A la ultraderecha alemana se le atraganta la campaña electoral

  • Las condenas por financiación ilegal y un libro de la antigua presidenta, Frauke Petry, acosan a AfD

La expresidenta del partido de extrema derecha alemán AfD, Frauke Petry.

La expresidenta del partido de extrema derecha alemán AfD, Frauke Petry. / AFP / JOHN MACDOUGALL

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Andreu Jerez
Andreu Jerez

Periodista

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"Nadie comienza un viaje alrededor del mundo con un capitán enfermo o con un barco que hace aguas". Frauke Petry no ahorra en metáforas demoledoras en su venganza contra su expartido. A lo largo de las páginas de Réquiem por AfD, su libro recientemente publicado, la antigua líder de Alternativa para Alemania (AfD) y todavía diputada federal independiente dispara con toda la munición que le queda de la experiencia como presidenta del partido entre 2015 y 2017. 

Petry presenta a AfD como "una idea fracasada", como un aparato "entregado a su ala radical", como una formación abocada a la "desintegración interna". Esta alemana oriental química de formación -en eso coincide con Merkel- que un día llegó a aspirar a convertirse en la próxima canciller de Alemania arropada por primeras espadas de la ultraderecha europea como Marine Le Pen, Matteo Salvini o Geert Wilders, consuma ahora su ajuste de cuenta con una AfD en horas bajas. 

Si el 25 de septiembre de 2017 -sólo un día después de que el partido ultra se convirtiese en la tercera formación más votada de Alemania con el 12,6% de los votos- Petry abandonaba AfD en plena rueda de prensa y en directo antes decenas de periodistas, hoy quema sus últimos cartuchos para intentar hundir a sus antiguos colegas de carrera política: "AfD apunta ya hacia su propio final", vaticina Petry, que sabe que apenas le quedan tres meses de acta como diputada federal y de sueldo como tal, y quiere aprovechar los últimos días en la tribuna política que le ofrece el Bundestag.

Dinero de Suiza

El lanzamiento del libro de Petry es, en realidad, el menor de los problemas que la ultraderecha alemana tiene que afrontar actualmente. La expresidenta del partido es desde hace años un cadáver político -la tónica general de todas aquellas figuras que decidieron salir de AfD- y sus revelaciones no dejan de ser anécdotas que ratifican la radicalización consumada del partido y también sus profundas divisiones internas. La reciente condena por financiación ilegal supone una amenaza mucho más seria para la imagen pública del partido a tres meses de las elecciones federales.

La semana pasada, el Tribunal Administrativo de Berlín ratificó una multa de casi 400.000 euros por la financiación ilegal de la candidatura de Alice Weidel en los últimos comicios federales de 2017. La justicia da por probado que Weidel, co-candidata a la cancillería de AfD para las elecciones del próximo septiembre, recibió 132.000 de dos empresas con sede en Suiza. El partido alegó infructuosamente que las diversas transferencias de dinero no iban destinadas a AfD, sino sólo a Weidel.

No es la primera vez que AfD es condenada por financiación ilegal, una sospecha que acompaña al partido prácticamente desde su fundación en 2013. En 2016, el control de cuentas del Bundestag impuso una multa de 269.400 euros al partido por considerar que Jörg Meuthen, actual copresidente de AfD, había recibido indirectamente 90.000 euros de la empresa suiza Goal AG para reforzar su campaña en las elecciones regionales de Baden-Württemberg. El partido ultraderechista obtuvo entonces más del 15% de los votos en ese estado federado.

¿Fin de la inmunidad?

Las condenas por financiación ilegal en los casos de Weidel y Meuthen -la primera, integrante del ala más radical y el segundo, del sector nacional-conservador- se le están atragantando al partido ultraderechista en pleno inicio de la campaña electoral. Según adelanta el semanario Der Spiegel, la fiscalía alemana ha pedido al Parlamento Europeo el levantamiento de la inmunidad de Jörg Meuthen, eurodiputado desde 2017, para procesarlo por financiación ilegal de su partido. Ni el Europarlamento ni la fiscalía han confirmado todavía la información. 

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Meuthen, por su parte, asegura no temer una pérdida de la inmunidad parlamentaria. Mientras, su excolega Frauke Petry le acusa directamente en las páginas de su libro de haber recibido dinero de manera ilegal procedente de empresarios con residencia en Suiza.

A AfD se le acumulan los problemas con cada día que pasa. Su objetivo de mejorar el 12,6% de los votos obtenido en las últimas elecciones federales parece cada vez más lejos. La ultraderecha alemana languidece entre el 12 y 9% en la mayoría de encuestas, paradójicamente cuando una pandemia le pone las cosas de cara a un partido que llevaba años esperando una crisis sistémica como la actual.