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La oposición turca se une para desbancar del poder a Erdogan

Los sondeos para las elecciones del próximo domingo dan la victoria a la coliación opositora en el Parlamento y auguran una carrera presidencial muy ajustada

Adrià Rocha Cutiller

Vallas electorales con la fotografía del presidente Erdogna en Estambul.

Vallas electorales con la fotografía del presidente Erdogna en Estambul. / REUTERS / GORAN TOMASEVIC

Cuando el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, convocó elecciones anticipadas hace un mes, se esperaba un paseo tranquilo y la continuación de su mandato presidencial, esta vez con más poderes que nunca. La oposición, eternamente dividida y desorganizada, no tendría nada que hacer, pensaba. Sería una victoria fácil.

Sus cálculos, a una semana de la celebración de las elecciones presidenciales y legislativas, parecen haber fallado. Tres partidos de la oposición —socialdemócrata y secular (CHP), ultranacionalista y conservador (IYI Parti) y islamista (SP)— se han unido en coalición con el único objetivo de destronar a Erdogan. Hace unos meses, nadie pensaba que pudiesen hacerlo. Ahora, sus posibilidades parecen reales.

El 24 de junio, Turquía celebrará elecciones parlamentarias y presidenciales simultáneas. Erdogan sigue siendo, de largo, el candidato favorito para seguir siendo presidente, pero el Parlamento, según las encuestas, puede cambiar de color. El AKP de Erdogan va camino de perderlo. «La oposición tiene una enorme posibilidad de conseguir la mayoría parlamentaria, lo que dificultaría mucho una hipotética presidencia de Erdogan», explica la analista Ilke Toygür, miembro del Real Instituto Elcano, un think tank radicado en Madrid.

Los sondeos le dan, a la coalición del presidente turco, cerca de un 46% de los votos. A la opositora, el 40%, al que se deberá sumar el resultado del partido liberal prokurdo HDP. Las encuestas le dan, a esta formación, el 12%. Este partido ya ha dicho que jamás apoyará a la coalición de Erdogan: su presidenciable, de hecho, lleva un año y medio en la cárcelEs acusado por el Gobierno turco de terrorista y aliado del PKK.

En las presidenciales, Erdogan va en cabeza. Entre los sectores conservadores y nacionalistas turcos, sigue siendo muy popular. Pero las tornas pueden cambiar. El candidato presidencial del partido socialdemócrata turco, CHP, va lanzado y, cada semana que pasa, cosecha más seguidores. Los votantes de Muharrem Ince están entusiasmados. «Ganaremos seguro. Ince es el mejor candidato que hemos tenido nunca. Las elecciones no son justas, pero ganaremos», dice Zübeyde, que se declara una auténtica fan incondicional de Ince.

«Juego injusto»

Salvo muy pocas excepciones, los medios de comunicación turcos están bajo control absoluto del Gobierno. Durante la campaña en televisión, Erdogan y su coalición han acaparado casi todos los minutos. Los opositores aparecen en muy pocas ocasiones. Los prokurdos del HDP, ninguna. «El juego electoral turco es injusto, pero hay unas reglas marcadas y el partido se juega dentro de ellasTurquía no es Rusia o Egipto. De perder, Erdogan aceptaría la derrota», explica Toygür.

Si no consiguiese el 50% de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Erdogan tendría que enfrentarse a otro candidato en una segunda vuelta, que se celebraría dos semanas después; el 8 de julio. Los sondeos le dan al presidente cerca del 48% y a su principal rival, Ince, el 29%. «De ganar la mayoría en el Parlamento, como parece posible, Ince irá muy motivado a la segunda vuelta de las presidenciales. Hay posibilidades de cambio», dice la analista.

Estas elecciones son cruciales para Turquía. Muchos opositores las ven como la última oportunidad para derrocar a Erdogan. El presidente turco, en cambio, las encara como la entrada definitiva al sistema presidencialista aprobado en referéndum el año pasado. Si gana, será el presidente con más poder y que más ha durado en el cargo desde Mustafá Kemal Atatürk, el fundador del país y un semidiós en Turquía.

Nuevas elecciones

La importancia de las elecciones es tan grande que todo el país está volcado en ellas. Las ciudades turcas están empapeladas con banderas y pósters, y furgonetas de los partidos cargadas con megáfonos martirizan a la población con canciones cuya letra consiste solamente en el nombre de su candidato, repetido en un bucle que se hace infinito. «Llevo semanas enganchada todo el día a la televisión, siguiendo los mitines —dice Elif, una joven turca—. Es la primera vez en mi vida que estoy ilusionada por la política. Parece que podremos ganarle a Erdogan».

Miembros del AKP de Erdogan ya han dicho que, de perder el Parlamento, estudiarán convocar elecciones de nuevo. «El mensaje que darían no les beneficiaría nada —dice la analista Toygür—. Repetirlas dañaría mucho el discurso democrático del Gobierno. La sociedad turca es dinámica y moderna; no aceptaría este tipo de cosas».

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