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carrera al parlamento europeo

Vox confía en Bannon para entrar en el Parlamento Europeo

El partido de extrema derecha español aspira a llegar a la Eurocámara con la estrategia de redes sociales del exjefe de campaña de Trump

La formación ultra fue financiada en las europeas del 2014 por un grupo disidente de Irán que llegó a estar en la lista de organizaciones terroristas

Luís Rendueles

El secretario general de Vox,  Javier Ortega Smith.

El secretario general de Vox,  Javier Ortega Smith. / EFE / OLIVIER HOSLET

Vox entrará en el Parlamento Europeo tras las elecciones de mayo. Lo dicen todas las encuestas. Lo que no se sabe es si se integrará en el grupo de Marine Le Pen y otros ultras o en el de los Conservadores y Reformistas, donde están los líderes de Polonia. Rafael Bardají, dirigente de Vox y antes asesor de Aznar en el ministerio de Defensa en los años de la guerra de Irak, lo explica: “las encuestas son como el público de los libros de Tintín, nos dan de 9 a 99 diputados, así que lo mejor es esperar a los resultados. Entonces, veremos”.

La semana pasada, un diputado polaco abrió las puertas de la Eurocámara a la formación ultraderechista española. El número dos de Vox, Javier Ortega-Smith, fue presentado allí por Kosma Zlotowski, del partido Ley y Justicia, un viejo conocido al que Santiago Abascal había enseñado tiempo atrás la valla que separa Melilla de Marruecos. Iván Espinosa de los Monteros, fundador de Vox y actual vicesecretario de Relaciones Internacionales, afirma que “tenemos menos en común” con el grupo de Marine Le Pen que con grupos políticos conservadores y ultracatólicos de los antiguos países comunistas como Hungría, Bulgaria, Chequia…

Espinosa de los Monteros acaba de regresar de una gira por Estados Unidos donde se ha reunido con emigrantes españoles y también opositores cubanos y venezolanos. El dirigente de Vox no quiere detallar con qué miembros de la Casa Blanca se reunió esta vez. EL PERIÓDICO ya publicó que otro líder del partido, Rafael Bardají, había mantenido encuentros con el actual Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump, John Bolton, y con el propio yerno y asesor del presidente, Jared Kushner. Los amigos de Vox por el mundo han aumentado exponencialmente tras su éxito en las elecciones andaluzas. Antes de todo eso, el partido español de extrema derecha era percibido como algo “marginal, cuando no un grupo de frikis”, comenta sin nostalgia un veterano dirigente.

Años de escasez

Vox se registró como partido político el 17 de diciembre de 2013. Su primer líder fue el exdirigente del PP catalán Alejo Vidal Quadras. Fueron años de escasez, los tiempos en los que Mario Conde iba a cerrar su última aventura política. Espinosa de los Monteros lo recuerda así. “Vino gente de su junta directiva y nos ofrecieron entrar con 3.000 afiliados, les dijimos que así no se hacían las cosas. Que cerraran el partido y luego si querían, vinieran de uno en uno. Mario se enfadó y nos dijo que le estábamos robando el partido. Al final vinieron algunos de ellos, que resultaron ser los más problemáticos”. Espinosa desmiente que Conde inyectara dinero en Vox.

Aquella escasez solo fue aliviada por el dinero iraní, procedente de un grupo considerado terrorista en su día, el Consejo Nacional de Resistencia Iraní, que financió el 80% de su campaña electoral al Parlamento Europeo en 2014, con algo más de 800.000 euros. Pese al dinero iraní, Vox no entró en Bruselas.

El dinero iraní dejó de entrar y Santiago Abascal tomó el timón de Vox. Aquellos años fueron de “travesía del desierto”, recuerda Espinosa de los Monteros. Ni los votantes ni los medios de comunicación tradicionales hacían caso a Vox. Ese mismo año, tras dejar la Fundación FAES, se incorporó al partido Rafael Bardají. Un antiguo dirigente recuerda que con él llegaron a la sede de Vox “dos norteamericanos que se presentaron como expertos en redes sociales. Estuvieron un mes y medio dando pautas para jugar y explotar las redes”. Bardají confirma aquel master para Vox y recuerda que los expertos que él introdujo allí trabajaban para una consultora que “acababa de ayudar a Benjamin Netanyahu a ganar las elecciones en Israel utilizando las redes sociales”.

Las redes sociales son el aparato circulatorio de Vox, su latido y su alimento. Manuel Mariscal, un antiguo becario del PP de Esperanza Aguirre, fue el encargado de darles vida. Hoy es vicesecretario de Comunicación del partido. En Instagram, la formación de ultraderecha tiene 211.000 seguidores, más del doble que Podemos y cuatro veces el PP o Esquerra Republicana de Catalunya. Seis  mil de los seguidores de Vox son menores de edad, según los datos obtenidos por EL PERIÓDICO, y otros casi 60.000 más son jóvenes de entre 18 y 25 años. El vídeo de Santiago Abascal a caballo para las elecciones andaluzas tuvo casi un millón de visitas.

Estrategia de partido

Steve Bannon, el gurú de la campaña electoral de Donald Trump en redes sociales, es amigo personal de Bardají y se ha ofrecido a visitar España y participar en la campaña electoral de Vox para las europeas. Siguiendo su estela, la formación ultra española desprecia la prensa y los medios de comunicación tradicionales, a los que llama “progres” y prefiere los whatsapp. “Por cada editorial acusando a Vox de fomentar las agresiones a mujeres, vuelan 1.000 whatsapps contando como la realidad mundana de la ideología de género afecta a su hija, a la que quieren adoctrinar en el colegio, o a un hermano con una acusación falsa en medio de una separación matrimonial”, escribía en Twitter Espinosa de los Monteros resumiendo la estrategia del partido.

Desde Vox, Manuel Mariscal no quiere decir a cuánta gente llegan a través de sus mensajes como este, emitidos por grupos de WhatsApp. “Es confidencial, pero es que a veces ni nosotros mismos lo sabemos”. Miles, decenas de miles de personas de los nichos o bolsas de votantes supuestamente olvidados por los otros partidos y a los que ellos se dirigen siguiendo las teorías de Karl Rove, el gurú neoconservador, o Steve Bannon. En Andalucía fueron los cazadores, los taurinos, los amantes más o menos devotos de la Semana Santa. Ahora han añadido un grupo nuevo: maridos enfadados con sus procesos de divorcio.