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Comienza la retirada de combustible de los reactores dañados de Fukushima

La operación se inicia con cinco años de retrasos ya que los anteriores dispositivos quedaban 'fritos' por la radioactividad de la central

Adrián Foncillas / Pekín

Limpieza de residuos en Fukushima.

Limpieza de residuos en Fukushima. / KYODO

Los robots han empezado a retirar el combustible nuclear de los reactores dañados de Fukushima. Supone un mojón en el delicado proceso de desmantelamiento de la central que se alargará durante décadas. La operación ha empezado con casi cinco años de retraso porque los robots enviados a las entrañas de Fukushima quedaban fritos de inmediato por la radioactividad.

Antes ya habían sido retiradas las barras de combustible del reactor número 4, pero este se encontraba detenido cuando un tsunami barrió la central en marzo de 2011 y no entró en fusión parcial. La complejidad en los tres reactores accidentados es mucho más extrema. Está previsto que los robots retiren hoy las primeras siete del total de 566 barras de dióxido de uranio y MOX (una mezcla de óxido de plutonio y uranio) acumuladas en el reactor número tres. Serán necesarios dos años para vaciarlo antes de dirigirse hacia los otros dos reactores donde esperan un millar de barras. Los tres quedaron arruinados sin remedio cuando el tsunami cortó el suministro de electricidad que los mantenía refrigerados y las autoridades hubieron de inundarlos con agua marina.

Piscina de refrigeración

Las barras permanecen en la piscina de refrigeración que está situada a varios metros de altitud. Los técnicos de TEPCO, la compañía que gestiona la infausta central, controlan los robots desde un cuarto a medio kilómetro del reactor. Desde ahí mueven una grúa colocada bajo la bóveda del reactor con la que extraen las barras y las colocan en un tonel de alta seguridad. El proceso se ejecuta bajo el agua para evitar filtraciones.

La operación se ha visto salpicada de contratiempos. Fueron necesarios seis años para que los expertos pudieran saber a lo que se enfrentaban cuando al fin un robot sobrevivió lo suficiente para enviar imágenes al exterior. TEPCO había enviado meses atrás otro esperando una radioactividad de 100 milisieverts, suficientes para matar a un hombre en segundos, pero su cableado se fundió tras encontrarse niveles superiores a los mil milisieverts.

Altamente tóxicos

Tras la retirada de las barras llegará la fase que más temen los expertos. Consistirá en la limpieza de los restos de combustible nuclear derretido en la selva metálica de las ruinas. Son desperdicios altamente tóxicos para los que no existe aún una estrategia definida. Aquellas imágenes mostraron grandes depósitos de combustible fundido y solidificado, escombros herrumbrosos y amasijos de materiales.

Tokyo y TEPCO planean desmantelar la central en 40 años. Primero se eliminará el combustible usado de las piscinas de enfriamiento de los reactores, en la siguiente década se retirará el material fundido del interior de los reactores y en las próximas se limpiará la radiactividad en las cercanías de la planta y de las poblaciones en la zona de exclusión y se tratarán los desechos radiactivos. Pero la concatenación de reveses apuntala la tesis de las organizaciones ecologistas, que juzgaron el plan oficial de demasiado optimista. El Gobierno admitió dos años atrás que la factura prevista de Fukushima casi se había doblado y alcanzaba ya los 20 billones de yenes o 166,5 mil millones de euros.

El primer ministro, Shinzo Abe, visitó el domingo la central para subrayar el compromiso del Ejecutivo en la solución del problema cuando apenas falta un año para los Juegos Olímpicos de Tokyo. También para superar la crisis generada por el ex ministro Yoshitaka Sakurada, cesado tras sugerir que la carrera de cualquier político local era más relevante que arreglar Fukushima. Abe paseó por las instalaciones con chaqueta y no con el traje de protección integral de otras veces para dar a entender los progresos en la gestión de la crisis.

Temas: Fukushima