29 mar 2020

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NUEVO FRENTE DE GUERRA

La frontera fantasma entre Turquía y Siria

La ofensiva de Erdogan contra las milicias kurdosirias ha causado un éxodo masivo de la población de la zona: cerca de 200.000 personas han tenido que abandonar sus casas

Adrià Rocha Cutiller

Bombardeos sobre la ciudad siria de Ras al-Ein, vista desde la frontera turca. 

Bombardeos sobre la ciudad siria de Ras al-Ein, vista desde la frontera turca.  / EFE EPA / ERDEM SAHIN

El señor Ozer, barba fluvial color nieve y vestido largo, se hace algo de espacio entre la audiencia para poder explicarlo mejor, que si no no queda claro. «Mira, hicieron esto —dice el señor Ozer, que marca una línea imaginaria en el asfalto—. Todo esto de aquí, esta ciudad, era antes Tel Abiad. No había nada que la separase. Pero de golpe, justo en medio, pusieron una frontera. Separaron familias a uno y otro lado».

Tel Abiad —en el lado sirio—, tras el fin del Imperio Otomano, siguió siendo Tel Abiad. Nació, sin embargo, en el lado turco de la nueva frontera, Akçakale, desde donde Turquía, hace una semana, lanzó una ofensiva militar en contra de las milicias kurdosirias de las YPG. Ankara las considera terroristas por sus vínculos con la guerrilla del PKK.

«Tengo parientes en el otro lado, y muchos, cuando empezó la guerra en el 2011, se mudaron hacia aquí. En esa casa de allí, por ejemplo, —dice el señor Ozer y señala al otro lado de la calle—, viven parientes míos que vinieron de Siria. Yo vivo algo más allá, justo al lado del muro de la frontera. Pero yo soy de aquí, esta es mi bandera [la turca]. Si el Estado me llama a luchar contra los del del otro lado, lo haría, aunque sean mis parientes». Lo dice sabiéndolo, por supuesto: nadie llamará al señor Ozer porque es demasiado mayor para ir a la guerra.

Morteros y bombardeos

Akçakale tiene todas las características de una ciudad secundaria turca de provincias: fea, con nada que ver ni hacer, a medio construir y asfaltar, formada por una calle principal con algunas tiendas y, el resto, pura barriada de casas cuyos inquilinos son, la mayoría de las veces, sus propios arquitectos y albañiles.

Al empezar la ofensiva contra Tel Abiad, los bombardeos, aquí, fueron constantes. Dos personas murieron por los morteros lanzados por las YPG contra Akçakale. La artillería turca hizo lo mismo. La ciudad se vació por completo.

Ahora, después de que Turquía conquistase Tel Abiad el lunes pasado, la población de Akçakale vuelve. «Ahora ya está todo un poco mejor, y parece que no hay peligro —dice Ishak, propietario de un pequeño supermercado a escasos metros de la frontera—. Las bombas hirieron a un amigo mío, que vive por aquí cerca. Estuvo en el hospital unos cuantos días. Mandé a mi mujer y a mis hijas hacia allá, porque era más seguro. Pero yo me quedé. Tengo que defender a mi patria».

Negociaciones en Ankara

Un total de 71 civiles, en lo que llevamos de ofensiva, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), han muerto a causa de esta guerra. La mayoría, en el lado sirio (51). Hay más: el conflicto entre las YPG y Turquía ha causado el desplazamiento de casi 200.000 personas.

Este jueves, el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, y su secretario de Estado, Mike Pompeo, viajan a Ankara para reunirse con Erdogan y negociar una salida diplomática a una operación militar, la de Turquía contra las YPG, que precisamente empezó gracias a Donald Trump y sus tuits incendiarios.

Pero Erdogan se niega a parar: «Nuestra propuesta para resolver este problema es que todos los terroristas dejen sus armas y abandonen la zona de seguridad que hemos creado. No hay alto el fuego posible hasta que las YPG abandonen la frontera. Ya se lo dije a Trump: Turquía no negocia con terroristas», ha dicho este miércoles el presidente turco.

La guerra sigue

Tras la conquista de Tel Abiad, y en varias contraofensivas de las YPG, los combates se han desplazado. Ahora se concentran en la región de Manbij donde los rusos toman posesión de las bases abandonadas por los estadounidenses—, y en Ras al Ain, ciudad también situada justo al sur de la frontera entre Turquía y Siria.

Desde la localidad enfrente de Ras al Ain, Ceylanpinar, los combates, disparos, ráfagas, morteros y bombardeos se oyen, incisivos, constantes, permanentes, cada escasos segundos. Ras al Ain, cubierta por columnas de humo, está en llamas. Ceylanpinar, por su parte, como lo fue Akçakale la semana pasada, es una cuidad fantasma. Sus calles han cambiado de propietario: ahora pertenecen a los soldados turcos y sus fusiles de asalto.