tensión en asia

Corea del Norte, en estado de alerta tras detectar el primer caso de coronavirus

Pionyang asegura que un desertor regresado desde el vecino del sur ha traído el virus al país comunista

Kim Jong-un.

Kim Jong-un. / EFE

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El otro lado del paralelo 38 es un decadente caos de delincuencia, drogas y prostitución, sienta la propaganda norcoreana. Al menú tradicional cabe añadirle las pandemias después de que el primer caso de coronavirus registrado en el presunto paraíso socialista llegara desde el sur y desencadenara una alarma nacional.  

El relato norcoreano, parcialmente confirmado por Seúl, habla de un desertor que tres años atrás habría huido al país vecino y regresado la semana pasada. La vuelta fue una odisea homérica: el hombre se arrastró por cañerías y bajo los alambres de espino en la isla de Ganghwa hasta ganar la playa, cubrió a nado los dos kilómetros que la separan de la orilla norcoreana y alcanzó la ciudad de Kaesong, donde fue capturado con síntomas de coronavirus. La prensa nacional asegura que podría haber introducido “el malicioso virus en el país” y Kim Jong-un ha declarado el estado de “máxima emergencia nacional” que incluye el inmediato cerrojo sobre la ciudad de 200.000 habitantes. Kaesong, cuando la sintonía en la península lo permite, acoge el más importante complejo industrial mixto.  

Seúl ha confirmado que un hombre de 24 años ha huido. “Hemos encontrado su mochila en el punto desde el que escapó”, han afirmado fuentes militares. También ha añadido Seúl que estaba siendo investigado por delitos sexuales y negado con brío que estuviera infectado. No consta en sus registros como contagiado, tampoco ha estado cerca de casos sospechosos y sus contactos más próximos han dado negativo en las últimas horas.  

Rumor o bulo

Corea del Sur posee un envidiable sistema de test masivos e implacables rastreos del que emergen incluso los asintomáticos y cuesta creer que el doble desertor se le hubiera escapado del radar. La propaganda de Pionyang, por su parte, carece de un compromiso estricto con la verdad y aprovecha cualquier incidente que apuntala su relato. No sería extraño que el régimen esgrimiera el incidente para exigir más ayuda humanitaria y especialmente sanitaria al vecino sureño por haberle exportado el problema. La finalización del Hospital General de Pionyang, por ejemplo, acumula retrasos en un país que los castiga sin piedad. La versión es verosímil pero exige aceptar que Corea del Norte ha cerrado una de sus principales ciudades por un rumor o un bulo. Y sus líderes, a pesar de la caricatura al uso, son más cartesianos que enajenados. Las versiones opuestas exigen un auto de fe. 

Corea del Norte definió el coronavirus como “un asunto de supervivencia nacional” cuando la pandemia aún balbuceaba y reaccionó rápidamente con la certeza de que devastaría su precario sistema sanitario. Cerró fronteras con China en enero, prohibió el turismo extranjero y las crónicas desde Pionyang hablan de mascarillas ubicuas y estricta distancia social. Hoy sólo entran en el país un puñado de diplomáticos que son sometidos a cuarentena. Los expertos opinan que ni siquiera esa batería de medidas, que han castigado aún más la economía, habrían impedido la entrada del virus.  

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Supremacía del sistema

Más de 30.000 norcoreanos han huido al sur en las dos últimas décadas, principalmente a través de la porosa frontera china aprovechando que el río Yanlu se congela en invierno. Es más raro que los desertores regresen a su patria. En un lustro, según Seúl, se han registrado una decena de casos, que son aireados por Pionyang para subrayar la supremacía de su sistema. La vida al sur de las alambradas no es fácil para los desertores. Su acento les identifica, sufren el estigma social y la soledad, desempeñan los trabajos menos cualificados y tienen problemas serios y comprensibles para adaptarse desde un país leninista a otro ultracapitalista.