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ELECCIONES EN EL PAÍS NÓRDICO

La socialdemocracia aspira a volver a gobernar en Dinamarca

Tras cuatro años en la oposición, las encuestas dan la victoria al partido de Mette Frederiksen y abren la puerta a un nuevo ejecutivo de izquierdas

Carles Planas Bou

La líder de los socialdemócratas daneses, Mette Frederiksen, el pasado 28 de mayo en un acto de campaña.

La líder de los socialdemócratas daneses, Mette Frederiksen, el pasado 28 de mayo en un acto de campaña. / FABIAN BIMMER (REUTERS)

Todas las encuestas les sonríen. Tras cuatro años en la oposición, este miércoles los socialdemócratas aspiran a ganar las elecciones en Dinamarca con una mayoría suficiente que les permita encabezar el próximo gobierno. Así, los sondeos le dan al partido de Mette Frederiksen un 28% de los votos, una ligera mejora respecto al 2015 que les abriría las puertas del ejecutivo.

Confiados en su victoria, han dejado claro que quieren gobernar en solitario. Más allá de la aritmética, eso podría ser posible gracias a la derechización de los socialdemócratas. En los últimos años el partido ha mimetizado una posición muy restrictiva contra la inmigración que les permite pactar con la extrema derecha en ese aspecto mientras se apoya con los partidos de izquierda para impulsar medidas sociales.

Aunque todo apunta a su salida del Gobierno, los liberal-conservadores (Venstre) del primer ministro, Lars Løkke Rasmussen, resistirían con un 18% de los votos, un punto y medio menos que hace cuatro años. Para evitar ese desgaste el partido saca pecho de su endurecimiento contra los inmigrantes y pide incrementar la inversión pública y realizar un referéndum para decidir si deben participar en la política exterior y de defensa de la Unión Europea.

Ultraderecha fragmentada

Dinamarca es un país especialmente fragmentado. En estas elecciones hasta 13 partidos tienen opciones de obtener representación en el Folketing, el Parlamento danés. El más perjudicado por ello podría ser el ultraderechista Partido Popular Danés (DF). Tras marcar la agenda del Gobierno de Rasmussen desde la oposición, el partido anti-inmigración apunta a tan solo un 12% de los votos, casi nueve puntos menos que en el 2015.

Sin embargo, el populismo nacionalista y racista no desaparece, se transforma. Y en este caso en facciones aún más radicalizadas. Así, las encuestas dan hasta un 4% a dos nuevas formaciones que hacen de la islamofobia su bandera. Por un lado, La Nueva Derecha se ha hecho un sitio pidiendo la deportación de todos los inmigrantes pobres, salir de la UE y de la convención de los refugiados de las Naciones Unidas y suprimir impuestos a las grandes empresas. Por el otro, Línea Dura exige prohibir el islam, deportar a todos los musulmanes y preservar la etnia blanca en Dinamarca. Ambas pueden contribuir a endurecer aún más la política migratoria de Copenhague.

La izquierda gana peso

Aunque hay una importante escalera de matices y diferencias ideológicas, los partidos daneses se dividen entre el bloque rojo y el azul. El primero, supuestamente de izquierdas, lograría una mayoría del 54,5% de los votos. Eso se debería a la mejora de casi todas las formaciones que lo integran. Además de los socialdemócratas, las encuestas dan un fuerte impulso a los socioliberales, que pasarían a tener un 6%, la socialista Alianza Rojo-Verde (8%) y al Partido Popular Socialista (8%). Tan solo el partido ecologista La Alternativa se vería resentido (4%).

Al otro lado el derechista bloque azul captaría un 45,2% de los votos, pero más fraccionado. Además de los ya mencionados, el Partido Popular Conservador crecería a un 6% y los Democristianos regresarían al Parlamento con un 2%. Esa mejora perjudicaría también a la Alianza Liberal, que se hundiría hasta el 3% tras unirse, a finales del 2016, a un Ejecutivo junto a conservadores y extrema derecha y fracasar en su intento de bajar impuestos. El revés al Ejecutivo se espera que sea especialmente agudo para sus socios minoritarios.

Temas: Dinamarca