelet Shaked, modificó su negativa. La nueva política obligaba a los refugiados ucranianos a pagar un depósito de 10.000 shekels, casi 3.000 euros, y comprometerse a que en un mes abandonarían Israel. Pronto estas nuevas instrucciones también fueron derribadas. Shaked estableció una cuota humanitaria máxima de 5.000 refugiados no judíos. Solo aquellos con familiares o amigos en Israel pueden quedarse en el país sin formar parte de este número.

En algunos casos, se les hace firmar un documento comprometiéndose a abandonar el país una vez la situación en Ucrania lo permita. “Israel se define por ser el hogar nacional de los judíos y la ciudadanía quiere que se mantenga este aspecto; por eso, hay este temor a dejar entrar a ucranianos no judíos que nos hagan perder la legitimidad de llamarlo el Estado judío”, explica Yedidia Stern, el presidente del Instituto de Política del Pueblo Judío. Israel crece –y existe– gracias a la aliyá, el proceso por el cual los judíos pueden obtener la ciudadanía israelí. 

La Ley de Retorno permite a las personas nacidas judías, junto con sus cónyuges, o alguien con al menos un abuelo judío, emigrar a Israel, “hacer aliyá”. En Ucrania, hay una comunidad de 200.000 judíos, 200.000 ucranianos que pueden emigrar al Estado hebreo sin apenas trabas. La Agencia Judía, encargada de ayudar con el proceso, ha inaugurado el programa “Aliyá Express” para aliviar la burocracia en este proceso típicamente largo, algo nunca visto hasta ahora.  

15.000 refugiados

Tras más de un mes de ofensiva, han llegado al menos 15.000 refugiados ucranianos a Israel, de los cuales solo un tercio son judíos. Gran parte de la población se ha mostrado escandalizada al ver los esfuerzos de su Gobierno por cerrarles las puertas. “El músculo del nacionalismo actuó con mucha fuerza al principio ya que el humanitario no estaba preparado para esta situación”, cuenta Stern a EL PERIÓDICO. “Pero el miedo es infundado porque estos números, que esperamos que se doblen, son totalmente irrelevantes, no hay una amenaza real”, añade.

El rol de mediador que Israel está jugando en el conflicto le valió un reproche por parte del presidente ucraniano. “Nuestra gente ahora está dispersa por todo el mundo; están buscando seguridad, un lugar donde quedarse en paz, como una vez buscasteis vosotros”, recordó Volodímir Zelenski, judío también, a los miembros de la Knesset. El uso político del Holocausto por parte del ucraniano generó cierto malestar. Muchos han defendido que la lección del Holocausto es la necesidad de una patria judía que hay que proteger.

Ucrania fue en su momento hogar de una gran y próspera población judía pero también se convirtió en escenario de pogromos generalizados a principios del siglo pasado. Algunos de los peores asesinatos en masa del Holocausto ocurrieron allí. “Mis abuelos murieron en Ucrania porque no recibieron ayuda”, confiesa Stern. “¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos si nosotros, los nietos de los refugiados, les negamos la ayuda a los ucranianos?”, se pregunta. “La lección del Holocausto es otra, se basa en la importancia de ayudar al prójimo”, concluye.

Sin retorno para los palestinos

Más allá de este debate, la llegada de refugiados judíos también ha generado otras tensiones al otro lado de la Línea Verde. Y es que algunos de los ucranianos han encontrado su refugio en los asentamientos ilegales de la Cisjordania ocupada. Se han convertido en refugiados que ocupan la tierra de otros refugiados, los palestinos. Activistas y analistas denuncian como el Estado de Israel y, sobre todo las organizaciones de colonos –que se han desplazado hasta las fronteras ucranianas armadas con panfletos de las colonias–, está instrumentalizando la presencia de estas personas en el país para sus objetivos demográficos.

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“Es como si el Estado dijera: «estamos listos para salvaros mientras podamos usaros en nuestra guerra demográfica»”, escribe Raef Zreik en ‘+972 Magazine’. “El cuerpo del refugiado judío se convierte así en un arma contra los palestinos”, añade. Además, esta exigencia del retorno inmediato de los refugiados ucranianos a su país es contradictoria con los históricos obstáculos al retorno de los refugiados palestinos. Las formalidades “para disuadir [a los refugiados ucranianos] de quedarse a largo plazo indican que, para Israel, se supone que la condición de refugiado terminará en el momento en que pase el peligro”, apunta Orly Noy en el mismo medio, “esto, por supuesto, se aplica sólo a los refugiados de cuya huida el propio Israel no es responsable”.

A los cinco millones de refugiados palestinos esparcidos por el planeta desde 1948 no se les permite volver a su tierra. “Cuando se trata de refugiados palestinos, Israel evitará su regreso a toda costa, cerrará las puertas en sus narices y determinará para siempre el estatus de refugiado de sus hijos y nietos”, insiste Noy. Hacinados en lujosos aeropuertos o en lúgubres campos, los refugiados sufren la desposesión y el desarraigo estén donde estén. El refugio es una espera infinita que, para algunos, tal vez pronto pueda terminar. Mientras, los palestinos llevarán consigo las llaves de sus casas por si algún día el sueño del retorno se cumple.