MOVIMIENTO OPOSITOR

El control de la epidemia devuelve las protestas a Hong Kong

La excolonia celebrará en septiembre unas cruciales elecciones

Manifestantes antigubernamentales ondean la vieja bandera colonial durante una vigilia en Hong Kong, este viernes.

Manifestantes antigubernamentales ondean la vieja bandera colonial durante una vigilia en Hong Kong, este viernes. / ANTHONY WALLACE (AFP)

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Adrián Foncillas
Adrián Foncillas

Periodista

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Las convulsiones globales del pasado año se han tomado un respiro en este, quizá por hastío o quizá por un virus que desaconseja las multitudes. En Hong Kong, el primer territorio en arder, la diligente labor de contención del Ejecutivo (apenas cuatro muertes) ha mitigado el miedo al coronavirus y, paradójicamente, permitido que las brasas antigubernamentales se avivaran de nuevo.

Los peores disturbios en la excolonia se apagaron con las vacaciones de Año Nuevo y la explosión de la epidemia en el continente. En las últimas semanas ha vuelto la militancia: concentraciones en la hora del almuerzo, ocupaciones de centros comerciales, desalojos policiales, un par de cientos de detenidos en el Día de la Madre... Son minucias comparadas con los cotidianos y salvajes combates del pasado año pero recuerdan que las razones de fondo siguen ahí.

La actividad judicial y las respuestas de Pekín han aumentado los agravios. El jueves cayó sobre un manifestante la primera sentencia de cárcel por disturbios, han sido imputados por asesinato los dos jóvenes que mataron a un anciano de un ladrillazo y el mes pasado fue detenida una quincena de prominentes representantes antigubernamentales por organizar asambleas ilegales. Cualquier detención o condena estimula su desconfianza sobre el estamento judicial. De los 7.613 arrestados en las peores revueltas que se recuerdan, se han presentado cargos contra 1.206 y se han dictado 52 condenas.

Control de Pekín

En el frente político se percibe la necesidad china de controlar a su territorio más díscolo. Pekín ha defenestrado a los responsables de la Oficina de Relación de Hong Kong y enviado desde el continente a Lui Huining y Xia Baolong, ambos en la órbita del presidente Xi Jinping. Los nuevos han aclarado que los diputados podrían ser descalificados por incumplir su juramento de investidura.

"La consigna que envía Pekín es que quiere tomar la iniciativa y es previsible que eso provoque una subida de la tensión, aunque probablemente la pandemia moderará la adscripción. El nombramiento de dos pesos pesados cercanos a Xi, sustituyendo a oficiales del clan del expresidente Jiang Zemin, indica que quiere recuperar el control en un momento en que Estados Unidos intenta influir cada vez más en la política interna china", señala Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China.

El miedo social al coronavirus y la normativa, que prohíbe concentraciones de más de ocho personas, medirán el entusiasmo del movimiento cuando el calendario anual de protestas en Hong Kong entre en su zona caliente. El 1 de julio se cumple el aniversario del retorno de la excolonia a manos de Pekín y el 4 de junio se recuerda la matanza de Tiananmén. Y, ya en septiembre, están programadas las elecciones más esperadas en décadas, en las que los antigubernamentales aspiran a repetir los resultados de las municipales del pasado año. Su victoria sería un tsunami para Pekín.

Referéndum sobre Carrie Lam

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El signo de aquellas estaba cantado desde que fueron presentadas como un referéndum a la jefa del Ejecutivo, Carrie Lam, sobre la que ambos bandos coinciden en su negligencia. En estas, en cambio, dos factores alimentan el optimismo del Gobierno. Por un lado, su eficaz lucha contra la epidemia, que ya en Corea del Sur le concedió al partido en el poder una victoria aplastante. Y, por el otro, los anhelos de un sosiego social que resucite la economía. La guerra comercial, las protestas callejeras y el coronavirus deslizan a la capital financiera hacia la primera recesión en una década.

Sobre Hong Kong se cierne la amenaza de que Washington aproveche la beligerancia con China para retirarle su estatus comercial especial. Esa acción está  prevista en una ley aprobada en noviembre que fue recibida con fervor por el bando antigubernamental a pesar de que supondría el entierro de la excolonia. Ríos es escéptico. "Hundir la economía hongkonesa no conviene a su estrategia de desgaste. Estados Unidos prefiere que el asunto hongkonés siga castigando la imagen internacional de China y dificultar que Xi pueda alardear de un sistema político de excelencia", sostiene.