25 sep 2020

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CRISIS MIGRATORIA

Tensión máxima entre los refugiados de Lesbos: "¡Solo queremos libertad!"

Cerca de 2.000 refugiados se manifiestan para protestar en contra de las pésimas condiciones del campo de Moria

La policía, que no ha permitido que los refugiados llegasen a la capital de la isla, Mitilene, dispersa la marcha con gas lacrimógeno

Adrià Rocha Cutiller

Un grupo de refugiados del campo de Moria se enfrenta a la Policía griega, este lunes.

Un grupo de refugiados del campo de Moria se enfrenta a la Policía griega, este lunes. / ELIAS MARCOU (REUTERS)

Parecía que todo tenía que terminar sin demasiados incidentes. Un grupo de 2.000 refugiados había planeado una marcha desde el campo de Moria -en la isla griega de Lesbos- hacia Mitilene, la capital de la isla, como en muchas otras ocasiones. Y como siempre desde hace dos años la policía iba a pararla.

Los refugiados y la policía se encontrarían en medio de la carretera y, tras algún rifirrafe menor, todo terminaría sin demasiados sobresaltos. Esta vez, sin embargo, no ha sido así, porque Grecia vive un clima de tensión enorme desde que el nuevo Gobierno, de la conservadora Nueva Democracia, aprobó una reforma de la ley migratoria que ha servido para que se rechacen muchas más peticiones de asilo que antes. Atenas ha prometido miles de deportaciones.

Así que la protesta de este lunes, en principio, tenía que ser tranquila. En las primeras filas -frente al escuadrón policial- se colocaron las mujeres; unos metros más allá, al lado, los hombres. "¡Solo queremos libertad! ¡Libertad! ¡No nos deportéis! ¡Somos humanos!", gritaban todos al unísono, intercambiando el inglés y el darí, porque en la manifestación -como en Moria entera- los afganos eran mayoría.

"¿Lo ves? -decía un policía, que comandaba el escuadrón de antidisturbios, cuyos escudos, clavados en el asfalto, cerraban el paso a la gente-. Son unos bárbaros. Ponen a sus bebés delante nuestro para que no carguemos".

Y ha sido entonces, justo en ese momento, tras las palabras del agente, cuando ha llegado una gran ráfaga de gas lacrimógeno: los gritos de los manifestantes han ahogado su estallido, pero, por supuesto, no sus efectos. Todos, tosiendo y llorando y sin poder respirar, han corrido. Las mujeres se han llevado a los bebés. Muchos se han tirado al suelo. Alguno se ha desmayado. Ha sido en este punto cuando la protesta ha dejado de ser pacífica.

Hacinados y abandonados

La isla griega de Lesbos es, con diferencia, la que más refugiados y migrantes recibe de entre todas las islas griegas. En la actualidad, en total, Grecia alberga a algo más de 112.000 refugiados; y 31.000 de ellos están en Lesbos. De donde no pueden moverse, porque según el acuerdo que firmaron la UE y Turquía en el 2015, cuando un refugiado llega a una isla griega tiene que quedarse allí hasta que se le da el estatus de refugiadoPuede tardar meses o años.

Así, cuando alguien llega a Lesbos, las autoridades griegas lo mandan al campo de Moria, un sitio infame con capacidad para acoger a unas 2.800 personas pero en el que hay actualmente casi 20.000. "No tenemos seguridad, ni agua, ni luz, ni comida. Los baños son putrefactos ¿Cuántos más problemas quieres? En vez de haber venido aquí y vivir esto, habría sido mucho mejor haber muerto en manos de los talibanes. Si lo llego a saber me tumbo encima de una bomba antes de venir y acabo con este sufrimiento antes", explica, entre lágrimas, Afia, una refugiada afgana.

La manifestación era exactamente eso: pedirle al Gobierno griego y a la UE que mejore las condiciones en las que se obliga a vivir a la gente que llega a Europa huyendo de la guerra o de la pobreza extrema.

Pero cuando la policía ha cargado, todo ha cambiado: a la primera línea, en vez de las familias, han pasado jóvenes refugiados encapuchados con poco que perder y mucho que quemar. Ha habido varios intercambios: unos lanzaban palos y piedras; los otros -los uniformados-, botes y botes y botes de gas lacrimógeno. "Son unos animales. La policía griega no es persona, es animal", decía un manifestante, unos metros más atrás de los disturbios.

Al final, tras algunas horas y una atmósfera irrespirable por el gas lacrimógeno, la manifestación se ha dispersado y los refugiados han vuelto a Moria. No todos: un pequeño grupo, de unas 100 personas, ha aprovechado el caos y podido llegar a Mitilene. Allí han hecho una pequeña sentada.