29 oct 2020

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CARRERA A LA CASA BLANCA

Trump genera desconcierto con frenéticos y erráticos mensajes en Twitter

Contradicciones sobre estímulos económicos sacuden los mercados

La lista de contagios en la órbita del presidente no deja de crecer

Idoya Noain

Trump al fondo de la imagen, en el balcón Truman de la Casa Blanca, despide al helicóptero que le trajo desde el hospital.

Trump al fondo de la imagen, en el balcón Truman de la Casa Blanca, despide al helicóptero que le trajo desde el hospital. / AP / J. SCOTT APPLEWHITE

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha acostumbrado desde que llegó al poder a sus tormentas en Twitter pero las de las últimas horas han disparado el desconcierto. Desde que el lunes volvió a la Casa Blanca tras pasar cuatro días en el hospital militar Walter Reed por su contagio del covid-19, el mandatario ha dejado un aluvión de mensajes frenético y también errático. Los de efectos más claros fueron los contradictorios sobre su posición ante la negociación en el Congreso de nuevos estímulos para enfrentar la crisis económica de la pandemia, una misma de rechazo y apoyo que montó en una montaña rusa a las bolsas.

Nadie puede explicar porqué Trump, que el viernes desde el hospital instaba en Twitter precisamente al Congreso a trabajar para lograr el estímulo, anunció el martes por la tarde en la red social que había instado a su secretario del Tesoro a abandonar las conversaciones bipartidistas con Nancy Pelosi, la demócrata que preside la Cámara Baja, asegurando que aprobaría las ayudas después de las elecciones del 3 de noviembre. El mensaje no solo provocó un derrumbe en los mercados, sino incredulidad entre analistas electorales sobre cómo algo así podía favorecer a la estrategia electoral del republicano, cuyas perspectivas en las urnas se ensombrecen más cada día que pasa según las encuestas.

Unas horas más tarde el mismo martes y luego este miércoles, Trump dio de nuevo un giro que esta vez animó a las bolsas animando a negociar y aprobar no un gran paquete sino medidas individuales de ayuda, desde préstamos a pequeños negocios hasta 25.000 millones de dólares para aerolíneas y una nueva ronda de cheques de 1.200 dólares para los estadounidenses. Pero los mensajes contradictorios sobre el estatus de las conversaciones llegaban desde todas las esquinas de Washington.

La sensación de caos y frenesí se incrementaba con un torpedeo de tuits y retuits (al menos 50 en dos horas y media) con los que el presidente, al que no se ha visto públicamente desde el épico y polémicamente escenografiado retorno a la Casa Blanca, apuntaba a muchas de sus dianas conocidas: desde las acusaciones hacia Barack Obama de espionaje e intento de “golpe” a insultos a los medios o ataques a Joe Biden y Kamala Harris o el ya constante asalto con fantasmas de fraude al voto por correo.

Cacofonía

Todo está enmarañado por las dudas y la cacofonía que sale desde una Casa Blanca cada vez más afectada por los contagios de su personal. Este miércoles, por ejemplo, el asesor económico Larry Kudlow y el jefe de gabinete de Trump, Mark Meadows, se contradecían sobre si el presidente ha acudido ya o no a trabajar al Despacho Oval, y no es una cuestión baladí. Aún en un momento de su enfermedad en que se le considera infeccioso, el presidente debería estar aislado. En el Ala Oeste se ha repartido un memorando con medidas de seguridad y protección para quienes suban a la residencia presidencial en el segundo piso o acudan al Despacho Oval.

El miedo de los empleados tiene explicación. Con la confirmación el martes de que Stephen Miller, uno de los más cercanos asesores del presidente, también ha dado positivo, crece la lista de contagiados que confirman el 1600 de Pennsylvania Avenue y la órbita presidencial como un foco de contagio. Han dado positivo al menos 34 personas que trabajan con el presidente o en la Casa Blanca o que pasaron por ahí desde el acto de presentación de la jueza Amy Coney Barrett como nominada para el Supremo.  “Es uno de los lugares más peligrosos del país”, decía este miércoles Pelosi.

La falta de transparencia sobre la salud de los presidentes tiene amplios precedentes pero esta Casa Blanca suma la falta de credibilidad labrada en los casi cuatro años de mandato de Trump. Y las dudas sobre que se esté contando toda la verdad sobre el estado de salud del presidente, que según el último parte médico lleva 24 horas sin síntomas y cuatro sin fiebre, planean sobre la campaña. Aunque Trump tuiteó el martes que está deseoso de participar en el segundo debate presidencial con Biden el día 15 en Miami, el candidato demócrata replicó que “si (entonces) todavía tiene covid no deberíamos tener un debate”. Y este miércoles una portavoz de la campaña de Biden recordó que “es un formato de 'town hall', con ciudadanos haciendo preguntas, así que Trump tiene la obligación de demostrar que no es contagioso”.

El presidente pierde otra batalla legal para mantener en secreto sus impuestos

Una vez más, y van cinco en poco más de un año, un tribunal de Estados Unidos ha dicho al presidente Donald Trump que no tiene derecho de mantener sus impuestos lejos de los ojos de los investigadores de la fiscalía de Manhattan que tienen bajo la lupa su historial de acciones financieras. 

Tres jueces de una corte federal de apelaciones de Nueva York han dado este miércoles luz verde al fiscal general Cyrus Vance para que obtenga los documentos fiscales, que solicitó por primera vez en 2019. Los magistrados, por unanimidad, han rechazado el argumento del equipo legal del presidente de que hay “acoso político” tras las acciones de Vance o el de que la citación judicial para obtener las declaraciones de impuestos es “demasiado amplia”.

Esos dos razonamientos son los que los abogados de Trump pusieron sobre la mesa ante un tribunal inferior al que les había obligado a volver en verano el Tribunal Supremo, que rechazó los argumentos previos de que el presidente era inmune mientras estuviera en el cargo.

Ahora es casi seguro que Trump volverá a apelar este último revés al Alto Tribunal, donde tiene prisa porque se instale a la juez conservadora Amy Coney Barrett, a la que nominó tras la muerte de la progresista Ruth Bader Ginsburg.