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TENSIÓN ENTRE POTENCIAS

Guerra dialéctica entre EEUU y Canadá tras el G-7

La Casa Blanca acusa a Trudeau de "apuñalar por la espalda" a Trump y dice que ha cometido un error histórico

Ricardo Mir de Francia

Merkel y Macron tratan de convencer a Trump, en Canadá.

Merkel y Macron tratan de convencer a Trump, en Canadá. / JESCO DENZEL

La complicada cumbre del G-7 en Canadá había logrado lo más difícil, consensuar un comunicado que incluyera la firma de Estados Unidos pese a las numerosas discrepancias que mantiene con sus aliados. Pero el laborioso compromiso acabó saltando por los aires después de que Donald Trump siguiera aparentemente desde el 'Air Force One' la rueda de prensa del anfitrión, Justin Trudeau. El líder estadounidense entró en cólera y acabó dinamitando la respetuosa cordialidad que había presidido la cumbre. Trump retiró la firma del documento, acusó al primer ministro canadiense de ser “deshonesto y débil” y amenazó con nuevos aranceles. Lejos de quedar ahí la embestida, su Administración ha redoblado los ataques, lo que ha provocado la respuesta canadiense y europea.

Trump está pulverizando a la velocidad de la luz los lazos que le unen a sus principales aliados. Y lo está haciendo con un lenguaje que suele reservarse para los enemigos. “Hay un lugar especial en el infierno para los líderes extranjeros que actúan de mala fe en sus gestiones diplomáticas con Trump y luego tratan de apuñalarle por la espalda cuando abandona la habitación”, dijo Peter Navarro, asesor comercial de la Casa Blanca y uno de los más fieros guardianes de los instintos populistas del presidente. “Este ha sido uno de los peores errores de cálculo político de un líder canadiense en la historia moderna”.

Documento al uso

Navarro describió el comunicado pactado inicialmente por las siete potencias como un “comunicado socialista”, a pesar de que es el típico documento al uso de esta clase de reuniones. Una suerte de declaración de intenciones para fomentar el empleo, la igualdad de género, la paz en el mundo, la sostenibilidad del planeta o un crecimiento económico “que beneficie a todos”. También ha disparado el asesor económico, Larry Kudlow. “Básicamente nos apuñaló por la espalda”, dijo refiriéndose a Trudeau. “Trump no va a permitir ningún signo de debilidad mientras viaja para negociar con Corea del Norte”.

La durísima respuesta estadounidense es el reflejo de la susceptibilidad de una Administración que tolera mal la discrepancia y espera la absoluta deferencia del resto de dirigentes mundiales hacia su líder supremo. Porque Trudeau no dijo nada que no hubiera dicho antes. Condenó las políticas proteccionistas de Trump, describió sus aranceles como perniciosos e "ilegales" y prometió una respuesta por parte de Canadá y la Unión Europea. “Los canadienses somos educados y razonables, pero no permitiremos que nos zarandeen”.

Trudeau no está solo en su desafío. También los europeos han condenado la actitud de Washington. “Tenemos que ser serios y estar a la altura de nuestros pueblos. Cuando nos comprometemos a algo lo cumplimos”, ha dicho el francés Emmanuel Macron, antes de añadir que la diplomacia no puede estar dictada por “arrebatos de ira”.

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