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CRISIS EN VENEZUELA

Doscientas veces Caracas

Barcelona se suma a una iniciativa en ciudades de todo el mundo para denunciar la situación que vive la población venezolana

Más de 5.000 manifestantes reclaman a la comunidad internacional que aisle a Maduro y respalde una "transición democática"

Víctor Vargas Llamas

Más de 5.000 personas han asistido a la marcha en Barcelona para denunciar la situación de Venezuela. / ÁNGEL GARCÍA

Más de 5.000 personas han asistido a la marcha en Barcelona para denunciar la situación de Venezuela.
Un hombre enarbola la bandera venezolana al paso de la marcha por la plaza de Catalunya. 
La plaza de Sant Jaume ha acogido el final del acto para pedir el aislamiento internacional de Nicolás Maduro.

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Israel Reyes se baja de su bici nada más salir de la plaza de Universitat. Este reparto a domicilio no corre prisa ni tampoco su cesta va atiborrada de bocatas, pizzas y medicamentos de urgencia. En esta ocasión, la mercancia es tan liviana como cargada de simbolismo. Apenas cinco palabras concentradas en un mensaje que, entonado en su voz, suena a auténtica emergencia: "No dejen sola a Venezuela". A buen seguro que suscribirían sus palabras los más de 5.000 asistentes a la marcha que, según la Guardia Urbana --casi 10.000, según los organizadores--, han protagonizado la movilización más multitudinaria que acoge la ciudad por esta causa. Por un día, Caracas ha cedido la exclusiva de la capitalidad venezolana. Durante unas horas, a miles de kilómetros de distancia, la capital catalana y más de 200 ciudades de todo el mundo han querido ser Venezuela para denunciar la cruda realidad que se vive en el país sudamericano.

Melbourne, Toronto, Hong Kong, Bogotá, Berlín y Madrid, entre otras, se han sumado a la Ruta por la libertad para reclamar a las autoridades de todo el mundo que releguen a Nicolás Maduro y oficialicen a la Asamblea Nacional de Venezuela como el único interlocutor válido del país. Una hoja de ruta que se completa con el establecimiento de un Ejecutivo de transición democrática y la convocatoria de una elecciones "libres y transparentes", según describen los organizadores del acto en la capital catalana.   

La necesidad de invertir la dinámica se revela especialmente acuciante si se escucha a quienes han sufrido en primera persona la decadencia del país en los últimos tiempos. "Lo que era una crisis política, ecomómica y social, se ha tornado en una crisis humanitaria en los últimos 3-4 años", revela Arturo Rodríguez. Él está de visita para ver a sus hijos, afincados en Barcelona desde hace 6 años que han culminado con un bebé, sendas carreras y flamantes trabajos que colman de ilusión a Arturo.

Una ilusión que cuesta detectar entre las palabras de su nuera, Mónica Rojas, al plantearle un retorno a corto plazo a su país. "La crisis económica no será problema, se solucionará en cuanto los gobernantes actuales salgan del poder, pero no así el terrible problema de trasfondo que se ha instalado allí, donde hay una generación perdida, devastada por la desnutrición, afectada por la violencia y por el adoctrinamiento del régimen que deriva en una pésima educación", se lamenta.

Vuelco

Más optimistas se muestran la mayoría de asistentes. Al menos en lo que se refiere a que, esta vez sí, la ofensiva para derrumbar la figura de Maduro "llegue a buen puerto", como expone Gustavo Vitriago entre proclamas de la multitud: "Y va a a caer, y va a caer, el Gobierno ya cayó".  Para que eso ocurra, los organizadores consideran fundamental uel apoyo de las Fuerzas Armadas, a las que han pedido que "se pongan del lado del pueblo" y engrosen el respaldo a la voluntad de dar ese vuelco político que ya cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de agentes sociales, políticos y económicos del país. Eso sí, Mariella Díaz Blanchard, portavoz en Catalunya del partido opositor Voluntad Popular, se apresura a dejar claro que "no se trata de incitar a un golpe de Estado", sino de completar la ecuación para desalojar a Maduro del poder y poner fin al "drama" bolivariano.

"En nuestro país, la población está cada vez más desanimada y golpeada. Pasan horas en colas para tener algo para comer y, a veces, ni alcanza para toda la familia. También puedes empezar la cola con el producto a un precio y que se haya encarecido al llegar al mostrador, tal es el nivel de inestabilidad", revela Mariella Díaz Blanchard. Los venezolanos viven en vilo, "sufriendo por cómo se las apañarán para subsistir" al día siguiente, su gran prioridad. De ahí que para la política sea tan importante la voz de "la diáspora venezolana en todo el mundo", en aras de mantener el vigor de la resistencia contra Maduro y para que la comunidad internacional no deje de posar sus ojos sobre el "desastre venezolano".