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SIGLO Y MEDIO DE DISCRIMINACIÓN

Las leyes de la India entran en el siglo XXI

El Supremo tumba la norma que reducía a la mujer a propiedad del hombre y discriminaba al colectivo gay

La gran actividad judicial compensa la apatía política, donde prima el temor a perder votos en aspectos controvertidos

Adrián Foncillas

Miembros del colectivo LGBTI celebran el veredicto del Supremo indio que tumbaba la norma discriminatoria para las personas gais. 

Miembros del colectivo LGBTI celebran el veredicto del Supremo indio que tumbaba la norma discriminatoria para las personas gais.  / FRANCIS MASCARENHAS (REUTERS)

Las noticias judiciales de septiembre sugieren que la India avanzó más en la defensa de mujeres, homosexuales y minorías en un solo mes que en los últimos siglos. El ubicuo "histórico" de los titulares no era hiperbólico. Será necesario esperar para medir cómo modifica sus usos una sociedad conservadora y compleja pero la mayor democracia del mundo ya puede felicitarse por unas leyes del siglo XXI.

El Tribunal Supremo tumbó la infausta sección 377 que durante más de siglo y medio había martirizado a gais lesbianas. Sacó la homosexualidad del Código Penal y dictó que cualquier discriminación atentaba contra los derechos fundamentales. La comunidad LGTBI había peleado durante décadas contra esa ley que contemplaba diez años de prisión. La India la conservaba desde aquellos tiempos en que Gran Bretaña imponía su rigurosa moral victoriana a sus colonias.

También de entonces databa la ley contra el adulterio que incluía penas de cárcel de hasta cinco años y sublimaba el sinsentido. Por un lado, solo preveía castigos para los adúlteros y dispensaba a las adúlteras. Y por otro, permitía a los hombres denunciar a los que se acostaban con su esposa pero no a las mujeres presentar cargos contra sus maridos desleales. La sentencia calificó aquella ley de inconstitucional por reducir a la mujer a una propiedad del hombre, conservó la infidelidad como motivo de divorcio y eliminó el castigo penal por socavar la igualdad de géneros.

Y días después obligó al célebre templo hinduista de Sabarimala, con 50 millones de visitantes anuales, a abrir las puertas a las mujeres de entre 10 y 50 años. La menstruación es vista como impura en India y no es raro que durante esos días se las prohíba cocinar o compartir mesa. La sentencia comparaba esa discriminación con la que sufren los intocables del derogado (pero vigente) sistema de castas. "La religión no puede justificar que se prohíba el derecho al rezo de las mujeres", aclaraba.

Apatía parlamentaria

La febril actividad judicial compensa la apatía parlamentaria. Los tribunales deciden no solo sobre asuntos de discriminación de género o tendencia sexual sino de medio ambiente y recogida de basuras. En India no se judicializa la política sino la vida diaria. "El Tribunal Supremo es aún funcional e independiente y afortunadamente ha podido encargarse de funciones del Estado porque los ciudadanos tienen derecho a presentar sus demandas de interés público ante los tribunales", señala Deepa Narayan, autora de 15 libros y especializada en la mujer en la India.

Inauguración de la estatua en honor de Sardar Patel, uno de los héroes de la India, en Gujarat. / Amit dave (REUTERS)

A los políticos les desvelan los votos y rehúyen las cuestiones divisorias. Ha sido estruendoso el silencio del (casi) siempre locuaz primer ministro, Narendra Modi. Solo se ha escuchado a los elementos más reaccionarios de Bharatiya Janata, el partido conservador que lidera. Un miembro alertó de que la legalización de la homosexualidad supone un peligro para la seguridad nacional y otro vaticinaba que los vínculos del matrimonio se debilitarán si no se encarcela a los adúlteros. Los hinduistas, cristianos y musulmanes más extremistas han dicho cosas peores.

Abusos

Ese ruido confirma un paisaje fracturado, con las previsibles brechas entre jóvenes y ancianos o zonas urbanas y rurales. Las leyes jurásicas que atentaban contra los principios de igualdad que informan el derecho comparado no se habrían mantenido sin un apoyo considerable. Narayan calcula que la mayoría de la sociedad se ha visto aliviada por librarse de aquel yugo británico pero subraya la polarización social. "En el caso del templo de Sabarimala muchas mujeres siguen defendiendo con devoción el régimen patriarcal de igual forma que la mayoría de mujeres blancas estadounidenses apoyan al presidente Trump a pesar de sus vulgares opiniones sobre las mujeres". La sentencia no ha podido ejecutarse aún a pesar del centenar de policías destinado al templo. La turbamulta registra los coches en busca de mujeres y apedrea a las que intentan acercarse a pie. Entre los agresores, mayoría de mujeres.

El tsunami judicial de septiembre proporciona el sustento legal a mujeres, comunidad LGBT y minorías y deriva su protección a los tribunales. También fija las fronteras de la tradición y la religión y estimula un productivo debate sobre el género y la sexualidad. Pero el fin efectivo de la intimidación, violencia y discriminación requerirá de reformas estructurales, juzga Savina Balasubramanian, profesora del Departamento de Sociología de la Universidad de Loyola (Chicago). "Eso incluye cambios culturales y procedimentales en la aplicación de la ley, mejoras en la capacidad de respuesta del sistema judicial y la aprobación y cumplimiento de leyes contra la discriminación en el ámbito laboral", añade. Los estudios confirman que la mujer continúa sufriendo abusos físicos, emocionales y económicos tanto en los hogares maritales como familiares.

El hombre que decidía por 814 millones de personas

Es paradójico que las cuestiones que ordenarán la vida de la mayor democracia del mundo (814 millones de electores en 2014) hayan recaído en una sola persona. Es Dipak Misra, miembro del Tribunal Supremo desde el 2011 y su presidente en los últimos 13 meses. Misra adoptó la modernización legal del país como reto vital y no ahorró esfuerzos. Es un controvertido quijote. Unos le señalan como el gran impulsor de los derechos de mujeres y minorías; otros, como un capataz que hizo del mayor órgano judicial del país su cortijo. A ninguno le falta razón.

Misra estiró sus atribuciones para repartir arbitrariamente los casos más mediáticos y priorizar su resolución en un sistema conocido por sus retrasos: los 25 jueces del Supremo escuchan 9.000 casos anuales y sentencian apenas un millar. El caos en el que sumió a la Corte Suprema explica que cuatro de sus colegas denunciaran sus excesos en una rueda de prensa a principios de año y el Parlamento planteara el primer impeachment sobre un presidente del Tribunal Supremo. El veredicto sobre su figura depende de la vieja cuestión del fin y los medios. 

Misra se jubiló el 1 de octubre con un emocionante discurso en el que aventuró que el Supremo seguiría siendo "supremo" y anheló que siguiera siendo "humano" en la gestión de cuestiones sensibles. Le relevó el juez Ranjan Gogoi, uno de aquellos cuatro detractores.