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GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO

Caos y barbarie en Siria

Las milicias sirias que luchan con Turquía ejecutan de forma extrajudicial a civiles y combatientes capturados

El conflicto deja ya medio centenar de civiles muertos y más de 210.000 personas forzadas a desplazarse

Adrià Rocha Cutiller

Un hombre sostiene una bandera en la que pide la liberación de Siria mientras las columnas de humo se elevan en las localidades fronterizas bombardeadas este domingo.

Un hombre sostiene una bandera en la que pide la liberación de Siria mientras las columnas de humo se elevan en las localidades fronterizas bombardeadas este domingo. / BULENT KILIC (AFP)

Havrin Khakaf, una política kurdosiria, iba en su coche por una autopista del norte de Siria cuando en medio de la nada, entre las ciudades de Tel Abiad y Ras al Ain, un grupo de hombres con fusiles kalashnikov al hombro le dio el alto. Todo pasó muy rápido: los hombres dispararon contra el coche. El conductor fue capturado.

Ella, junto con otros militantes kurdosirios que habían sido previamente capturados, fue asesinada. Los responsables de la barbarie se grabaron mientras disparaban. "¡Mira! ¡Mira! Grábame a mí mientras le doy con el arma", decían. Y, luego, a otra cosa, como si nada.

Fueron milicianos del Ejército Libre Sirio (ELS) —ahora mutado a Ejército Nacional Sirio—, grupo opositor a Bashar al Asad y que ahora, en esta operación en contra de las milicias kurdosirias de las YPG, está utilizando Turquía en el campo de batalla como fuerza de choque y, también de carne de cañón. Es normal: desde hace años, Ankara protege, alberga en sus territorios, paga los sueldos y compra el armamento de los miembros del ELS.

Con Khakaf y otros más, en los cinco días que llevamos de ofensiva, los civiles muertos ya se apilan: al menos 53. Son 35 en el lado sirio de la frontera, según la Media Luna Roja Kurda (MLRK), y 18 en el lado turco. La mayoría, a causa de bombardeos que tanto uno como otro han lanzado sobre las ciudades al bando rival.

Pero habrá más, porque este domingo por la tarde un bombardeo turco ha alcanzado un convoy en el que había periodistas internacionales. La MLRK ha confirmado a este periódico que han fallecido, en este ataque, 11 personas, de las que aún se desconoce cuántas son civiles y cuántas, militares. Otras 74 están heridas. Por ahora no se saben las identidades porque los cuerpos, dicen, han quedado destrozados.

Avances

Y justo porque las ciudades que son objetivo están pegadas a la frontera, el avance turco está siendo rápido al extremo. Este domingo, tras combates intensos todo el fin de semana, Turquía ha conquistado la localidad de Tel Abiad. Se espera que Ras al Ain caiga dentro de poco. Los estadounidenses, han anunciado, se están retirando de Kobane y Manbij por lo que estas podrían ser las siguientes en la lista. Asad, de hecho, está enviando hacia allá tropas para ver si puede aprovechar el vacío de poder.

En total, según ha confirmado Erdogan este mismo domingo, los soldados turcos controlan ya 50 localidades en el noreste de Siria.

De la zona han tenido que huir ya más de 210.000 personas. Todas, en dirección al sur. Y allí, en la ciudad de Ain Issa —de donde la población también empieza a marcharse desesperada—, este domingo, un grupo de 750 miembros del Estado Islámico, solo mujeres con sus hijos, han aprovechado el caos para escapar de la cárcel en la que estaban encerrados, han dicho las YPG en un comunicado. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, sin embargo, sitúa la cifra de fugados en 100.

“El mundo lo pagará caro”

Una vez se han confirmado los asesinatos de Khakaf y de otros combatientes de las YPG capturados, se consuman las sospechas de crimen de guerra. Portavoces del ELS han asegurado que investigarán y castigarán debidamente a los responsables. Han aprovechado, además, para pedirles a sus soldados que dejen de grabarse en combate.

Mientras, Khabat llora la muerte de la política. "No puede ser. No puede ser que la hayan matado. No… Yo la conocía…", dice por teléfono y entre sollozos esta periodista de Qamishlo. Intenta continuar, pero una mezcla de rabia y dolor se lo impiden: "El mundo pagará por lo que está pasando. Los yihadistas escapan; los islamistas nos masacran. El mundo nos ha abandonado. Hoy pagamos nosotros con nuestra sangre. Pero que lo sepáis: mañana seréis vosotros los que pagaréis. Y el precio será muy alto".